Mayo 10, 2008

Un puto blues

El espantapájaros me preguntó qué vamos a hacer ahora, nunca hemos estado tan desesperados y borrachos, tan perdidos bajo la tormenta, tan lejos de casa, tan sin saber qué hacer a millones de kilómetros de todo. Es triste el paisaje despúes de la batalla, ahora que el Gran Mago nos ha dado un cerebro no sabemos qué hacer, ya no hay baldosas que guíen el rumbo de nuestros pasos, somos naúfragos perpetuos, nuestra meta es la misma que la de Kafka, lejos de aquí.

Suspiramos, regodeándonos en nuestra borrachera triste. Me ofreció un cigarrillo y yo acepté. Creo que he vuelto a fumar, le dije. Me miró con un gesto indiferente. Estuvimos un rato en silencio, bebiendo cerveza. Nuestra tristeza espantaba a las chicas. Siempre hemos navegado en la marginalidad, eso no va a cambiar, dijo, y soltó una carcajada. Luego más silencio. Así es la vida, dijo. Despúes de pensarlo un buen rato, contesté que sí, que así era la vida.

Le dije que la única canción que verdaderamente me gustaba de los Rolling Stones era Thru and Thru y él dijo que era una canción cojonuda, que sonaba sincera y era conmovedora, a pesar de que los Rolling Stones son un grupo odioso de mierda. Nos reímos. La vida se va a la mierda mientras pensamos qué coño hacer con ella, dijo.

No supe qué contestar. Ya, murmuré. No quiero convertirme en un espantapájaros viejo e inútil, dijo. Ya, volví a murmurar, sintiéndome realmente incómodo. Nunca hablamos de verdad, siempre andamos diciendo chorradas para huir, para ahuyentar el miedo que nos atenaza por dentro. Sí, murmuré, pensando qué coño está pasando. A veces me dan ganas de llorar y de gritar, dijo con los ojos llorosos. Son ciclos, tío, seguro que mañana estamos bien y nos comemos el mundo, las tías se ríen con nosotros y caminamos entre putas nubes de algodón. Hizo un esfuerzo y sonrió. Sí, seguro tío, ¿quieres ir a algún sitio? Demos un paseo, hace una noche cojonuda. Caminamos y fumamos, realmente hacía una noche cojonuda, por lo menos veinte grados, y se veían las estrellas y no teníamos ganas de regresar a casa. Me pasaría toda la puta vida, entera, caminando bajo las noches de verano, borracho y fumando cigarrillos, sin tener que pensar, sin tener que sentirme un extranjero en este puto mundo. Yo también, le dije, yo también tío. Nos reímos. Faltaba poco para que amaneciera y estábamos muy cansados. ¿Te imaginas que la vida fuera un blues? Sí, si que me lo imagino, un puto blues triste y hermoso.

Posted by SeñorS at 03:22 AM | Comments (0)

Mayo 06, 2008

Pensamiento despeinado, pasajero y peregrino Nº1

Si no lo he soñado, tergiversado o alguna otra variante deformadora del sentido, he oído decir a algún escritor joven algo así como que el cine podía seguir encargándose de narrar historias linealmente, mientras que la literatura debía afrontar el reto de experimentar formalmente y salir de ese esquema rancio y decimonónico. Nada que objetar a experimentar con las novelas, pero lo curioso de esto (que no sé quién lo dijo, y que con toda seguridad no lo dijo exactamente así, aunque confío en haber retenido mínimamente el sentido fundamental de su tesis) es que es al medio más moderno (el cine) al que se le asigna la forma más antigua de narración como su legítimo territorio, y al medio más antiguo (la novela) formas nuevas (si bien novedades como incluir novelas dentro de la novela o fragmentar la linealidad a base de digresiones ya están en el Quijote)

Al hilo de esto, se me ocurre que en la desmesurada Inland Empire Lynch no sólo rompe la linealidad de la narración, sino la narración misma, tenga la geometría que tenga; en lugar de partir de esquemas literarios parte de la plástica y del sonido, y encuentra lo que andaba buscando Artaud:

Estamos a la búsqueda de un film con situaciones puramente visuales y en que el drama surgiera de un contraste hecho para los ojos, extraído, si puede decirse, en la sustancia misma de la mirada, y que no proviniera de circunloquios psicológicos de esencia discursiva y que son simplemente textos traducidos visualmente. No se trata de encontrar en el lenguaje visual un equivalente del lenguaje escrito en que el lenguaje visual no sería más que una mala traducción, sino antes bien de hacer patente la esencia misma del lenguaje y de transportar la acción a un plano donde toda traducción fuera inútil y donde esta acción actuase casi intuitivamente sobre el cerebro

Posted by SeñorS at 01:50 AM | Comments (4)

Mayo 05, 2008

Diario de un tipo perfectamente normal

Iba caminando y pensando algunas cosas, sumamente abstraído, como si las estuviera escribiendo, y por poco me choco varias veces. Me dije que era necesario realizar un esfuerzo y concentrarme en evitar los incesantes flujos de personas que atraviesan la ciudad y que vistos desde un helicóptero -esa máquina voladora cuyo nombre evoca a un insecto gigante y metálico- seguramente configurarían algo semejante a un sistema circulatorio, en el que los transeúntes componen la sangre que inunda las calles, si no quería correr el riesgo de morir atropellado por algún coche o por algún transeúnte furioso.

Ahora que lo pienso mejor, desde la vista hipotética del helicóptero, serían los coches quienes detentarían el privilegio de asumir el papel de la sangre del aparato circulatorio de la ciudad.

Pero seguía caminando abstraído, imaginando esto del helicóptero y la sangre de las ciudades, así que no funcionaba y otra vez estuve a punto de chocarme con un grupo de chicas que venía en la dirección contraria y todos tuvimos una fugaz reacción de pánico instintiva que evitó el choque en el último momento.

Así que, tras el incidente que estuvo a punto de ocurrir, pero que finalmente no ocurrió, frené en seco e, inmediatamente, me aparté, pues alguien parado en mitad de una calle muy transitada se convierte automáticamente en una figura disfuncional que obstaculiza el paso y se expone a las miradas de desaprobación de los ciudadanos funcionales y si tardas demasiado tiempo en recomponer tu actividad por la senda de la normalidad directamente te tachan de loco y te hacen la vida imposible.

Se te permite parar si es para saludar a alguien y hablar un rato, y aun en esos casos ciertas personas ortodoxas, los guardianes de las opiniones rectas, pero más guardianes aún de las conductas rectas, se enfadan y reestablecen el orden de los flujos incesantes a base de violencia verbal e incluso de violencia física, con codazos y empujones más o menos disimulados. Por eso me aparte rápidamente, consciente de los peligros a los que estaba expuesto: el ostracismo y el encarcelamiento por loco y por alterador del orden público.

Los guardianes del orden público son muy listos. Han puesto vallas para regular los flujos y que nadie cruce la calzada por fuera de los pasos de cebra. Son tácticas de control urbanístico para marcar la senda del rebaño. Con toda seguridad, los guardianes argüirían que lo hacen por nuestro bien y que es mejor así, porque así la gente cruza por donde debe, y que si no somos robots kantianos y fantaseamos con ser espíritus libres la culpa es nuestra, que no sabemos de la misa la media. Las vallas me han suscitado un montón de interrogantes, todos ellos escalofríantes. No sé, para empezar, si el Gran Hermano tiene rostro, nombres y apellidos, o si, como ocurría en una película que vi hace tiempo y cuyo título no recuerdo, en la que el tirano no existía, era sólo una imagen que retransmitían por todas las pantallas, el lugar del poder está vacío, no es un lugar, y en la película una mueca de terror distorsionaba el rostro del protagonista, que debía asumir el papel del salvador, pero que no sabía ya cómo hacerlo, porque su intención de derribar al tirano se había visto frustrada al no ajustarse a ese esquema tan simple de cómo funcionan las cosas.

¿Alguien se encarga de vigilar si los peatones cruzan por donde es debido, y si no lo hacen diseña dispositivos urbanísticos para obligarles a hacerlo, sutilmente, sin que apenas lo noten?

Al apartarme me situé al lado de un portal, simulando que esperaba a alguien, porque si estás esperando a alguien también se te permite pararte, no te llevan directamente al manicomio. Te lo permiten, porque se supone que tienes una razón para hacerlo. Así que si quieres hacer algo, pero no tienes una razón para hacerlo, lo mejor es que finjas una. Si en lugar de una razón tienes una locura, revelarlo es peligroso. Es complicado de entender y yo tampoco lo entiendo bien, del todo. Bien pensado yo también tenía una razón para apartarme del incesante flujo, sólo que no era una razón aparente o una razón del todo razonable. Si me hubiese cruzado con alguien conocido y me hubiese preguntado qué hacía, no me hubiese sentido muy cómodo respondiendo que me había parado porque hacía un momento iba tan abstraído imaginando algunas cosas y pensando en ellas como si las fuera escribiendo mentalmente que tuve miedo de chocarme contra la gente o de que me atropellara un coche, y que al tratar de concentrarme para que eso no me sucediera, había sido víctima de aquello que trataba de evitar y había seguido imaginando cosas, como que las personas de una ciudad, vistas desde un helicóptero, serían como la sangre que recorre las venas de la ciudad, aunque luego rectifiqué y pensé que ese papel más bien le correspondería a los coches y que por eso me había apartado de los flujos incesantes de personas y estaba al lado de ese portal, simulando que esperaba a alguien y pensando en las vallas que, a poca distancia de allí, habían instalado hacía poco y que me parecían un dispositivo de control para normalizar la conducta de las personas. Más fácil hubiera sido contestar que esperaba a un amigo y que yo era un tipo perfectamente normal, que no me mirara raro.

Posted by SeñorS at 03:12 AM | Comments (2)