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	<title>Pensamientos Despeinados</title>
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	<description>Si el lenguaje es la casa del ser, el viento se ha llevado el tejado y las palabras parecen niñas perdidas bajo la lluvia</description>
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		<title>The end</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2012 18:45:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Pensamientos Despeinados comenzó hace una eternidad, concretamente el 1 de mayo de 2004, robando el título del libro homónimo de Stanislaw Lem, que por entonces no había leído y que, siendo sinceros, todavía sigo sin haber leído. No sabía de qué iba a escribir. No había ningún plan. Nada preestablecido, ninguna luz que encaminara mis pasos hacia algún lugar. Así, al azar de mis circunstancias, una caótica yuxtaposición de anécdotas triviales, lirismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Pensamientos Despeinados</em> comenzó hace una eternidad, concretamente el 1 de mayo de 2004, robando el título del libro homónimo de Stanislaw Lem, que por entonces no había leído y que, siendo sinceros, todavía sigo sin haber leído. No sabía de qué iba a escribir. No había ningún plan. Nada preestablecido, ninguna luz que encaminara mis pasos hacia algún lugar. Así, al azar de mis circunstancias, una caótica yuxtaposición de anécdotas triviales, lirismo exacerbado, delirios pseudofilosóficos, ejercicios narcisistas que evidenciaban el desarrollo casi cancerosos del ego del autor, diálogos absurdos y citas de autores predilectos se sucedían, sin orden ni concierto, configurando este espacio que hoy concluye su andadura.</p>
<p>Han sido ocho años.</p>
<p>Descubrí que me gustaba mucho escribir aquí, y que me gustaba mucho que a algunas personas les gustase. Escribir comporta una curiosa mezcla de diversión y frustración. Nunca acabas de decir lo que realmente quieres decir de la forma en que te gustaría hacerlo, y lo que realmente quieres decir es algo cuya búsqueda solo puede ser llevada a cabo mediante la escritura misma. Se trata de una tarea inacabable, de una apuesta que de antemano se sabe a sí misma condenada al fracaso, a fracasar necesariamente. Pero, a pesar de todo, es divertido. Descubres cosas, aunque a veces no puedas transmitir esas cosas sino de forma oblicua, sin la intensidad que debiera animarlas y con la que sueñas.</p>
<p>Me gustaría escribir de forma más disciplinada, exigiéndome más. Mi natural tendencia a la pereza me lo suele impedir. Me dejo llevar. Voy a intentar solucionar esto. Creo. Espero. Deseo.</p>
<p>Parte de la frustración consiste en que escribes para que a los demás les guste lo que escribes y esto genera cierta presión por estar a la altura e incluso por superar esa altura y escribir cada vez mejor. Hoy, por ejemplo, no me siento especialmente brillante y, mientras escribo, me digo que este es el último post y que debería ser mucho mejor de lo que es.</p>
<p>El deprimente destino del escritor al que se refería Bernhard.</p>
<p>En cualquier caso, tampoco es tan dramático. No existe la forma de escribir perfecta. Lo máximo que uno puede hacer es esforzarse por alcanzar su propia e intransferible voz, la potencia que le pertenece. Nadie dijo nunca, que yo sepa, que escribir fuese fácil.</p>
<p>Me tienta elaborar una lista de Grandes Éxitos, a modo de recopilatorio y conclusión, pero creo que nada comienza ni concluye nunca, que estamos, siempre, en medio de las cosas. Así que no habrá recopilatorio.</p>
<p>Realmente no tengo ni idea de cómo acabar este post. Me encomiendo al azar. Me encomiendo al viento.</p>
<p>He escrito mucho sobre muñecos de nieve y espantapájaros y tejados y noches azules y estrellas y precipicios y cervezas y caminos y soñadores tristes y manos frías y atardeceres de jugo de luz desmayada y calles de invierno mojadas por la lluvia y sonrisas sin gato y Alicia y Nunca Jamás y largas caídas y el mar, <em>qué lejos sigue el mar de nosotros, qué lejos el ser</em>.</p>
<p>Mucho. Tal vez demasiado. Disculpen que me repita. Las obsesiones es lo que tienen, que son recurrentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>En cualquier caso, hubo siempre un viento feroz acechando,</em></p>
<p><em>un viento azul que atravesaba la lluvia </em></p>
<p><em>con los ojos más grandes y más tristes del mundo, </em></p>
<p><em>un viento azul pájaro rebelde o temerario </em></p>
<p><em>que me invitaba a subir en sus alas invisibles </em></p>
<p><em>para intentar lo imposible o destruirnos.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>FIN. Godot no llega. Aquí bailaremos sobre la derrota igualmente, las noches estrelladas.</p>
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		<title>El reino de los reyes sin reino</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2012 17:11:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Y seré como un rey que se olvida de reinar y aún así sigue siendo rey Nacho Vegas]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Y seré como un rey que se olvida de reinar</p>
<p>y aún así sigue siendo rey</p></blockquote>
<p>Nacho Vegas</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El lugar del arte</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2012 16:58:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[El arte es un ejercicio de traslación, de traducción; siempre versión, nunca original, enseña a los hombres de un lugar su falta de originalidad y, además, tiene una función primaria: les permite no ser originales, tomar distancias con respecto a su lugar. Del campo de concentración de Westerbork, en Holanda, salieron, durante la Segunda Guerra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>El arte es un ejercicio de traslación, de traducción; siempre versión, nunca original, enseña a los hombres de un lugar su falta de originalidad y, además, tiene una función primaria: les permite no ser originales, tomar distancias con respecto a su lugar. Del campo de concentración de Westerbork, en Holanda, salieron, durante la Segunda Guerra Mundial, 93 trenes, cada uno de ellos con unos mil deportados, trenes que hacían el trayecto hasta Auschwitz en cuatro días y tardaban otros cuatro en regresar para recoger una nueva carga. Al cabo de unos cuantos viajes, un ayudante de la enfermería del campo holandés se dio cuenta de que siempre eran los mismos trenes los que hacían el transporte. A partir de ese momento, los deportados dejaron mensajes ocultos en los vagones, mensajes que volvían en los trenes vacíos y que avisaban a sus sucesores de que debían llevar víveres, agua y todo lo necesario para sobrevivir. Pero no quedaron supervivientes de los primeros viajes, de aquellos en que los deportados no estaban sobre aviso y habían partido a ciegas, en la creencia infundada de que los verdugos les proveerían automáticamente de lo preciso para subvenir a las necesidades más elementales de un viaje de cuatro días. Ellos no pudieron siquiera dejar una nota. Las obras de arte se parecen a esas notas: están siempre en lugares de tránsito, frecuentados por viajeros que, como los deportados de esta historia, no son ya de ningún lugar, están en paradero desconocido, en el no lu­gar, vienen de un lugar que no es ninguno (¿o es que acaso un campo de concentración es algún lugar?) y, aunque ellos no lo saben, van a otro sitio que tampoco es un lugar; los ar­tistas no son mejores que ellos, tienen su mismo origen y su mismo destino (o sea, ninguno), simplemente hicieron el via­je primero y dejaron esas inscripciones para que quienes les sucedieran pudieran vivir algo que, de otro modo, resultaría insufrible, les dejaron esas instrucciones para sobrevivir al no lugar, para hacer mínimamente habitable lo esencialmen­te inhóspito, para inventar un modo de vivir allí donde no se puede vivir. Por eso digo que les permitieron sobrevivir al permitirles no ser originales: les enseñaron que su dolor, su falta de refugio, no era el primero, que no era original sino repetido, que ya había otros hombres que lo habían pa­decido y que ahora ellos, los nuevos viajeros, podían mirar­se en esas notas como en un espejo en el cual llegar a sentir su propio dolor que, entonces, se convertiría en un dolor co­mún, compartido. Eso –las notas de los trenes con destino a Auschwitz, las obras de arte– no libra a nadie de su dolor (porque, dicho sea de paso, no hay cosa en el mundo que pu­diera librarnos del dolor), simplemente permite vivirlo, permite alentar, seguir respirando a pesar de la desolación, la muerte, la mezquindad y la estupidez y en medio de ellas. Puede que esas notas parezcan muy poca cosa, casi nada. Pero son literalmente vitales para quienes estamos en ese tren o sabemos que algún día habremos de hacer ese viaje</p></blockquote>
<p>Jose Luis Pardo, <em>Estética y nihilismo. Ensayos sobre la falta de lugar.</em></p>
<p>Visto <a href="http://diaporia.wordpress.com/">aquí.</a></p>
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		<title>Lo deprimente del destino del escritor</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2012 16:26:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Esto es lo deprimente del destino del escritor: nunca consigues trasladar al folio lo que has pensado o imaginado; la mayoría se pierde durante el traslado. Lo que llegas a plasmar no es más que un pálido y ridículo reflejo de lo que habías imaginado. Esto es lo que más deprime a un autor como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Esto es lo deprimente del destino del escritor: nunca consigues trasladar al folio lo que has pensado o imaginado; la mayoría se pierde durante el traslado. Lo que llegas a plasmar no es más que un pálido y ridículo reflejo de lo que habías imaginado. Esto es lo que más deprime a un autor como yo. En el fondo no puedes comunicarte.</p></blockquote>
<p>Thomas Bernhard</p>
<blockquote><p>Acabo de releer lo que he escrito hace un instante, y veo que soy mucho más inteligente que lo que ha quedado escrito. ¿Cómo puede suceder esto de que las cosas enunciadas por un hombre inteligente sean infinitamente más estúpidas que lo que se queda en su cerebro?</p></blockquote>
<p>Dostoievski, <em>El adolescente</em></p>
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		<title>Roberto y la aspiradora</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2012 16:22:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[No se trata únicamente de que le moleste el ruido de la aspiradora, porque la palabra molestia no describe ni por asomo la clase singular de irritación nerviosa que le provoca, sin que pueda evitarlo, ese horrible y absorbente y monótono ruido infernal que literalmente le desquicia y le sume en un estado de ansiedad difícilmente explicable. Roberto tiene unos once años. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No se trata únicamente de que le moleste el ruido de la aspiradora, porque la palabra molestia no describe ni por asomo la clase singular de irritación nerviosa que le provoca, sin que pueda evitarlo, ese horrible y absorbente y monótono ruido infernal que literalmente le desquicia y le sume en un estado de ansiedad difícilmente explicable. Roberto tiene unos once años. En general, los ruidos le sobresaltan, como si accionaran un resorte interior en su psique, y de forma no del todo consciente comprende que su odio instintivo por un tipo de ruidos que describe como amenazas hirientes y agudas muy afiladas que se le clavan en el cerebro tiene que ver con su excesiva sensibilidad y su marcada tendencia a la introspección y al ensimismamiento. El problema con los ruidos es que uno no puede evitar oírlos con la misma facilidad en que uno podría evitar mirar hacia algo desagradable. El nivel de intrusividad de los ruidos es mucho mayor. Específicamente, el ruido de la aspiradora parece que no vaya a terminarse nunca, y esta perspectiva, aunque no sea del todo cierta, es desoladora y demoledora. Roberto cree que la invención de la aspiradora es, desde cualquier punto de vista, una catástrofe para la humanidad. No le extraña que casi cualquier niño de, digamos, un año o año y medio, sienta un miedo irrefrenable cuando escucha el ruido de la aspiradora y busque los brazos protectores de un adulto. Desde luego, Roberto ya no tiene miedo, sino un odio profundo y visceral. Indirectamente, ese odio alcanza a su madre, debido a que suele ser ella quien pasa la aspiradora, y el odio hacia algo nos predispone a odiar la causa que lo produce. Su madre no solo es la causante del horripilante sonido que le enfurece, sin que él pueda hacer nada al respecto para aplacar su furia, que se derrama de forma violenta como el agua de un río desbordando su cauce, sino que, además, con una inexplicablemente mermada capacidad de comprensión, según Roberto, su madre califica como una simple molestia inocua lo que Roberto, cuya tendencia a la exageración y la grandilocuencia retórica tal vez sean algunos de los motivos por los que habitualmente no se le toma en serio, califica de música nacida directamente de las hediondas entrañas del mismísimo Satanás. La implacable lógica maternal se guía por la simplicidad brutal del principio según el cual hay que pasar la aspiradora, dogma indiscutible, tarea que necesariamente ha de llevarse a cabo, sin que los daños colaterales que ocasiona sean siquiera dignos de tomarse en consideración. Así que Roberto se encierra en su cuarto y espera a que su madre termine de una vez de pasar la aspiradora, sin poder hacer otra cosa que esperar a que termine ni concentrarse en ninguna otra cosa, porque la puerta de madera no es una barrera lo suficientemente eficaz como para aplacar el ruido satánico que envuelve la casa entera como una gran nube tóxica contra la cual toda forma de resistencia es fútil. Otros ruidos que provienen del exterior, como los ruidos de las obras de los vecinos, son igualmente desquiciantes y odiosos, pero al menos no cuentan con el agravante añadido de la interioridad. En estos casos, la amenaza no reside en el interior, lo cual siempre es un elemento que proporciona cierto grado de tranquilidad. Esto lo demuestran cientos de películas. Cuando el traidor es uno de los nuestros, la situación es mucho más peliaguda y compleja. El hecho de que la amenaza sea interior añade multitud de capas de horror a la situación. La paranoia y la desconfianza  campan a sus anchas. Las suspicacias alcanzan niveles enfermizos. Nadie está a salvo. La situación de la aspiradora no es comparable, obviamente, pero esta dialéctica de lo interior y lo exterior, referente a la procedencia de los ruidos, juega un papel determinante en cuanto a su mayor o menor soportabilidad. Roberto experimenta el anhelado y constantemente diferido fin del ruido de la aspiradora como una gran liberación, aunque el rencor que siente hacia su madre dura todavía unas cuantas horas más porque, según él, nada más fácil que pasar la aspiradora cuando él no esté en casa. Roberto comprende que su actitud podría confundirse con un egoísmo despiadado, y lamenta esta posibilidad, pero el caso es que él odia con todas sus fuerzas el ruido de la aspiradora y no puede soportarlo sin que sus nervios se trastornen. Y de eso es de lo que se trata.</p>
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		<title>Diálogo crepuscular</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 18:13:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[-El fin de una era, tío. -Siento alegría y nostalgia. -A la vez, como si lo viera. -Es la puta frase de Trakl. -Solo soy feliz cuando estoy triste. -La misma. -¿Tienes un cigarro? -Claro. -Mira, atardece. -No podía ser de otra forma. -Se acerca el fin. -Por eso. -Ya. -¿Seguiremos hablando? -Lanzaremos palabras. -Caeran como guijarros al vacío. -Exacto. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>-El fin de una era, tío.</p>
<p>-Siento alegría y nostalgia.</p>
<p>-A la vez, como si lo viera.</p>
<p>-Es la puta frase de Trakl.</p>
<p>-Solo soy feliz cuando estoy triste.</p>
<p>-La misma.</p>
<p>-¿Tienes un cigarro?</p>
<p>-Claro.</p>
<p>-Mira, atardece.</p>
<p>-No podía ser de otra forma.</p>
<p>-Se acerca el fin.</p>
<p>-Por eso.</p>
<p>-Ya.</p>
<p>-¿Seguiremos hablando?</p>
<p>-Lanzaremos palabras.</p>
<p>-Caeran como guijarros al vacío.</p>
<p>-Exacto.</p>
<p>-¿Seguiremos viviendo?</p>
<p>-Eso creo.</p>
<p>-¿Sonreiremos?</p>
<p>-Eso creo.</p>
<p>-¿Estamos optimistas?</p>
<p>-Y pesimistas.</p>
<p>-¿A la vez?</p>
<p>-No, sucesivamente.</p>
<p>-Toma fuego.</p>
<p>-¿Hablas tú o hablo yo?</p>
<p>-Eso ahora no importa.</p>
<p>-¿Eso es el crepúsculo?</p>
<p>-No hay duda.</p>
<p>-Y luego la noche.</p>
<p>-Inmensa, eterna.</p>
<p>-El silencio.</p>
<p>-Ardiendo.</p>
<p>-Se respira un aire raro.</p>
<p>-Se levanta el viento.</p>
<p>-Hablan los árboles.</p>
<p>-Como siempre.</p>
<p>-Las estrellas se alejan.</p>
<p>-Como siempre.</p>
<p>-Las sonrisas permanecen.</p>
<p>-Como siempre.</p>
<p>-La lluvia cae.</p>
<p>-Sobre los tejados.</p>
<p>-Como siempre.</p>
<p>-Ahí el espantapájaros.</p>
<p>-Ahí alguien viene.</p>
<p>-Trae cerveza.</p>
<p>-Y unos ojos con coraje.</p>
<p>-Con el coraje de mirar la nada.</p>
<p>-Ya nos estamos yendo.</p>
<p>-Eso parece.</p>
<p>-El cigarrillo se termina.</p>
<p>-Cae la noche.</p>
<p>-Como siempre.</p>
<p>-Adiós.</p>
<p>-Adiós.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Through the Looking-Glass</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 17:09:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Ciertos detalles contextuales permanecen sin aclarar DFW &#160; -Hoy soñé algo muy raro que no te puedo contar. -¿Por&#8230;? -Tío, esto va  salir en el blog del Señor S. -¿Pero se puede saber lo que soñaste? -Esa es la cuestión, no se puede, porque los lectores podrían imaginarse que se trata de un sueño que realmente tuvo el Señor S., [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em>Ciertos detalles contextuales permanecen sin aclarar</em></p>
<p>DFW</p>
<p>&nbsp;</p></blockquote>
<p>-Hoy soñé algo muy raro que no te puedo contar.</p>
<p>-¿Por&#8230;?</p>
<p>-Tío, esto va  salir en el blog del Señor S.</p>
<p>-¿Pero se puede saber lo que soñaste?</p>
<p>-Esa es la cuestión, no se puede, porque los lectores podrían imaginarse que se trata de un sueño que realmente tuvo el Señor S., y algunos lectores le conocen de verdad, o sea, al autor material.</p>
<p>-Entonces no digas nada.</p>
<p>-Pero es que no puedo contarlo y  la vez tengo la necesidad de hacerlo, comprende la encrucijada en la que me hallo.</p>
<p>-Pues vale.</p>
<p>-Digamos, por ejemplo, que yo estaba en cierta situación en cierto lugar con cierta persona y dicha cierta persona calmó mi ansiedad de cierta forma.</p>
<p>-&#8230;</p>
<p>-Digamos que fue una variante de una situación real que tuvo lugar en el pasado.</p>
<p>-Fascinante. Mira, o lo cuentas o no lo cuentas.</p>
<p>-Que no puedo.</p>
<p>-Pues entonces cállate.</p>
<p>-Lo importante no es lo que ocurrió, sino las sensaciones asociadas.</p>
<p>-A saber&#8230;</p>
<p>-Una increíble serenidad seguida de una pasajera tristeza al descubrir que lo que estaba soñando no era real.</p>
<p>-Eso parece algo muy tópico, no algo importante.</p>
<p>-Lo importante es que muchísimo tiempo atrás mis estados de frenéticos sueños que pudiera recordar no incluían nunca sensaciones de serenidad, y ahora vuelvo a estar en una fase en que sueño mucho, todas las noches tengo varios sueños, pero ahora incluyen sensaciones agradables. Es decir, algo ha cambiado.</p>
<p>-O sea, que estás en algo así como un fase maníaca de sueños que contrasta con la fase remota de pesadillas infantiles y sonambulismo.</p>
<p>-Es como su reflejo inverso en el espejo del sueño.</p>
<p>-No creo que eso quiera decir nada.</p>
<p>-Te equivocas.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Ser una nada autoconsciente</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 16:31:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo primero en lo que me fijo es que en el teclado del ordenador hay una pegatina de advertencia con la siguiente inscripción: ALGUNOS EXPERTOS CONSIDERAN QUE EL USO DE CUALQUIER TECLA PUEDE RESULTAR MUY PELIGROSO. Me parece tan demencial como la prohibición de repostar gasolina con el teléfono móvil encendido. Sencillamente no puede ser cierto. Tal vez si uno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo primero en lo que me fijo es que en el teclado del ordenador hay una pegatina de advertencia con la siguiente inscripción: ALGUNOS EXPERTOS CONSIDERAN QUE EL USO DE CUALQUIER TECLA PUEDE RESULTAR MUY PELIGROSO. Me parece tan demencial como la prohibición de repostar gasolina con el teléfono móvil encendido. Sencillamente no puede ser cierto. Tal vez si uno arranca una tecla y se la traga, reflexiono, puede resultar peligroso. A lo del teléfono móvil no le encuentro explicación. No creo que nadie apague realmente el móvil para repostar gasolina. No creo que la gasolinera vaya a explotar ni que haya fundamento alguno para semejante prohibición. Pero, en cualquier caso, la inscripción de la pegatina tendría que rezar: ALGUNOS EXPERTOS CONSIDERAN QUE EL USO ILÓGICO DE CUALQUIER TECLA POR PARTE DE ALGÚN IDIOTA/DESCEREBRADO PUEDE RESULTAR PELIGROSO. Miro a mi alrededor, pero nadie, excepto yo, parece intrigado por la extraña pegatina ni parece estar preguntándose por la clase de expertos que consideran peligrosas a las teclas ni tampoco parecen estar imaginándose el aspecto de dichos expertos o las reuniones en las que se debatió la necesidad de advertir a los usuarios de ordenadores sobre ciertos peligros de ciertos usos no especificados o si hubo que contratar o subcontratar agencias dedicadas a la calificación de riesgos de productos comerciales antes de sacarlos al mercado. Estamos todos aquí porque somos desempleados y en la carta que nos enviaron se nos informa de que la no comparecencia comportaría nuestra negativa a la disponibilidad para esta oferta y, en consecuencia, se podría aplicar lo dispuesto en los artículos 17 y 47 del Real Decreto Legislativo 5/2000 del 4 de Agosto, sobre infracciones y sanciones del Orden Social. Así que aquí estamos, en una acción de ORIENTACIÓN E INSERCIÓN (AUTOEMPLEO). Hay una licenciada en Psicología, una licenciada en Historia, un licenciado en Filosofía, dos informáticos, un técnico de sonido, un hostelero, un diplomado en Magisterio que estudia un curso puente de adaptación al grado y otros cuyos estudios no recuerdo. Se me ocurre que podrían contratarme para redactar pegatinas de advertencia. Me pongo a pensar en frases para pegatinas, pero no se me ocurre ninguna. Tal vez no valdría para ese trabajo. ALGUNOS EXPERTOS EN FILOSOFÍA ADVIERTEN QUE SI USTED PRETENDE COMERSE LAS PIEZAS DE ESTE TECLADO NECESITA ACUDIR URGENTEMENTE AL PSICÓLOGO. El licenciado en Filosofía (yo) y la chica licenciada en Psicología ya tendríamos trabajo.  La charla comienza a las diez de la mañana y va a durar tres horas, con un descanso para tomar café (gracias). Se nos conmina a que seamos emprendedores. A que no nos desanimemos. A que seamos positivos y dinámicos. A que acudamos a sus servicios si tenemos dudas acerca de la viabilidad de un proyecto que no tenemos y que financiaríamos con dinero que tampoco tenemos y se nos explica como si tuviéramos cuatro años que nuestro producto/servicio puede optar por la diferenciación o por la reducción de costes o por ambas a la vez. Al parecer, estamos ante una disyunción inclusiva (piensa el licenciado en Filosofía, mientras lee por decimosexta vez la pegatina del teclado de su ordenador). Ejemplos de estrategia brillante: Ikea. No vamos a ser como Ikea, aclara. Ni como Nokia. Nosotros podríamos montar un bar, por ejemplo. Pero, debido a la reducción de la demanda, tendríamos que ofrecer algo exclusivo y atractivo. La verdad es que el licenciado en Filosofía se aburre mucho y piensa que en tres horas no va a aprender nada sustancial sobre estos temas (Economía Social, Cooperativas, Sociedades Laborales, etc) y que cuando tenga necesidad de este tipo de conocimientos puede preguntarle a sus hermanos, que saben un montón de cosas aburridas. Al fin y al cabo, en síntesis, lo que se no está diciendo es: tengan una buena idea, acudan a nosotros para ver si es viable o estáis jodidamente mal del cerebro, y eso es todo, amigos. En el concepto de viabilidad se incluye el capital. Hay que contar con liquidez para emprender un negocio. Bingo. Está siendo una mañana de profundas revelaciones y epifanías financiero-existenciales, piensa con sarcasmo el licenciado en Filosofía, que poco a poco va deprimiéndose ante la perspectiva de no trabajar en la puta vida. Hay que tener una buena idea, y no tiene ninguna. Hay que tener algo de dinero, y no tiene nada. El hombre no es sino una nada autoconsciente, cita para sus adentros. Pegatinas filosóficas para teclados de ordenador: EL SER ES, Y EL NO-SER NO ES. Para que si se cuelga el ordenador los usuarios no se aburran. DE LA NADA NADA SALE (Y ES DE SUPONER QUE TAMPOCO NADA ENTRA). LO QUE ANTE TODO ES ES EL SER. Etcétera. Miro de nuevo a mi alrededor y todos parecen tan aburridos y cansados como yo y apostaría el dedo meñique a que casi ninguno de los presentes está prestando atención a lo que parece haberse convertido en la primera clase de Economía de un Instituto de secundaria, a juzgar por el gráfico que explica las diferencias entre Sociedades Anónimas, Sociedades Limitadas, etcétera. Y apostaría la mano izquierda a que ninguno de los presentes cree que vaya a ser el nuevo inventor del equivalente a la fregona y vaya a revolucionar el mercado con una idea asombrosamente sencilla que no se le haya ocurrido antes a nadie. En el turno de las presentaciones se descubre que tanto la psicóloga como el pobre diablo licenciado en Filosofía y la historiadora preparan oposiciones y que su talante emprendedor es bastante limitado. La empresa que organiza estas charlas se dirige, fundamentalmente, a emprendedores. La desolación se palpa en el ambiente. La angustia existencial sobrevuela los rostros de los tres licenciados en disciplinas poco dadas a fomentar el espíritu empresarial. A la exposición sobre el talante emprendedor subyace el mito individualista del genio creador, piensa el licenciado en Filosofía. Tal vez haya en la sala algún entusiasmado anarcocapitalista soñando con flujos de capital y con la heroica conquista del mercado, pero no lo cree muy probable. Transcurrida una hora, al licenciado en Filosofía comienzan a rugirle las tripas, debido a que su suculento desayuno ha consistido en: café. Y en la pausa, decide tomar: café. Cuando la acción de orientación laboral termina piensa en: nada. Después de comer piensa en: algo hay que hacer: dinamismo. O sea, que está resuelto a hacer algo, pero el algo todavía permanece indeterminado. Le parece que esto lo explica muy bien Heidegger. Sabe que, desgraciadamente, saber esto no ayuda mucho. Después de comer ha tomado, como seguramente adivinarán: café.</p>
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		<title>Diálogos con problemáticas implicaciones de lógica difusa</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 17:28:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[-Ya has leido este libro. -Sí, unas cuarenta veces. -Dijiste que no leías mucho. -¿Cuánto es mucho? Las chicas Gilmore]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>-Ya has leido este libro.</p>
<p>-Sí, unas cuarenta veces.</p>
<p>-Dijiste que no leías mucho.</p>
<p>-¿Cuánto es mucho?</p></blockquote>
<p><em>Las chicas Gilmore</em></p>
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		<title>Sol</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 16:29:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Señor S</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Tu mirada se deshiela sobre mi insomnio &#160; la noche del alma sueña con el sol]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tu mirada se deshiela</p>
<p>sobre mi insomnio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la noche del alma</p>
<p>sueña con el sol</p>
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