Mañana me voy a León, vuelvo a casa por Navidad, así que no escribiré aquí hasta la vuelta (no tengo Internet allí, creo).
Pídanle a Papá Noel (que es un invento de la coca-cola) muchos regalos y pórtense bien, dejen de fumar, vayan al gimnasio, estudien mucho, no se emborrachen ni hagan cosas malas en general.
En otro orden de cosas (and now something complety different)
-¿¿Pero a Stewie le entienden o qué pasa??
-Nunca nadie odió tanto a Freud como yo. Desde aquí gracias al Husserl por inventar la fenomenología y arremeter contra el psicologismo.
-¿Quién te cae mejor, Freud o Gödel?
-Es evidente que Gödel.
-¿Usted lee poesía?
-No, nunca, si la leo no la entiendo. Prefiero escribirla y así me entero. Es más fácil escribir poesía que leerla.
Mi espíritu es un vagabundo que gusta de extraviarse, dice Descartes, en las Meditaciones Metafísicas. La frase, descontextualizada, suena hasta poética. Lamentablemente es la única frase, descontextualizada, que merece la pena leer de las Meditaciones.
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Más o menos
Una de las canciones de Dylan que más me gusta es Tangled Up in Blue. No tengo ni la menor idea de lo que dice la letra y además no me interesa saberlo. Mucho mejor inventarme lo que dice, imaginar su significado, quebradizo como la noche, liberado de sus ataduras al significante y arrojado de forma inverosímil al país que, a falta de un término que de una imagen más precisa y definida, llamaremos el país de la magia, donde lo importante no se ve y la niebla transfigura la solidez, la opacidad de los objetos en una danza fantasmagórica, tan inútil y atractiva que enloquece y trastorna a quien se asoma con cuidado y apenas la entrevé, no dando crédito a lo que sus ojos ven, habituados a una realidad menos borrosa, menos fantástica, tangible y de sentido común.
En cualquier caso canta algo lo suficientemente triste y lo suficientemente alegre como para poder llorar de emoción, mientras conduces por una carretera abandonada que surca el desierto y el viento caliente del desierto te roza la cara, en la cual se dibuja inadvertidamente una sonrisa desafiante e indestructible, porque te crees una estrella de rock y sabes fumar con modales perfectos que has estado ensayando frente al espejo.
Que la música salve al mundo de su prosaica mediocridad, de su girar tedioso alrededor del dios mudo del sol, de su estar ahí para nada, prepotente e inaccesible como una esfinge sabia e insoportable, a la cual para sacudir su misterio no dudarías en insultar con actitud altiva e insolente. Que se joda el mundo, dirás entonces, tengo mis canciones y mis cigarrillos, no creo en nada pero sé que las carreteras llenas de polvo aguardan mis pasos y con eso es suficiente.
Mucho antes de leer a Georges Perec, nada más ver su cara de chiflado erudito, supe que estaba ante un genio travieso y feliz, un acróbata del lenguaje. Puro virtuosismo formal al servicio de la burla y la ironía se transparentaba en sus ojos. Su cara revelaba una risa rabelaisiana (por ejemplo, o gombrovicziana, algo así), un risa más allá de la broma, que constituía toda una visión del mundo (pero sin la grandilocuencia, sin la pesadez de una cosmovisión, de una weltanschaung alemana) y una forma de ser que elevaba el humorismo a su nivel literario y filosófico (ese humorismo patafísico de Jarry expresado magistralmente el la palabra mierdra, merdre para los afrancesados). Si me preguntaban por mis escritores favoritos, inmediatamente mencionaba a Perec, del que nada había leído aún. Mi escritor favorito era pura potencialidad. Este era mi homenaje al OULIPO. Imaginaba cómo escribiría Perec. Nada serio, desde luego, o con la seriedad infinita del jugador que juega sabiendo que la finalidad del juego no es otra que jugar.
Más tarde leí a Perec. Las cosas, esos burgueses que son absorvidos por las cosas, o esos desesperados que buscan su identidad en los objetos que acumulan. Y su obra maestra, enorme, excesiva, delirante, matemática, un gigantesco puzzle, una tentativa de agotar un edificio parisiense, con miles de vidas y sus mil historias simultáneas, remotas, imaginarias. Y el sentido o el sinsentido de la vida revelado en una metaironía melancólica. Me refiero, claro, a La vida instrucciones de uso. Y especies de espacios, una ontología del espacio, del ser en el mundo, menos ambiciosa que la trilogía de las Esferas de Sloterdijk, pero acaso más divertida.
El genio chiflado, extravagante (en el mejor sentido de la palabra, en el de vagar por el mundo con una dimensión extra) de Perec consigue con su literatura abrirnos un mundo de posibilidades infinitas que explorar sistemáticamente.
P.D: la última pieza del puzzle (que habría de dar el sentido a la vida y al mundo) es un objeto perdido (tal vez el pequeño objeto a, causa del deseo según Lacan). La vida no tiene sentido, pero puede ser muy divertida.
Prólogo a la edición de 2015
Sirvan a modo de poética estas breves, prescindibles y pasajeras palabras introductorias que algún día (tal vez mañana) el viento disolverá. No es mal destino el viajar con el viento, si uno es de temperamento inquieto y le urge asomarse a tierras aún deshabitadas. Sin duda las palabras poseen tal temperamento. Los libros, de apariencia serena y callada en las interminables estanterías de las bibliotecas, mantienen secretamente conversaciones y vínculos mágicos, una vida turbulenta de conspiraciones contra la realidad y batallas tan hermosas como sangrientas. Un vastísimo universo de símbolos ofrecido sin razón alguna (o con todas las razones, es difícil saberlo) para ese extraño animal simbólico, el hombre. Ofrezco este libro escrito imaginariamente (como quien soñó escribir durante largas noches de lluvia a la luz artificial de una lámpara) a la imaginación del lector.
Prólogo a la edición de 2031
No es inverosímil pensar que la frágil existencia de un libro es obra de los lectores. El autor debe desaparecer de la escena, que su extraña criatura hable por sí misma y se defienda de las acusaciones. A menudo pienso en que ventitantos símbolos, gracias a sus infinitas combinaciones, son potencialmente infinitos libros. Este vértigo sublime es suficiente para envolver en un aura de misterio al universo entero. Alguna vez soñé con convertirme en escritor, pero prefería soñar con la imagen de ser un escritor que escribir de verdad, me quedaba pasmado ante la página en blanco y no anotaba nada en su superficie, era apenas una sombra hudiza, no del todo real, cruzando un campo nevado con la nieve serena de mi torpe imaginación, un campo sobre el que no quería dejar huella alguna, porque elegir un camino significaba renunciar a las infinitas posibilidades de la combinación de los copos de nieve (de la combinación de palabras sobre la página en blanco).
Hoy, más viejo y más cansado, con mi biografía escasa en aventuras exteriores y rica en improductivas fantasías introspectivas, siento el mismo vértigo ante las posibilidades, pero creo que merece la pena arriesgarse a morir entre la nieve, como un imitador de Hörderlin. Creo que merece la pena escribir algo, dejar algunas tímidas huellas sobre la blanca superficie, aunque no me hago ilusiones idiotas sobre la inmortalidad literaria. La inmortalidad literaria es la idea más tonta que haya producido la humanidad. Que las huellas se borren y nuestro cadáver yazga entre la nieve, lo único importante fue siempre caminar.
-¿Cual es el sentido de la vida?
-Sí, bueno... en fin, la vida, ya sabes... es... verás, una noche en que hacía muchísimo frío volvíamos a casa... habíamos bebido muchísima cerveza y me apetecía muchísimo un cigarrillo, pero el mechero se había quedado sin gas, nadie tenía mechero, y no pude fumar. Entonces pensé, si la vida tiene sentido pero yo no puedo hacer lo que más me apetece ahora, prefiero que la vida no tenga sentido y fumar un cigarrillo, porque fumando un cigarrillo yo fácilmente le invento a la vida dos o tres sentidos, o incluso más, ¿sabes?, no sé si eso contesta a tu pregunta, de todas formas es una pregunta idiota, yo como filósofo jamás me he preguntado eso... quiero decir, así tan general, es de risa, parece una parodia según la formulas... EL SENTIDO DE LA VIDA... con esa gravedad de mayúsculas, como si tuvieras la boca llena... no se debe hablar con la boca llena, los modales son importantes, es lo que nos distingue de los perros o de los lagartos, o de las avestruces ya puestos, no sé si me explico... dicen, por ejemplo, los filósofos deben conservar algo del espíritu preguntón que tienen los niños... paece que conocen a un montón de niños monstruosos que han leído la Crítica de la Razón Pura y disertan sobre La Metafísica de Aristóteles, en lo que a mí concierne cuando era niño no me preguntaba casi nada porque lo sabía todo, sabía por ejemlo que si cavas un pozo lo suficientemente profundo aparecías en China y que en China todo el mundo caminaba con los pies para arriba y que la mayor preocupación de todos los millones de chinos era no caerse en el espacio, y no me hacía falta consultar libros de física para saber eso, sabía muchas cosas sin preguntar nada a nadie... asi que el sentido de la vida... los chinos a punto de caerse y de vagar para siempre por un Universo que se enfría me interesan más que el sentido de la vida -el viejo profesor sonríe como un niño travieso muy intrigado con esas extrañas criaturas, los chinos.
-Extraña respuesta, pero me refería más bien a si la vida merece la pena ser vivida, Camus decía que era la única pregunta filosófica verdaderamente importante...
-Vivir es irremediable... uno se puede suicidar, claro... Cioran está todo el rato diciendo lo mucho que le consuela y le ayuda a vivir saber que en cualquier momento puede matarse. Cioran ayudó a mucha gente que quería suicidarse, por cierto, porque era un misántropo que amaba a la humanidad, un ser paradójico como todo ser medianamente interesante... es otra pregunta que suena demasiado grandilocuente, demasiado profunda y yo odio todo lo profundo, el hombre es un ser de superficies... está mal planteada, no se trata de si merece la pena la vida en general, sino de si uno es capaz, de si puede crear un sentido a su vida... si yo me lo paso bien tumbándome en la cama y lanzando una pelota de goma contra el techo el vacío existencial se llena y ya está... la gente se pone a buscar sentidos muy extraños y profundos que nunca llegan... el sentido se lo tiene uno que crear y puede ser cualquier cosa... si alguien quiere esperar a Dios, que dios ilumine su existencia como un rayo de luz divino que rasga el velo de maya y así verá todo, lo comprenderá todo... bueno, hay que decirle que Godot no va a llegar, si quiere pensar que la espera misma es el sentido mejor, que en su viaje a Ítaca no tenga prisa ni tema a los Lestrigones... qué palabra extraña, ¿verdad? Lestrigones... -el viejo profesor se queda pensando en los Lestrigones.
-¿Se arrepiente de algo?
-Eh... bueno, sí, supongo que sí, pero la verdad es que no me acuerdo muy bien de qué... arrepentirse es dejar nuestros actos en la estacada, no asumirlos, ¿no? supongo que ha leído a Nietzsche, no hay nada mejor que leer a Nietzsche, sus palabras son como inyecciones de adrenalina, además no hablaba casi nunca en serio, o no del todo, y eso está bien, a veces los juntapalabras se ponen de un serio que no veas, los teólogos parecen que en cualquier momento van a matarse... asustan un poco... pero ¿de qué estaba hablando? pierdo el hilo, siempre pierdo el hilo... digresiones, me encantan las digresiones... las digresiones y las paradojas son las cosas que más me gustan -el viejo profesor se queda divagando ensimismado en sus extraños gustos.
-¿Qué más cosas le gustan?
-Me gustan los libros y las tetas
-¿Ha dicho las tetas?
-Sí, ¿a usted no le gustan? Las tetas y los libros son el sentido de la vida, contestando a su primera pregunta, yo no me imagino un mundo sin libros, y la verdad es que si las mujeres no tuvieran tetas... en fin, sería un mundo muy raro y yo, pese a lo que haya oído sobre mí, soy el tipo más normal del mundo, soy un reaccionario de la izquierda, no soy nada progre, soy un viejo marxista... igual que todo el mundo no entiendo un carajo de Lacan... bueno, Lacan dijo algo así como que el amor es lo único capaz de suplir la falla ontológica de la realidad... ya sabe cómo son los franceses, en lugar de decir que estar enamorado es la hostia, o ponerse cursis, dicen cosas raras sobre ontología, qué se le va a hacer, a pesar de todo lo que dijo era muy bonito... también dijo que usamos al Otro para saciar nuestro deso autonarcisístico, o algo así, ya digo que nunca he entendido muy bien al dichoso Lacan... quizá quiso decir que los eyaculadores precoces son muy egoístas, quien sabe, los psicoanalistas son así, dicen sus cosas sobre el Gran otro simbólico, o el inconsciente estructurado como un lenguaje y se quedan tan anchos... ¿qué me había preguntado?
-Sus gustos, maestro
-Ah, sí, muchas cosas, no me obligue a hacer una lista
-¿Qué le movió a dedicarse a la filosofía?
-Los filósofos usaban un lenguaje incompresible y me pareció muy gracioso.
-¿En serio?
-Sí, me dije: vaya, qué jerga tan extraña: sujeto trascendental, epistemología, fenomenología, exégesis del ser-ahí en la dirección de la temporalidad y explanación del tiempo como horizonte trascedental de la pregunta que interroga por el ser... Heidegger siempre ha sido mi favorito, el más grande del siglo XX... me pareció divertidísimo... ellos se comprendían hablando así, pensé que se trataba de un juego raro y divertido, sobre todo divertido, a mí no me aburre ni el mismísimo Kant
Bueno, creo que llevé a la exageración el método de escribir a toda prisa, anotando los pensamientos al vuelo: los pensamientos cruzan más rápido el aire que mis manos el teclado, así que me comí (no literalmente) algunas cosas.
"Nada da tantas ganas de beber coca-cola como beber coca-cola"
"Su brillo intelectual y su superioridad moral". Me comí el "moral", y no porque este acto fallido signifique que sea un inmoral, como podría pensar algún psicoanalista freudiano. ¡Cómo detesto a Freud!
Los cigarrillos y la coca-cola son muy adictivos. Adictivísimos, por mla que suene el superlativo. Nada da tanatas ganas de fumar como fumar. Nada da tantas ganas de beber coca-cola. La adicción se apodera del sujeto, y la prosaica voluntad de fumar o de beber es superior, infinitamente superior, a otras voluntades más prestigiosas, como voluntad de saber, voluntad de sentido o voluntad de paz mundial: su brillo intelectual y su superioridad es inútil frente a las ganas de fumar y beber. Las ganas de fumar y beber aumentan como una bola de nieve descendiendo a velocidad suicida una montaña nevada. Son fuerzas incontrolables y yo no he mandado mis naves a luchar contra los elementos.
-¿Otro cigarrillo, Señor S.?
-Sí, lo estaba deseando, gracias.
-¿Otra coca-cola?
-Sí, gracias, lo estaba deseando. El deseo es una bestia feroz, ¿no te parece? Libidinoso o tanático, pero feroz y bestial siempre. Creo que ya nunca podré dormir, con tanta cafeína y tanta nicotina, me convertiré en el insomne perpetuo y me exhibirán como si fuera el hombre elefante, mis ojeras me llegarán a los pies y me tropezaré con ellas al caminar. Me señalaran por la calle y yo responderé incoherencias lunáticas, diré, por ejemplo, la fórmula secreta de la coca-cola es como el pequeño objeto a de Lacan, y nada tendrá sentido porque para que el mundo tenga sentido hay que dormir, si no uno tiene sueño solamente, y al beber tanta coca-cola tendré sueño pero no me dormiré jamas. Llgaré a viejo y me vestiré de Arlequín y aterrorizaré a los transeúntes, señalándoles con mi bastón y gritando: no existe el alma, no existen ni siquiera las personas, todos somos personajes del sueño de un perro que sí duerme, y mis alucinaciones de insomne alertaran a la policía y, una vez detenido, viejo, moribundo, escribiré mis memorias en la cárcel, pero no recordaré nada porque el insomnio y la coca-cola habrán destruido mi memoria, y como sin memoria uno no sabría quién es, yo no seré nadie, y cuando pregunten por mí, cuando digan quién ha hecho eso, dirán nadie, y así seré como una sombra, un espectro de mí mismo, como si hubiera desaparecido de la realidad y me hubiera adentrado en el mundo de los espejos, para siempre. Y cuando muera nadie habrá muerto.
P.D: sigo con el método de no reescribir, aumentado ahora con la no relectura.
Bueno, ya estamos en diciembre: Oh crepúsculo anual, viento frío y lacerante golpeando las mejillas, luces de colores...
Para escribir solamente hacen falta dos cosas, decía alguien: tener algo que decir, y decirlo. Más interesante quizá sería una fórmula alternativa que convierte al texto en puro experimento, en un salto al vacío, en un juego demencial de significantes cuyo significado es un enigma, un juego cuyo sentido nos es desconocido. No tener nada que decir, y decirlo. No se quiere significar nada al usar los signos lingüísticos. Los signos se quedan así desvalidos, torpes, inseguros en su caminar vacilante, entrañables vagabundos existencialistas que saben que la vida no tiene sentido, y en medio del absurdo, no obstante, continúan empeñados en vivir. No hay ningún sentido previamente establecido que los signos tuvieran la misión de desvelar, ningún sentido trascedental al margen de las palabras torpes de un niño idiota que juega desconociendo las reglas del juego y se ríe como si el universo fuera una broma inmensa. Precisemos (no pienso releer el texto así que lo voy a ir corrigiendo sobre la marcha, siguiendo el método Cesar Aira: nunca reescribir, seguir hacia adelante). El sentido es un producto, decía Deleuze en esa extraña novela filosófica que es La Lógica del Sentido. No es Dios. Somos ateos (escribo en plural para suavizar el impacto entre posibles lectores religiosos), a Dios lo mató Nietzsche de un martillazo. Como es dios y tiene superpoderes podría resucitar, claro, pero para nosotros está muerto y enterrado. El existencialismo es un ateísmo o es una vendida de moto. Creo que estoy escribiendo frases inconexas. Bueno, da igual, aquí no me puede suspender nadie. Dado que el sentido es un producto, es algo que se crea, que la propia acción de escribir crea. ¿Y un discurso sobre la quiebra del sentido? Panero ya lo escribió. No se quiere significar nada al usar los signos lingüísticos, supramenté antes. Derrida me daría una colleja por decir esta estupidez. No hay un significado independiente de los significantes, el signo es esta dualidad, esta dualidad metafísica viene de la tradicción occidental y la dualidad suprema: sensible/suprasensible. ¿Mejor así, Derrida? Derrida pone un gesto de interrogación, fuma en su pipa francesa y me hace algunas correcciones, pero no las entiendo porque Derrida habla en francés. Mejor sigamos adelante y olvidémonos de Derrida, está sumido en profundas meditaciones y además está muerto y a mí los fantasmas me asustan. Su espectral pipa es como aquella otra extraña pipa francesa que no era una pipa. ¡Era la representación! Qué cuadro genial, es como un chiste deliciosamente mordaz que dijera: vuestros edificios conceptuales no son conocimiento: no son la realidad. La pipa y la realidad, las palabras y las cosas. Las palabras son extrañas si lo piensas. ¿Existe el país de las palabras? Si así fuera, ¿lo inventó Borges?
Lo que quería decir no era eso. No sé qué quería decir (guiño al lector). Dar prioridad a la imagen en la escritura, en lugar de al símbolo: experimento poético. ¿Qué significa ese texto? No lo sé, yo sólo soy responsable de las palabras en su más gloriosa superficialidad, las profundidades metafísicas del significado se las dejo a su libre interpretación, podríamos contestar, entonces. Como cuando a Rimbaud le preguntaron qué quería decir Una temporada en el infierno y contestó: quise decir exactamente lo que dije y en todos los sentidos posbles, o algo así, creo. Ahora no esoy seguro de si contestó eso, pero no creo que sea una invención mía. Gimferrer dijo, tampoco lo recuerdo muy bien, que había que leer a Rimbaud como quien mira un cuadro. Un griego que la poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda. No recuerdo qué griego, uno muy listo, seguro. Peor basta ya, hubo mucha gente que dijo muchas cosas.