Octubre 31, 2006

Mini-obra de teatro

densa y trágica, como en los buenos tiempos, antes de que la ironía hiciera estragos en las mentes existencialistas (de todas formas en el próximo post hablaré del dadaísmo y su conexión con Heidegger, a la luz de un análisis de Sloterdijk)

-Entonces, ¿somos marionetas arrojadas al mundo?, ¿nada de lo que hacemos lo hacemos por nosotros mismos?, ¿fuerzas desconocidas manejan los hilos?
-Sí, y además el mundo está mal hecho, el dolor demuestra la no existencia de dios, al menos la de un dios personal, no es posible que si dios fuera una persona y fuera omnipotente permitiera la existencia de tanto sufrimiento inútil.
-¿Entonces?
-¿Qué?
-...
-Y el resto es silencio.
-Pero tiene que haber algo...
-¿A qué te refieres?
-No sé, quiero decir... algo... no sé...
-Verás, el cristianismo implantó en nuestras atemorizadas conciencias la idea de que existir y ser culpable eran la misma cosa. Las consecuencias son demoledoras: no somos culpables por lo que hacemos sino por el mero hecho de ser (el pecado original y todo ese rollo, ya sabes), hecho que además no pedimos; recuerda que la criatura del doctor Frankenstein se revela contra su creador, él no le pidió que le creara, que lo arrojara a un mundo en el que lo único que hace es sufrir y estar solo. La criatura empieza a odiar porque la sociedad le rechaza, es un ser monstruoso, nadie le quiere, es la tragedia del hombre artificial, perfectamente relatada por Mary shelley. Y nosotros somos hombres artificiales, expulsados del paraíso original, según el mito, que como todos los mitos habla de la condición humana. Somos seres expulsados porque somos seres conscientes, y esa maravillosa extrañeza, la conciencia, nos impide identificarnos con la naturaleza, somos seres escindidos.
-Ay, somos el judío errante, somos Sísifo, nuestra tarea es inacabable.
-Sí, pero Sísifo debe aprender a ser feliz.

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Apuntes para construir relatos bizarros, ideas preliminares pensando en su adaptación cinematográfica

Una dramatización del experimento de Schödinger, cuya intención artística es mostrar el absurdo de la condición humana, con una estética expresionista que funde serie B y existencialismo sueco:

Argumento: un aterrador gato cuántico que está vivo y muerto a la vez aterroriza a su amo hasta desquiciarlo por completo. Escena del dueño jugando al ajedrez con un gato vivo. Repetición de la escena, esta vez el gato está muerto. Fundido en negro: aparece, en letras blancas y en completo silencio, la siguiente cita: el hombre es una angustia sedienta de salvación, Büchner, Lenz. A continuación el título de la película: Gato cuántico destruye la conciencia de dueño muy apegado a la lógica del mundo macroscópico (un relato basado en el existencialismo de Ingmar Bergman, la física cuántica y el romanticismo trágico alemán). La cámara se introduce por el ojo de buey de una puerta de un manicomio hasta el ojo desquiciado del dueño del gato cuántico. Aparece la imagen de un gato vivo y a continuación la imagen del mismo gato, esta vez muerto. Las imágenes gato-vivo gato-muerto se suceden velozmente hasta fundirse. Fundido en negro, a los cinco segundos surge un estruendoso grito: NO LO ENTIENDO!!!!

Posted by SeñorS at 01:38 AM | Comments (1)

Octubre 30, 2006

Música (reggae africano-francés)

Tiken Jah Fakoly, Plus rien ne M´Etonne

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Octubre 29, 2006

Memorias del escritor con algunos síntomas autistas

Por lo general pensaba que los libros eran más interesantes que las personas, y no veía en las letras un compendio de emociones humanas, sino sistemas verbales, extraños objetos laberínticos en los que era dulce perderse, una arquitectura de atmósfera irreal y mágica desplegándose en la acogedora nocturnidad de mi cuarto.
En el territorio del libro, que no está en el papel, porque trasciende la materialidad del signo, yo veía un combate de dimensiones mitológicas, la encarnizada lucha entre las fuerzas del caos y las fuerzas del orden. Cada frase conjuraba el caos, reduciendo las infinitas posibilidades de combinación de los signos. La escritura era una lucha, un combate, y el dragón del caos amenazaba el sereno discurrir de las palabras, introducía rupturas, cortocircuitos inesperados, desorden.
Sólo creía en la sintaxis y en el adjetivo oportuno, que caía como una espada forjada con metales imposibles sobre el cuello del dragón del caos.

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Octubre 25, 2006

Artic Monkeys, alteración de la percepción sonora en un estado de conciencia sumamente agradable, interpretación de la música de Mogwai y una definición de filosofía que plagio a Deleuze que estoy seguro ya he dado en este blog

¿De verdad son para tanto los Artic Monkeys? En fin, están bien, son divertidos, molan. Yo prefiero a Interpol, a The Strokes, a unos tales Catpeople (recién descubiertos durante una visionado fumado de Radio 3, noche en la cual, por cierto, todo, absolutamente cualquier sonido, me parecía la consumación definitiva del arte musical, un éxtasis sonoro total de autotrascendencia... pero sin el efecto del THC también están bien, no son el grupo definitivo, igual no te hacen llorar de emoción, igual no sientes una potencia dionisiaca, el supremo olvido de sí, la mentada y mística autotrascendencia, pero están bien), y en algunas canciones parecen clones de The Libertines.

En cualquier caso Mogwai crean paisajes psico-acústicos de una extraña belleza, un land-art sonoro de guitarras deconstruidas

P.D: autotrascendencia, deconstrucción... creo que los filósofos nos merecemos las acusaciones de esoterismo oscurantista por la marciana jerga que usamos a veces. Pero, en fin, el camino filosófico está empedrado de conceptos. Si no lo está será otro camino: opinología barata, periodismo de 59 segundos, salsa rosa intelectual... La filosofía no es opinión, no es subjetiva, no es reflexión, es construcción de conceptos.

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Octubre 24, 2006

Casi todo lo que decimos es, lógicamente, una estupidez

1.Encontronazo no traumático con la lógica

Al final resulta que la lógica (claro que no hay una lógica, sino infinitas, potencialmente al menos) no está tan mal... incluso mola. De hecho yo sólo aparezco por clase de lógica.

2.La estupidez de Kant

Qué equivocado estaba el pobre Kant, que en el prólogo a la segunda edición de la Crítica de la Razón Pura dice que la lógica no ha evolucionado en dos mil años y no lo hará jamás porque con Aristóteles ya alcanzó su perfección. Hasta un tipo tan listo como Kant decía estupideces...

3.Conclusiones que se deducen de 1 y 2.

con lo cual el conjunto de los estúpidos proferiremos estupideces elevadas a la enésima potencia, y así las estupideces dichas sobrepasan ampliamente las no-estupideces, con lo cual no hay simetría estupideces/no-estupideces, sino una asimetría desmesurada, siendo las no-estupideces un caso rarísimo del conjunto total de proferimientos, y la norma proferir estupideces.

4.Corolario a 3: recursividad y paradoja no contradictoria.

Obviamente lo dicho se aplica a este mismo post, que es una estupidez, formándose una paradoja recursiva, pero no contradictoria.

5. Anexo, en el cual se explica un significado del concepto paradoja diferente al usado en el lenguaje natural

Paradoja= para-doxa, doxa=opinión. Es decir, lo que no es conforme a la opinión. Obviamente este concepto no implica contradicción.

6. Libre, y con toda probabilidad estúpida, aplicación del teorema de la incompletud de Kurt Gödel, cuyo nombre, por alguna razón extralógica, mola tanto como el nombre de Wittgenstein. De hecho, esos dos nombres molan tanto que no es necesario estudiarlos, tan sólo citarlos.

¿Es indemostrable que un sistema sea indemostrable?

7.¿Viene 6 a cuento?

No, pero la pregunta se muerde la cola.

FIN. Se cierra el telón. Aparece como último invitado la Paradoja del viaje atrás en el tiempo:

-¡Fry es su propio abuelo!

-Pogo, en Star Trek: hemos conocido al enemigo, y éste es nosotros. (We had met the enemy and he is us)

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Octubre 17, 2006

Cine y matemáticas

Películas absolutamente imprescindibles:

Cube.
Pi, fe en el caos.
Moebius.

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Octubre 16, 2006

En busca del tiempo perdido: non fiction stories

De pequeño tiraba vasos al suelo, para ver cómo se rompían. De pequeño, cuando mi madre volvió de la compra, me vio sentado en la mesa de la cocina tirando huevos al suelo, para ver cómo se rompían. De pequeño, en el suelo de mi habitación había un agujero donde antes estaba el tubo de la estufa, y por ese agujero tiraba las muñecas de mi hermana, para ver cómo se rompían; como la casita de muñecas no cabía por el agujero, resolví tirarla por las escaleras, para ver cómo se rompía.

Conclusión: de pequeño me gustaba tirar cosas al suelo y ver cómo se rompían.

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Octubre 12, 2006

Historia de un acontecimiento trágico

Todo el contenido de la lata de la última cerveza derramado por el suelo...

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Octubre 10, 2006

Matrix y la filosofía

¿Qué es real? ¿De qué modo definirías real? Si te refieres a lo que puedes sentir, a lo que puedes oler, a lo que puedes saborear y ver, lo real podría ser señales eléctricas interpretadas por tu cerebro.

Morfeo, Matrix.

Considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños

René Descartes.


Matrix es una de esas película que obsesiona las mentes de los filósofos. Y es que no es otra cosa que filosofía en estado puro: la problematización del concepto de realidad. Obviamente está Descartes: las máquinas son el genio maligno que genera una realidad ilusoria. Es aún más radical que Descartes: el yo no es un dato inmediato de la conciencia ni un punto seguro de partida. (Por cierto, si el yo es una ilusión generada por matrix, las mentes de los habitantes del desierto de lo real ¿en lugar de ser liberadas, no desaparecerían, no son acaso un producto de matrix, no vemos aquí el viejo problema de la noción de ideología, que cae en una paradoja recursiva (me encantan las paradojas recursivas!)?) Al principio Neo no se conoce a sí mismo (igual que Narciso, que muere porque no se conoce a sí mismo, si es que interpretamos bien el mito), no está seguro de ser el elegido (por cierto, la mística del elegido es una esperanza cristiana de salvación y una tesis conservadora, incapaz de imaginar el futuro, la imaginación del desastre de la que hablaba Susan Sontag: el mundo ha sido destruido y la esperanza se cifra en el advenimiento del salvador, del elegido) y el oráculo le señala la inscripción del oráculo de delfos: conócete a ti mismo. Neo, al igual que Alicia, sigue al conejo blanco (también hacen una referencia al mago de Oz). Entra en un mundo al que no está habituado, el supuestamente real, pero el sí mismo que el oráculo le ordena conocer se forma en virtud del hábito, y su hábito se ha dado en matrix (¿cómo se desaliena?). Cuando la oruga le pregunta a Alicia quién es, ella tampoco sabe responder. El mundo habitual en el que vivimos es un engaño. Hay que tomar conciencia de esto y liberar a la humanidad: Morfeo es marxista y hace una crítica de la ideología y de la falsa conciencia: Eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Son las mentes de los mismos que intentamos salvar. Pero hasta que no lo hagamos, siguen formando parte de ese sistema y eso hace que sean nuestros enemigos. Tienes que entender que la mayoría ellos no están preparados para ser desenchufados. Y muchos están tan habituados, dependen tan absolutamente del sistema, que lucharían para protegerlo.

El tema del creador de llaves es algo informático, creo, pero también es una referencia a Alicia en el país de las maravillas. Las llaves que descubren otros mundos.

Platón y el mito de la caverna, Descartes y el problema de lo real, Baudrillard y la imagen como simulacro, Hilary Putnam y los cerebros en cubetas, Lacan y lo real inaccesible a la conciencia... el cine inventó la filosofía y, como todo el mundo sabe, la filosofía inventó el cine: La caverna de Platón es una sala cinematográfica rudimentaria: tenemos a los tipos de las antorchas (por cierto, ¿quienes son?¿de dónde salen?¿no serán los arquitectos?, Platón no nos dice nada sobre ellos) que proyectan las imágenes y a los prisioneros que ven la película y la confunden con la realidad. Matrix es una adaptación del mito platónico en muchos sentidos.

Usted no sabe que no es un cerebro, suspendido en una cubeta llena de líquido en un laboratorio, y conectada a un computador que lo alimenta con sus experiencias actuales bajo el control de algún ingenioso científico técnico (benévolo o maligno, de acuerdo a su gusto). Puesto que, si usted fuera un cerebro así, asumiendo que el científico es exitoso, nada dentro de sus experiencias podría revelar que usted lo es; ya que sus experiencias son, según la hipótesis, idénticas con las de algo que no es un cerebro en la cubeta. Como usted sólo tiene sus propias experiencias para saberlo, y esas experiencias son las mismas en cualquier situación, nada podría mostrarle cuál de las dos situaciones es la real. (Jonathan Dancy, Introducción a la epistemología contemporánea)

En lugar de tener sólo un cerebro en la cubeta, podemos imaginar que todos los seres humanos (o todos los seres con sensaciones) son cerebros en la cubeta (o sistemas nerviosos en la cubeta en el caso en el que seres con sólo sistemas nerviosos cuenten como seres con sensaciones) ¿Por supuesto, el científico malvado tendría que estar afuera, o no? tal vez no haya ningún científico maligno, tal vez (aunque parezca absurdo) el universo consista solamente de maquinaria automática atendiendo una cubeta llena de cerebros y de sistemas nerviosos. Ahora supongamos que esta maquinaria automática esta programada para darnos a todos una alucinación colectiva en lugar de un cierto número de alucinaciones aisladas. Así cuando me parece que le hablo a usted, a usted le parece estar oyendo mis palabras... Ahora quiero hacer una pregunta que parecerá muy tonta y obvia (al menos para algunas personas, incluyendo algunos filósofos muy sofisticados), pero que nos llevará a verdaderas profundidades filosóficas con cierta rapidez. Supongamos que toda esta historia fuera realmente verdadera, ¿podríamos, si fuéramos cerebros en la cubeta de este modo, decir o pensar que lo somos? (Hilary Putnam, Razón, Verdad e Historia)

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Octubre 09, 2006

Más citas de Deleuze

El acto de escribir es una tentativa de convertir la vida en algo que no es sólo personal, de liberar la vida de aquello que la aprisiona. El artista o el filósofo tienen a menudo una salud escasa y frágil, un organismo débil, un equilibrio precario: Spinoza, Nietzsche, Lawrence. Pero lo que les mina no es la muerte sino más bien un cierto exceso de vida que han llegado a ver, a experimentar, a pensar. Una vida demasiado grande para ellos, pero de la cual, gracias a ellos, “se revelan los signos”: el final de Zaratustra, el libro quinto de la Ética. Se escribe en función de un pueblo futuro que aún carece de lenguaje. Crear no es comunicar sino resistir. Hay un profundo vínculo entre los signos, el acontecimiento y la vida, el vitalismo. Es la potencia de una vida no orgánica, la que puede tener lugar en la línea de un dibujo, en una línea de escritura o de música. Los organismos mueren, pero no la vida. No hay obra que no deje a la vida una salida, que no señale un camino entre los adoquines. Todo cuanto he escrito —al menos así lo espero— ha sido vitalista, y constituye una teoría de los signos y del acontecimiento.

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Octubre 04, 2006

La Filosofía cínica, o la pantomima de los socráticos enloquecidos

Y para inaugurar los textos sobre filosofía, ahí va uno sobre la filosofía cínica.

El moderno Diógenes. Antes de buscar al hombre, hay que haber encontrado la linterna. ¿Tendrá que ser la linterna del cínico?

NIETZSCHE, Humano, demasiado humano

Efectivamente, nos hemos sumergido en la penumbra de una desorientación existencial peculiar

SLOTERDIJK, Crítica de la razón cínica


1. Contexto histórico-filosófico: la conciencia contracultural en tiempos de crisis de civilización

El movimiento cínico aparece como un prólogo del período helenístico, en el que la filosofía da un giro hacia la praxis, hacia la ética, hacia el vivir cotidiano en que está envuelto siempre el hombre. Los motivos de este giro podemos hallarlos en el contexto histórico y social, se trata de un período de gran inestabilidad, de guerras, de transición, de crisis de valores. La antigua polis que formaba al individuo y le aseguraba estabilidad se desmorona, y con ésta se desmoronan también su seguridad y su identidad, la certeza de su cosmovisión y del lugar que ocupa el hombre en el cosmos. Se trata de una época de confusión, en la cual los antiguos valores se ven sobrepasados por las circunstancias y el malestar que provoca la cultura sale a relucir. La quiebra de la polis produce una ruptura con los tradicionales marcos referenciales desde los cuales el sujeto se autointerpreta, y la incertidumbre existencial se apodera de las conciencias. Las similitudes con nuestra época son evidentes, y ya han sido señaladas. Ambas épocas parecen compartir un mismo espíritu epocal de desorientación, de pérdida de referentes estables, un desasosiego difuso y terco, una atmósfera enrarecida y desilusionada, en la cual la credibilidad de los metarrelatos ha caído, en la que el colapso de una cultura produce un malestar en los individuos que no se puede ocultar por más tiempo.

Las esperanzas utópicas son contempladas irónicamente por el cinismo moderno, los individuos se aferran a su conciencia ante la inconmensurabilidad de un mundo sentido de pronto como excesivamente complejo, incomprensible, cuyo sentido no se deja adivinar fácilmente. Este pathos existencialista se da también, en cierta medida, en el antiguo cinismo, si bien aliviado de la grandilocuencia trágica del existencialismo del siglo XX. La vida es absurda, carece de sentido, pero no tiene por qué ser trágica. Para el cínico la vida es una fiesta del absurdo, una comedia en la que actúa alegremente mostrando la falsedad y la hipocresía de la gente y sus convenciones, que sólo sirven para complicarse la vida y son la coartada de los poderosos para mantener el orden establecido del cual ellos son beneficiarios a costa de la libertad individual. El cínico le saca la lengua a los poderosos en un gesto simbólico de crítica ideológica y desprecia la fama y la riqueza cuya persecución desquicia a la gente. Fama y riqueza no son más que falsos ídolos y el espíritu soberano del cínico los despreciará sin miramientos, ante el asombro de las mentalidades al servicio del orden dominante. Nadie más alejado del intelectual al servicio del poder que el filósofo cínico. Las convenciones sociales son ridículas, y por eso se ríe de ellas, desafía con sus bufonadas toda una manera de entender la vida, descubre la mayor ridiculez en aquellos valores que el espíritu de la seriedad considera sagrados. Risa filosófica y blasfema cuyo eco ha atravesado la historia, siendo escuchada por los movimientos contraculturales más recientes, como el de los hippies o los beatniks.
Podemos entender al antiguo cinismo griego como un movimiento contracultural y situarlo, en cuanto a sus objetivos filosóficos, en contraposición a los altos vuelos teóricos de las filosofías de Platón y de Aristóteles. La filosofía cínica está bien asentada en la tierra, en la corriente de la vida; su preocupación es exclusivamente ética, desdeña el saber de las alturas, al que considera inútil y carente de interés para los hombres, y no respeta las sutilezas de los grandes discursos dictados por el espíritu de la seriedad. Carece casi por completo de contenidos teóricos, de fundamentos filosóficamente sólidos. Su significatividad hay que buscarla en otra parte: en las actitudes vitales de los propios filósofos cínicos, para los que la praxis era absolutamente indisociable de la teoría, en sus actos, sin lugar a dudas simbólicos, tal vez precedentes lejanos de las performances del arte contemporáneo, en el rango filosófico y crítico con que dotan a la ironía, a la burla, a su pantomímica dialéctica de Sócrates enloquecidos.

La figura del sabio no es la del intelectual erudito, su cabeza no está llena de datos y teorías, sino de un estado de ánimo imperturbable, de una libertad interior que no depende de los azares de la Fortuna. El hombre sabio es autónomo, en el sentido estricto de la palabra, pues se da a sí mismo su ley, no se rige por las convenciones sociales impuestas. Diógenes se masturba en público, pues nada puede haber de malo en un acto natural, y cuando es reprendido por su actuación, responde que ojalá frotándose el vientre pudiera saciar también su hambre. Aquí la crítica a la sociedad se ejerce con un acto cargado de simbolismo que saca a la luz la verdad desnuda y con una consideración irónica de las necesidades humanas. Ocultamos lo más natural e inocente y Diógenes ve en esto, probablemente, un síntoma de que la sociedad está gravemente enferma. Ante este diagnóstico, los cínicos apelarán constantemente a la naturaleza, a la physis, para arremeter contra esta cultura esquizofrénica, contra todos los convencionalismos que dificultan absurdamente la vida del hombre, que sólo debería regirse por la ley de la naturaleza, del cosmos. A este hombre ultracivilizado, que niega de modo esquizoide su parte animal, su parte natural, ni siquiera se le puede considerar un hombre, y por eso Diógenes, con un farol encendido a plena luz del día, va por las calles buscando hombres.


2.Dialéctica pantomímica: la inversión del platonismo y el activismo ético de los cínicos.

Nietzsche, como un moderno cínico y mortal enemigo de Platón , recupera la importancia filosófica del cuerpo, el gran olvidado de las corrientes idealistas. Con su retórica enfurecida y brillante proclama que la gran mentira se llama idealismo. El error se produjo muy temprano, con la filosofía platónica, y no consiste en otra cosa que en la inversión del mundo, en el dualismo metafísico que condenó a la filosofía a ejercer de detective enfermo de psicosis ontológica, siempre sospechando de la irrealidad de las apariencias y buscando detrás de estas sombras el verdadero ser, trascendente al mundo fenoménico. Las inversiones del platonismo, desde Diógenes hasta Deleuze, se basan en un pensar el ser sin escisiones, un pensar de la inmanencia, del acontecimiento y de la afirmación de la intrascendencia de la vida.
Platón definió a Diógenes como un Sócrates enloquecido. Con la intención de difamarlo, Platón le concede a Diógenes, sin quererlo, el más alto honor, al compararlo con el más grande dialéctico, tal como señala Sloterdijk. El método dialéctico de Diógenes no se basa en el discurso, su diálogo antiplatónico se expresa con un enloquecido lenguaje corporal, con bufonadas pantomímicas que quiebran el discurso, pues él no opone razones, sino acciones, se sale del logos por la tangente para exhibir su verdad, entendida como aletheia, como desocultación. Ante quien niegue el movimiento, no le refutará defendiendo la teoría contraria, simplemente se levantará y caminará, pues el movimiento se demuestra andando. Ante Aristóteles no buscará una definición alternativa del hombre, sino que desplumará un gallo y lo arrojará a la academia, gritando: he aquí al hombre de Aristóteles. No le interesa la teoría, las ideas consideradas en sí mismas. Considera este saber vano, inútil para los hombres. Como más tarde dirá Epicuro, vana es la palabra del filósofo que no cura alguna enfermedad del alma. La filosofía da un giro práctico, es un saber vivir, un arte de la vida y una logoterapia, mucho antes que las intrincadas especulaciones de las cabezas idealistas. La filosofía cínica es realista, sin que esto suponga una afirmación metafísica de tipo positivista, pues no le interesa la teoría del conocimiento, sino el hombre de carne y hueso concreto, considerado en su finitud espacio-temporal, y no abstraído mediante la fórmula de la humanidad. De ahí que su crítica a la ideología no busque la emancipación del hombre considerado abstractamente, sino que se dirija solamente a unos pocos, lo suficientemente lúcidos y desvergonzados como para comprender su mensaje. Aquí reside la gran virtud de la ética cínica, incapaz de sacrificar al hombre concreto en función de un ideal de humanidad emancipada que algún día se realizará en la historia. Se dirige al hombre como el universal concreto, su humanismo es un humanismo del individuo y no de la humanidad, con lo que el cínico no cae en fantasías historicistas de tipo hegeliano-marxistas, es demasiado individualista y libertario para eso, y tampoco cae en la aceptación de lo dado tal como es, pues su crítica es incisiva e incesante al estado de cosas existentes. No es ni un revolucionario ni un conservador, sino un sabio, dedicado al arte ahora anacrónico de cultivar la excelencia del alma como un bien de orden superior a los bienes materiales. Su ética es una ética para náufragos, una ética para tiempos de crisis de valores, de confusión y de inestabilidad, una época análoga a la nuestra, por lo que es interesante volver nuestra mirada, aunque sea sólo un momento, a la filosofía moral desarrollada durante el período helenístico. El cinismo es la filosofía moral más radical y, atenuada por diversos matices, influye en el posterior estoicismo, movimiento filosóficamente más sólido que el cinismo, aunque vitalmente tal vez menos enérgico. No obstante, la ética cínica tiene sus limitaciones, precisamente por su radicalidad. No es universalizable, no se dirige a todos, sino sólo a unos pocos. En el ámbito teórico es demasiado inconsistente como para poder fundamentar la organización de una sociedad compleja. Junto a la fascinación que nos produce la subversión contracultural de la propuesta cínica, su vida libre de ataduras, desvergonzada y despreocupada, independiente y alegre, no podemos reprimir la sospecha de que en el fondo late una nostalgia ingenua del buen salvaje, de que esa apelación a la naturaleza encierra una contradicción, un malentendido, pues ese estado de naturaleza ideal es una ficción producto del malestar de la cultura, y que la solución propuesta por los cínicos, esta vuelta a la naturaleza, puede valer para algunos individuos, pero es incapaz de solucionar situaciones externas objetivas de injusticia. Su gran virtud y a la vez su gran limitación es, pues, esta orientación a la interioridad del individuo.
Además que la dicotomía natural/artificial es discutible. El hombre es un ser biológicamente cultural. Ahora bien, podemos interpretar la apelación a la naturaleza por parte de los cínicos no como una oposición a la cultura como tal, sino a un modo concreto de cultura que aliena al hombre, que lo convierte en un extraño para sí mismo. En algún momento del desarrollo cultural, la cultura se colapsa, ya no acoge en su seno al hombre, sino que se le enfrenta como un producto extraño y alienante que cercena su libertad creándole cada vez más necesidades en cuya satisfacción malgasta inútilmente su potencial creativo y vital. Ante esta situación, el filósofo cínico, para librarse del malestar de la cultura, propone una subversiva terapia del deseo: limitando estrictamente nuestras necesidades externas conquistaremos el ámbito de nuestra interioridad, y seremos libres, pues nuestro bienestar no estará cifrado en el azar de las circunstancias externas que no dependen de nuestra voluntad, y seremos capaces de afrontarlas, pues la libertad interior conquistada es inviolable, un reducto de serenidad, una isla impertérrita en mitad de la tormenta.

En este sentido, la filosofía cínica, lejos de estar desfasada, posee una gran vigencia y capacidad subversiva; pues en el actual e histérico sistema de producción capitalista, que constantemente inventa nuevas necesidades y bombardea nuestros cerebros machaconamente con la publicidad de nuevos productos que tenemos que consumir, la propuesta de limitar nuestras necesidades es una propuesta de subversión de valores, una propuesta emancipadora dirigida al individuo, no al proceso histórico. Lo que consideramos valioso, la fama, el éxito, el dinero, etc., son los valores impuestos por la sociedad, por la doxa, por el Se impersonal, valores inauténticos vistos a la luz de la linterna cínica. Hay que desafiar las convenciones, transmutar los valores. Diógenes busca auténticos hombres con una linterna en pleno día, y sólo encuentra inmundicia. El consumismo patológico de nuestras hipercomplejas sociedades es el polo opuesto a la sabiduría cínica que nos enseña a descubrir lo más valioso en nuestra libertad interior (que no tiene porqué degenerar en una forma de solipsismo), en lo que el hombre es, en su naturaleza propia, y no en lo que el hombre tiene.

Decía Deleuze que la filosofía es inseparable de cierta cólera contra el propio tiempo histórico que a uno le toca vivir, contra los acontecimientos, a la vez que nos proporciona cierta serenidad frente a ellos. Este doble movimiento de cólera y serenidad puede ser observado en la filosofía cínica. El más colérico sería Diógenes y el más sereno Crates. La crítica a la sociedad, a los hombres, es feroz, pero el crítico no se deja dominar por la cólera, su interior está a salvo, es libre en su ataraxía anímica.

Frente a la alta teoría y sus graves preocupaciones, refinadas y civilizadas, el cinismo reivindica, con sus gestos provocativos, la dignidad filosófica de todo aquello habitualmente considerado bajo e indigno de consideración, en un movimiento subversivo que busca la transmutación de los valores, poniendo en evidencia su carácter convencional y transitorio, falsos en la medida que no se corresponden con las leyes de la physis, y cuya función es legitimar el orden existente. La razón dominadora presupone que debe de haber un orden y que para conservarlo es preciso engañar a los hombres. El cínico, haciendo gala de su libertad de palabra y de acción (parresía) se opondrá al poder, a esa civilización fruto de la razón instrumental que en lugar de facilitar al hombre la felicidad, más bien se la impide. La civilización, tal como está constituida, supone un inmenso rodeo para lograr lo que el filósofo cínico consigue de forma directa, aunque no sin esfuerzo (ponós). La virtud sólo se logra con esfuerzo. Al igual que un atleta entrena su cuerpo, para lograr la virtud el sabio entrenará su alma, y cualquier hombre puede lograr la virtud, no sólo los aristócratas atenienses. Diógenes abraza las estatuas en invierno y camina descalzo sobre la arena caliente, pues el sabio ha de estar preparado para sufrir los avatares de la Fortuna sin menoscabo de su libertad interior. El sabio cultivará la adiaphoría. Este concepto alude a un estado anímico de imperturbabilidad, de indiferencia, colindante con la ataraxía y la apatheia. Esta familia conceptual forma la figura del ideal de sabio tal como lo concibió la filosofía moral helenística, en la cual podemos ver un movimiento reactivo frente a las circunstancias. Pero los cínicos no se limitan a este movimiento reactivo de refugiarse en la conciencia, su ética es un activismo destinado a sacudir las conciencias y los valores, pues todo valor remite a una conciencia que lo reconozca como tal, y en este sentido su ética es también un activismo político. Se ha hablado de la misantropía de Diógenes, pero el que verdaderamente desprecia a los hombres no se preocupa lo más mínimo por enseñarles nada. No hay una antropología pesimista en los cínicos. Cuando Diógenes observa a los filósofos piensa que no hay nada tan inteligente como el hombre, y cuando observa a astrólogos piensa que no hay nada tan estúpido como el hombre. El hombre es capaz de lo mejor y de lo peor, y Diógenes admira la racionalidad y la fortaleza interior del hombre, pues es, dicho sin connotaciones peyorativas, un Sócrates enloquecido.

La mayor parte de lo que sabemos sobre el movimiento cínico, y sobre su representante paradigmático, Diógenes de Sínope, nos ha sido transmitido por la obra de Diógenes Laercio, Vida de los más ilustres filósofos griegos. Más que una exposición rigurosa del contenido de doctrinas filosóficas, la obra cuenta una serie de anécdotas, de dudosa veracidad histórica, ya que fue escrita quinientos años más tarde de la existencia de Diógenes, pero de relevante carácter simbólico. Una antología de humor digna de una sonora carcajada filosófica. A Diógenes se le atribuyen incontables anécdotas, además de todas las que nos refiere Laercio, éste nos dice que se contaban muchísimas más. La filosofía cínica nos ha sido transmitida por estas anécdotas. Probablemente la más famosa sea aquella según la cual Alejandro fue a visitar al sabio cínico y le dijo que le pidiese lo que quisiera, y Diógenes responde que se aparte, pues le está tapando el sol. El poderoso Alejandro no puede ofrecerle nada a Diógenes, pues a este le basta con disfrutar sencillamente del sol. Otra anécdota famosa, muy del gusto de Nietzsche, es la de que Diógenes iba buscando hombres por la plaza atestada de gente, con una linterna a plena luz del día. También nos cuenta Laercio que acudía al teatro al acabar la función, entrando a contracorriente de todo el mundo, pues él vivía a contracorriente; que viendo a todo el mundo atareado en los preparativos de la guerra, se puso a mover el tonel en el que vivía de un lado para otro, para no parecer desocupado, y mostrando así lo ridículo y sin sentido que resultaba todo aquello. Todas estas anécdotas revelan un accionismo de innegables objetivos morales. Con este tipo de acciones impactantes Diógenes, como un pedagogo enloquecido, transmite una sabiduría práctica, ahorrándose su exposición teórica. Lo que le convierte en un filósofo además de un bufón, es que sus bufonadas pantomímicas también ilustran un concepto, con la ventaja de la pluralidad de sentidos e interpretaciones: Diógenes entrando en el teatro chocándose contra todos los que salen puede simbolizar la autonomía del sujeto, o una crítica a la sociedad alienada.


3.Epílogo: el crepúsculo de las ideologías y los náufragos desilusionados.

Podemos denominar posmodernidad, usando el término con un significado meramente operativo, sin entrar en la amplia polémica que suscita, al período histórico que sigue al fracaso de la ilustración. Los ideales ilustrados ya no consiguen entusiasmar a la gente, motivar una acción colectiva encaminada a una meta. Vivimos en una sociedad fragmentada, desilusionada. El cinismo moderno contempla las ideologías como curiosos restos arqueológicos ante los cuales esboza una media sonrisa. De la franca carcajada de los cínicos antiguos a la sonrisa torva de los modernos podemos ver la historia degenerativa del término cínico. A Diógenes le insultaban llamándole cínico y él, orgulloso, reivindicaba ese apodo. Hoy día los poderosos han aprendido la lección, saben cómo son las cosas, no hace falta que nadie les muestre la verdad desnuda, ellos ya la conocen. Si Marx decía: no saben lo que hacen, y aún así lo hacen, hoy día la situación es más inquietante: saben perfectamente lo que hacen, y aun así lo hacen.

La imagen de la vida como naufragio sirve para ilustrar el período helenístico, y también el nuestro. Nuestra época desilusionada no encuentra muchos motivos para la acción. El moderno Diógenes, si hoy saliera con su linterna a buscar hombres, lo encerrarían en un psiquiátrico.


Posted by SeñorS at 02:04 AM | Comments (1)

Vayan a La morada de los existencialistas errantes

Damas y caballeros, estimado público, humanoides en general y adictos a la pantalla en particular, les comunico que el Señor S se duplica. Ayer, o antes de ayer, me sobrevino la idea de crear otro blog y lo hice: lo llamé La morada de los existencialistas errantes (http://existencialistas.blogspot.com).

La idea es que sea un blog exclusivamente literario, con cierta unidad temática y estilística. Un pequeño bote arrojado al oleaje desde el barco, que es y seguirá siendo Pensamientos Despeinados, que a partir de ahora será más eso: pensamientos, aunque sean despeinados; seguirán aquí filosofadas varias y todo lo que no entre dentro de la idea de el club de los existencialistas errantes. 415 post hasta ahora en la andadura despeinada de esta bitácora. Digamos que necesitaba cambiar de imagen, cortarme el pelo (aquí he dicho cortarme el pelo de modo metafórico, pero lo cierto es que también me lo he cortado literalmente, o mejor, me lo han cortado, y no precisamente en una peluquería (no me gusta ir a la peluquería), soprendentemente ha quedado bien :p).

Digamos que aquí habrá textos más espontáneos, directos, deshilachados, sin unidad, libres, caóticos, despeinados en definitiva; y textos sobre filosofía. Allí más poesía, aquí más rayadas. Algo así. Tal vez aquí textos sobre autores... en fin, ya veremos.

P.D: Luego pongo el enlace, es que ahora no me apetece, tengo sueño

Posted by SeñorS at 01:51 AM | Comments (3)

Octubre 02, 2006

Formas de ser: el existencialismo literario (cerveza, palabras y la noche)

Estar solo en el desierto, emborracharte y reir y llorar con las estrellas, buscar una cueva con una linterna, echarte a dormir, despertar en otro lugar, en otro tiempo, en la casa de tu abuela: eres un niño, es verano, vas a ir a la piscina, y te tiras al agua y ahora eres un naúfrago, solo ante el peligro, el mar se enfurece, divisas tierra a lo lejos, o tal vez se trata tan solo de un espejismo, un producto de tu imaginación, un deseo de tu mente desdesperada, una alucinación... tal vez sigues en el desierto. Miras en todas direcciones: tierra, tierra y tierra, una vasta, monótona extensión de tierra, y también hay naufragios en tierra, recuerdas que dijo Goethe, mientras caminas borracho, riéndote con lágrimas en los ojos, caminas porque hay que caminar, como una figura espectral, un saltimbanqui alucinado, trazando huellas que se borran, por geografías imaginadas y tiempos que no se recobran ya sino como espejismos fabulados, fragmentos inconexos de eso que llamas tu vida y que hay que relatar porque si no no existe, darle el paradójico poder de encerrarla y desplegarla con toda su plenitud en los signos alfabéticos; si yo digo estar solo en el desierto, estoy en el desierto y estoy abrasándome los ojos de escrutar el horizonte de la palabra desierto.

Los mundos imaginarios de la literatura son plenamente reales, en tanto que imaginarios.

Para quien leer es una forma de vida que inunda todo su ser, las andanzas de su doble especular, perpetrado por las palabras, son reales, o si no él no existe.

La cerveza, las palabras y la noche son los elementos indispensables para configurar una forma de vida esencialmente errante, aun cuando uno no se mueva físicamente de la cama donde lee, bebe y escribe, pues su nomadismo visceral es de una rara especie: virtual, existencial, poético, un nerviosismo ancestral anclado en las entrañas de su ser, una sed desmesurada y peligrosa que no se calma con líquido alguno y que raramente se comprende, un temblor y un espasmo en que se agitan recíprocamente los ojos y su correspondiente macrocósmico, las estrellas mudas.

Posted by SeñorS at 02:11 AM | Comments (2)

Imaginando escrituras posibles en los intersticios de lo real

Un cuento diminuto, apenas visible, casi un susurro, casi inaudible, signos azules, casi transparentes, una escritura leve, algo así como una sonrisa que cae en un lago en lo alto de una montaña, rodeado de rocas y de nieve; el cielo azul, sublime, infinito ante una mirada, ante dos ojos que no son sólo el espejo del alma, sino además el espejo diminuto del temblor ilimitado del cosmos.

Espasmo especular, máquina de fantasmas, en el mundo de los espejos todas las noches Alicia se transforma en luciérnaga y vaga por los montes, sobre la línea que divide a este mundo de la nada.

Una lluvia, unos pasos, el límite del mar y el límite de la tierra, burbujas y esferas frágiles; no podemos irnos a vivir adentro de las burbujas, de las esferas frágiles, no podemos, se rompen, desaparecen, casi intangibles.

Una voz que te llama, oculta en el cuento, entre las palabras, una voz casi como el viento, apenas visible, casi un susurro, casi inaudible.

¿El viento sopla hacia el futuro?, ¿hacia el pasado?, no, simplemente sopla, tal vez esa es la respuesta y seguro que Dylan lo sabía. No va hacia ningún lugar remoto, hacia ninguna lejana tierra, el país del viento es mera ilusión, una ficción forjada por los mortales temerosos. Pero podemos caminar sobre la línea del viento, que divide a este mundo de la nada.

Posted by SeñorS at 12:20 AM | Comments (0)