-Quien no salte ebrio de placer escuchando Up side down de The Jesus and Mary chain es un indi-poppy marica: ¡¡¡Viva el ruido!!!
-Qué dices, tarado, esa canción parece el sonido de las calderas del infierno...
-Oh Oh, perdona pero escuchar a Cold Play me da la sensación de tener miel recorriéndome las venas...
-No se puede hablar de música contigo
-¡¡Sonic Youth son los amos!!
-Radiohead son los amos.
-Sí, también.
-Tool son los amos.
-Sí, también, estamos de acuerdo.
Es extraño, pero a veces ocurre que te montas en un cometa y viajas por todo el Universo, y el Universo entero es del tamaño de una canica, y cierras los ojos y la brisa de la noche atraviesa tus párpados cansados, y te acurrucas bostezando entre las sábanas, te desvaneces, te diluyes, te evaporas, y frente a ti una sonrisa irradia una atmósfera mágica, y en el mero hecho de respirar notas cómo el Universo entero se acompasa a tu ritmo en una danza que apenas interrumpe esa serenidad misteriosa que te envuelve...
-No hay quien entienda a Heidegger...
-Lo que pasa es que El Ser y el Tiempo es una novela extremedamente rara de fenomenología-ficción y también una novela de detectives que han de buscar al Ser luchando contra los conceptos de una metafísica que lo han ocultado.
-Oh, ahora lo entiendo todo. ¿Y cómo acaba?
-Ni idea. Bueno, en realidad no acaba.
-¿Y en ficción sí?
-¿Cómo?
-Dijiste en realidad, y como en ficción es lo contrario, entonces, lógicamente, en ficción sí acaba. ¿Cómo acaba?
-Bueno, en ficción tampoco acaba.
-No puede ser, ¡realidad y ficción son lo mismo!
Escuchando Yeah Yeah Yeahs (lo de olvidarse de la música pop no iba en serio, a John Cage que le soporte su madre)
Debería estudiar, pero mi naturaleza me lo impide (si alguna vez dije que el hombre no tiene esencia, me retracto, el hombre tiene esencia y la mía, concretamente, es la del tirado, la del vago indomable, la del tipo que ante la perspectiva desoladora de buscar los textos (y ante la probabilidad escasa, prácticamente computable a cero, de encontrarlos) que tiene que estudiar, entre el caos de papeles, libros, Cds, pilas gastadas, paquetes de tabaco vacíos y algunos otros habitantes de su escritorio, decide tomarse una coca-cola, prender un cigarrillo y decirse que mañana estudiará, que hay tiempo).
Bien, mañana estudio. Hoy hablaré de los metafísicos despeinados.
Los metafísicos despeinados son maestros de esa marioneta fantasmal, del yo, lugar de lo imaginario (se crean y re-crean continuamente a sí mismos) y que en ningún caso debe ser concebido como un entidad monolítica aislada del entorno. Yo soy yo y mis circunstancias quiere decir que las circunstancias son constitutivas del yo, no que sean un añadido decorativo.
Las tres ideas más importantes de la metafísica son: yo, mundo, Dios. Los metafísicos despeinados se olvidan del Dios de los teólogos y de los creyentes, su monoteísmo huele a totalitarismo y los metafísicos despeinados aborrecen el totalitarismos en todas sus formas. En cuanto al yo, le declaran la guerra a Descartes y, por supuesto, a Freud, porque ellos no tienen inconsciente, así que nada de puntas de iceberg ocultando no sé que esoterismos subacuáticos. Prefieren la idea de Deleuze: el yo, el interior, es un pliegue de lo exterior. Aún tienen que desarrollar más esta idea. Los enemigos ya están localizados. Empieza la guerra, primer disparo a Descartes: no hay un hiato yo/mundo sino una relación compleja: antinómica pero complementaria. Segundo disparo a Freud: es cien veces más misteriosa la conciencia que ese submundo inconsciente, es muy visual y muy guay la metáfora del iceberg, pero los metafísicos despeinados decimos que el yo se desliza por superficies donde de vez en cuando encuentra islas de sentido, azotadas por mares de sinsentido.
Los metafísicos despeinados aborrecen la profundidad. Lo más profundo es la piel, dijo Válery.
El prestigio del término profundo se basa en una paranoia ontológica: detrás de las imágenes está la realidad verdadera (Platón como el gran paranoico ontológico). Pues bien, la nueva realidad está en las imágenes y no detrás de ellas. Viva la superficie. Ahora bien, en el uso que a veces se hace del término, superficial es prácticamente sinónimo de imbécil. Reclamamos un uso en el que superficial signifique: investigador temerario de la existencia a través de sus planos inmanentes, sujeto descentralizado atravesado por las intensidades poéticas de lo exterior, por las multiplicidaes ontológicas en que está envuelto, aligerador del peso del ser sin por ello cerrar los ojos como una damisela asustada ante los peligros inherentes a la acción inevitable de vivir. Un investigador que no explique el mundo como si estuviera fuera de él, lo cual es imposible, asi pues, si el sentido del mundo debe quedar fuera del mundo, como dice Wittgenstein, la solución despeinada consiste en iniciar un combate de boxeo contra el sinsentido que sólo terminará por K.O.
Del atonalismo de Schoenberg al Hip-Hop de VKR y Doble V pasando por el minimalismo Zen de John Cage con algunas paradas en las canciones más ruidosas de Sonic Youth, sin olvidar a Los delincuentes (la primavera trompetera ya llegó) ni a Stravinsky.
El desamor es una canción pop, dijo Jim mirando por la ventana: afuera el invierno enfriaba el alma del mundo y los árboles se agitaban lentamente.
Oigo cómo se acerca, reptando, la primavera, y confío en que me saque de este pozo oscuro con sus alas frágiles, dijo Jim cifrando su esperanza en lo porvenir.
Es triste que Fernando Savater se haya vuelto imbécil, pero su artículo de hoy en El País, ¿Qué se debe?, lo demuestra.
¿No es usted un poco viejo para afiliarse a las juventudes del PP, señor Savater?
-¡El hombre es es el pato bípedo físico más patafísico que ha puesto sus patas sobre la faz de la tierra!
-¡El cerebro es el órgano menos racional que existe! ¡Neurólogos del mundo, no es empeñeis en vano!
Declaramos (el plural se refiere a un imaginario, pero real, conjunto de escritores o de proyectos de escritores o, simplemente, de gente que escribe) que las latas de coca-cola y las cajas de detergente son más hermosas y enigmáticas que la Gioconda. Preferimos una gioconda bigotuda.
-¡Pinten bigotes en todas las reproducciones de la Gioconda!
-¡Perros tristes bajo la lluvia y conversaciones a altas horas de la noche con Rimbaud en un botellón celebrado a dos grados bajo cero al lado de un río huyendo de la policía!
-¡Muerte lenta y dolorosa a aquellos que subrayan los libros de las bibliotecas públicas!
Nos gustan cosas como: los espejos que invocan a los fantasmas del mundo al revés, las paradojas: miento, soltar discursos metafísico-trágicos partiendonos de risa, lo cual significa:
1)ironía ambigua: son medio en broma medio en serio.
2)desconcierto: ¿qué hacer en el mundo?
3)tal vez no significa nada, o tan sólo que disponemos de demasiado tiempo para perder el tiempo. ¿Tanto tiempo para qué?¿Tan poco tiempo para qué?
¡Ah, cómo los dardos del tiempo -su satánica irreversibilidad- se me clavan en mi desolado espíritu recordándome la finitud del ser humano en esta bóveda cuyos confines irrevasables ahogan mis esperanzas de trascendencia y redención!
Declaramos solemnemente que la moda es de extrema importancia para avivar el fuego del espíritu: se vestirá de negro, se estará muy delgado (requisito imprescindible: han de marcarse las líneas de las costillas), se dejarán crecer las barbas a su libre arbitrio, se fumará, no se usarán camisas ni zapatos bajo ningún pretexto: se ha visto a escritores despeinados con zapatillas sucias y medio rotas acudiendo a bodas, en las cuales, por cierto, muy educados ellos, han escuchado el sermón sin interrumpir al cura gritando frases de Nietzsche. Han reflexionado sobre las cinco vías de Tomás de Aquino y han concluido que la realidad, la ciencia, el conocimiento y el mundo son una alucinación consensual (sobredosis de metafísica platónica pura inyectada con una aguja ciberpunk).
Quizá no hayan concluido esto. El mismo concepto de conclusión es alucinatorio: nada concluye: ¡Heráclito sigue vivo y coleando y diciendo: todo fluye, tarados, todo fluye, olvídense de Platón!
Lo cierto es que nunca han reflexionado sobre las cinco vías de Tomás de Aquino. Ni siquiera se las saben.
Los escritores despeinados son muy capaces de retarse a duelos al amanecer por discrepancias nimias en discusiones sobre estética. Los que osen interpretar un texto a la manera psicoanalítica morirán o, en caso de no ser posible la consumación del asesinato de los equivocado hermeneutas (por cobardía, por temor a ser encerrados en cárceles, en las cuales, sin embargo, serían muy felices escribiendo otra vez el Quijote de forma idéntica pero muy distinta (sería una cárcel donde habitara el fantasma de Borges)), se les defenestrará, se les repudiará, se les recordará que la literatura no es el diario de una quinceañera con psicosis premenstrual.
-¡El fluir caótico del río de la conciencia desbordándose sobre el mundo y sobre la nada!
-¡El destino de Mary Poppins despues de que le robaran su paraguas: una mujer desamparada que camina sin dirección puesta hasta el culo de marihuana!
Cielos grises, trenes que se van, rostros perplejos...
Palabras tan veloces que al verlas pasar uno se sienta como ante un sueño que huyó, que apenas vio, pero que recordará. El sueño deja un rastro de migas de pan. Hay que seguir dicho rastro. A lo desconocido.
-¡Creemos en un mundo paradójico de revolucionarios místicos que ven televisión para combatir mejor la alienación (o algo así)!
-¡Declaramos con absoluto convencimiento que la única solución a los problemas del mundo consiste en que los libros de Cioran se conviertan en un éxito de literatura infantil aún mayor que el éxito de Harry Potter!
4 de febrero de 1930
Largos paseos nocturnos por las calles vacías. Alquilé una habitación en una pensión. Apenas tengo dinero para comer porque me lo gasto todo bebiendo en las tabernas con mis compañeros de facultad. No debería hacerlo, lo sé, debería estudiar más, centrarme, esas cosas. Todo sería más fácil si lograra abrigar alguna certeza en mi interior, si lograra configurar un espacio, algo así como una burbuja, una pompa de jabón. Me consuelo pensando que hubo otros chicos, otros aspirantes a poetas tan caóticos, tan inestables como yo. No es buen consuelo, no funciona. A veces pienso que no me queda más remedio que imitar el desmedido gesto romántico de aullar como un pájaro herido y solitario, ese aullido que es como lanzar una botella al mar, sin esperanza, o con una esperanza tan remota que sobrepasa el ámbito de lo posible. No sé, padezco de insomnio. Veo la realidad ante mis ojos, pero todo sucede como una fantasmagoría lejana, que no me concierne, como una danza frenética y sin sentido. Sin sentido, porque yo no comprendo.
Me emborracho en las tabernas con mis amigos y nos reímos mucho, me siento alegre, siento cómo el peso de la existencia se aligera, se evapora, flota en el aire, como una pompa de jabón; entonces la brisa fresca de la noche me parece el paraíso, dejo de pensar y me entrego inconscientemente al inocente devenir. Sin embargo, soy un ser extraño, y lo odio: lo único que quiero es ser normal, pero yo no sé qué es eso de ser normal.
Sé que los poetas románticos acabaron mal, murieron jóvenes, lejos de casa. Y lo único que buscaban en sus viajes era una casa. Ya lo dijo Novalis: ¿a dónde vamos? A casa, siempre a casa. Pero no puedo dejar de identificarme con su desamparo, por muy mal que acabaran: todas esas interioridades torturadas, todas esas almas desgarradas, me conmueven. Sin embargo muchas veces me disfrazo de chico normal, disfrazo mi insólita dificultad para relacionarme con el mundo y con las personas, para relacionarme conmigo mismo incluso, y voy a clase y digo chorradas más o menos ingeniosas y la gente se ríe y el aullido de la nada se silencia unos instantes. Pero en los recovecos ignorados de mi ser late siempre, implacable, una melodía disonante de tristeza irremediable.
Hay un poema que dice, que advierte: no te acerques a los poetas, son unos monstruos horribles, unos monstruos de soledad. No sé por qué se me quedó grabado en la memoria.
Derramo lágrimas ante la noche: fui feliz, fui triste, ¿qué será de mí, narcisista tarado lindando el terreno de la esquizofrenia? Estoy harto de ser yo, me voy a llorar con las estrellas.
Y como no me dejaron ir a por más cerveza con la excusa de que es martes y deque mañana hay que ir a clase, pues tendré que irme a la cama sin escribir nada. :p
Ah, Bukowski, qué buenos compañeros de piso habríamos sido... (jeje)
La antropología despeinada define al hombre como un mono inquieto que habita en un teatro psicótico.
Dicho mono inquieto carece de una esencia, y no porque la existencia preceda a la esencia, como decía ese francés tan feo, el señor Sartre, sino porque, sencillamente, carece de esencia. En realidad sospechamos de todo pensamiento esencialista. En realidad no sospechamos sino que, en un gesto de atrevimiento no exento de cierta soberbia (aunque tampoco exento de cierta alegría intelectual que concibe el pensar (y pensar es una acción, ni más ni menos real que otras acciones, sólo que nuestro anclaje en una metafísica clásica de la presencia nos invita con mucha terquedad a considerar únicamente como real lo que se nos aparece en la percepción (y la percepción no es nunca la captación inmediata (impostura de la inmediatez) sino que está configurada por toda una tradición socio-cultural (el cine modifica el modo de percibir) como un juego) decimos que el pensamiento esencialista es falso. (Casi me pierdo con tanto paréntesis (pero el pensamiento es asociativo (impostura de la linealidad (linealidad ligada a la imprenta y que Internet está modificando) y no salgo). El mono inquieto carece de esencia, decíamos. Según un mono con unas neuronas muy inquietas (o no tanto, en realidad eran unas neuronas neurótico-obsesivas incapaces de pensar en otra cosa que no fuera crear una ontología fundamental, pero sobre esto pensó mucho), el señor Heidegger, la esencia del hombre pertenece a la verdad del ser. Bueno, esa frase es muy guay, podemos aceptar el advenimiento de la verdad del ser como aquello que esperan los místicos o los románticos atormentados y excitados con la idea de infinito. No obstante, pensamientos despeinados declara que esto es como esperar a Godot. Sí, esperar la revelación de la verdad del ser es como esperar a Godot. Pensamientos despeinados, asimismo, aventura la hipótesis que da razón del porqué de esta espera, de la espera de un super-mega-Acontecimiento que de Sentido en medio de este embrollo de sinsentido. La explicación es lacaniana: la realidad es no-toda, hay una insuficiencia ontológica, la insuficiencia de lo real, la sensación de incompletud de lo real, la causa del deseo. El amor vedría a suplir esta falla ontológica, lo cual es muy bonito (aunque expresado en términos tan irritantemente teóricos las cualidades de lo bonito se pierden bastante) aunque sigue siendo enigmático.
Pero estaba hablando contra la concepción esencialista del hombre. O sea, la pregunta por la esencia de algo es la pregunta "¿qué es?". Sin embargo referida al hombre es una pregunta errónea. Hay que preguntar "¿quién?", no "¿qué?". Si hacemos caso a Wittgenstein las preguntas por la esencia no pueden tener respuesta. La esencia pertenece al plano de lo místico y de lo místico no se puede hablar, así que mejor es callar. El mundo nos ofrece formas, no esencias.
Si algún lector ha llegado hasta aquí, soportando estoicamente estos arrebatos de incontinencia filosófico-verbal, debo advertirle que todo lo que ha leído es producto de su imaginación y alégrese de no convivir conmigo, porque si no tendría que soportar muy a menudo esta clase de arrebatos :)
Una voz narra un cuento con brujas y carreteras que se pierden en la noche. Una voz en la cual las palabras cobran una dimensión mágica. Nos encontramos en una época lejana envuelta en brumas mitológicas, anterior a la escritura, cuando sólo se pensaba en imágenes. Hay una bruja tuerta con un ojo de cristal que viaja en su escoba por una carretera verde fosforescente que se pierde en la lejanía: se ven las paralelas tocarse en el horizonte. Hace frío y un corro de niños asustados en torno a una hoguera escuchan la voz mágica. La voz empieza a narrar: érase una vez una bruja, érase una vez una carretera que nadie sabía a dónde conducía. Y un niño temerario quiso adentrase en el misterio de la carretera. Otro niño tenía miedo de la bruja. Otro niño dijo: las brujas son hadas, sólo que se bebieron la sangre del fruto prohibido. Los niños extraviados salen de su casa por las noches y recorren la extraña carretera verde que nadie sabe a dónde conduce, porque nadie ha vuelto, continúo la voz. Jamás nadie ha vuelto y la bruja sonríe como si supiera algo que todos los demás ignoran, la bruja tuerta con un ojo de cristal.
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Como una llama extinguida o un susurro se asoma la noche y se alejan los coches, por carreteras que nadie sabe a dónde conducen, y el chico ensimismado se asoma a la ventana, se sumerge en el fondo (puede que no haya fondo) de sí mismo, o del susurro de la chica que se alejó por una carretera que nadie sabe a dónde conduce.
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Traté de morder al viento, y el viento me miró con tristeza cuando le dije que él era el culpable de arruinar todas las casas de palabras que yo construía. No soy yo, dijo, es que todas tus casas tienen a la nada por cimientos.
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El cálido roce de una noche de verano me envolvía y dije: somos una máscara de la nada y bailamos alegremente en noches como ésta para espantar a la muerte. Dije esto en la oscuridad, estas palabras de borracho lunático, y era reconfortante decir estas palabras lunáticas al abrigo de la noche.
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Escribir es hacerse eco de lo que uno no puede dejar de hablar, dijo Maurice Blanchot, y también: escribir es participar de la afirmación de la soledad donde amenaza la fascinación.
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Quisiera huir, pero el subjuntivo lo tiñe todo de fantasmagoría y literatura.
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Bailo con la noche, me emborracho con las estrellas que ya no existen, cuya luz, o el eco de su luz, aún nos llega.
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Heidegger: ¿Qué es Metafísica?
Señor S.:¿Y tú me lo preguntas? Metafísica eres tú.
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Cardiología poética: y los corazones, hartos de estar encerrados en el pecho, se lanzaron a la imposible conquista del cielo nocturno.
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Fragmentos del diario de un joven aspirante a poeta, hallados en el cajón de una casa abandonada:
13 de Septiembre de 1928
Sé que hay barcos diminutos navegando en los charcos que formó la estrepitosa tormenta de ayer, sé que sus diminutos pasajeros temen el naufragio que sin duda sucederá. Cuando piso sin querer un charco lloro porque sé que he provocado sin querer una horrible tragedia. Deposito flores en los charcos, me arrodillo y lloro. Mi madre dice que estoy loco. Mi psiquiatra dice que estoy loco. Todo el mundo lo dice. Sin embargo, no es cierto, ellos no conocen, ellos no saben. Si supieran, la inmensa, dolorosa belleza que cabe en cosas tan diminutas como un charco de lluvia...
26 de octubre de 1929
Hoy cumplo 19 años. Laura me besó y yo quería decirle que el mundo más allá de sus labios me parecía un desierto inhóspito. No le dije nada. Luego paseé yo solo por el campo imaginando versos, versos para laura, muy cursis y muy malos. Debo leer más. La poesía es una batalla peligrosa.
30 de noviembre de 1929
Hoy ha nevado. La nieve me gusta: hay sonrisas que suenan como un copo de nieve girando en el aire y ojos que brillan como nieve derretida iluminada por el sol cansado de la tarde y saliva de labios capaz de calentarte fría tardes nevadas.
Y sobre esa pandilla de impresentables hijos de puta lo único que tengo que decir es que ojalá los apaleen a todos.
-Y a mí que lo del macrobotellón me ha hecho muchísima gracia, como si fuera una performance representativa del grado de descerebramiento a que hemos llegado los jóvenes de las sociedades posindustriales...
-Pero te has vuelto un posmoderno, tío, qué te ha pasado, ¿ya no das el coñazo con los de la teoría crítica?...
-Claro, mira, las categorías de progreso, revolución, utopía, han caído, yo no tengo la culpa. Piensa en el genio de Warhol, él solito representa el fin de la modernidad, todas esas construcciones simbólicas han fracasado. Las utopías devienen infiernos totalitarios (la utopía y la libertad son antinómicas, y perdón si le estropeo las ilusiones a algún alma bienpensante y esperanzada) y somos incapaces de imaginar un futuro que no sea catastrófico, si no mira las películas, es una tragedia, pero nos hemos aburrido de la gravedad de esos pensamientos trágicos y nos hemos acomodado en la levedad posmoderna, claro que la levedad del ser puede ser insoportable, no sé si me estoy poniendo demasiado filosófico...
-Bueno, al menos no has citado a Lacan
-Se me pasó. En cualquier caso... ¡¡¡aúpa esos jóvenes franceses en lucha!!! Hay esperanzas, todavía, a pesar de todo, sí, dale.
Eres un tarado, un jodido extraterrestre, te veo caminar por la calle, desgarbado, esquijarado, como arrastrándote... ahí todo delgadito, casi pareces un yonqui, despeinado y con cara como de asombro ontológico, quiero decir asombrado porque las cosas sean, sin más, de eso sólo se asombran los tarados... ¿Y si las cosas no fueran?¿Si nada pasara?¿No has pensado en eso? El miedo a que ya nada sea... En realidad es extraño, no habitar más en la tierra, eso lo dijo un tal Rilke; y otro tarado dijo que estar muerto es fatigoso... Es extraño, un muerto no puede ya experimentar nada... La muerte, el terror a que ya nada sea... Pero estás loco, mira a los demás, no caminan por la calle como perdidos en laberintos abstractos, quiero decir que no caminan por la calle pensando que hay un mundo más allá de lo representable, más allá de las formas, al que la poesía alude sin alcanzarlo, sin tocarlo... la poesía dice: éste es mi amigo invisible... ¿Y cómo corroborar su existencia? A lo mejor no existe, insiste o subsiste... Algo así dice Deleuze... Algo así, porque nunca se sabe. Nadie camina por la calle tan absorvido en sus fantasías introspectivas que ni percibe los semáforos en rojo... Así caminas tú, y si por ejemplo una chica te para para pedirte un cigarrillo te quedas desconcertado, como si acabaras de aterrizar en la tierra, te pones nervioso, siempre te pones nervioso por nimiedades, y balbuecas sí, creo que sí, toma, mirándola con unos ojos incapaces de comprender esa repentina aparición de una persona real en tus laberintos ficticios... Y sonríes como un bobo cuando te da las gracias... A los chicos no les das cigarrillos, que se los compren ellos, las chicas sin embargo te hipnotizan con su poder mental, claro, sí, sus sonrisas hipnóticas... En serio, a veces creo que eres un extraterrestre, paraces alejado de las cosas, de la realidad, como si un velo invisible o una pantalla transparente te dificultara la relación con el mundo, o te la hiciera distinta, no sé, contigo nunca se sabe... No sé, qué complicado eres, taradito... Existes y ya está, tampoco hay que darle más vueltas... Tantas vueltas acabas mareado, ¿y para qué?, ¿ves? Ni tú mismo sabes contestar, tú que tienes contestaciones para todo, por muy absurdas o alucinadas que sean... Porque a veces no te entiendes ni tú mismo cuando hablas, las palabras se te enredan... O se te atragantan, te quedas callado, sólo dices no sé... Sí, se te atragantan las palabras... Sí, claro, se me atragantan, no sé, no sé por qué, pero tampoco es que haya siempre motivos... La gente siempre pregunta por qué hiciste esto o lo otro, y a veces, muchas veces, ni siquiera hay motivos, no lo sabes y punto y sólo hay confusión, pero no siempre es tan complicado... Estuve tirado en la hierba, leyendo, al sol de media tarde, la primavera, estaba muy a gusto, todo era sencillo, corría una brisa suave... Nada más, la existencia absurda se tornaba una experiencia maravillosa... Lo maravilloso irrumpiendo en el mundo de los hechos, lo de Jünger, estaba muy bien... Ya, y luego esos ataques de melancolía, siempre sin motivo... Pero son hermosos, como la lluvia... Si te concentras en escuchar el sonido de la lluvia notarás que el Universo entero compone melodías, ritmos, tonalidades y texturas en que es dulce sumergirse...
-¿Qué tipo de libros te gustaría escribir?
-La verdad es que me gustaría escribir una novela de un tirón, sin pensar, sin esquemas, sin estructura, sin estilo, plagada de reflexiones metaliterarias, citas que no vengan a cuento, un caos apenas contenido por la forma, sin personajes, sólo el narrador, solo ante el peligro, sin grandes acontecimientos. He pensado un título: El botellón que se celebró en la nave de los locos. Ah, podría hacer un libro que consistiera sólo en títulos. Ese sería mi primer libro. Por ejemplo cien títulos; luego tendría que escribir los cien libros. Mi primer libro sería, pues, un libro de libros, una auténtica semilla. Los cien títulos se encadenarían unos a otros, más o menos. No compondrían una narración, o sí, pero exigiría al lector inventársela él, yo sólo propondría el título, y a partir de ahí imaginar una historia
1-El botellón que se celebró en la nave de los locos
2-Debajo del mar se escucha caer las lágrimas de la sirenita
3-Las canciones del sombrerero borracho
4-Llora a mares
5-Barquitos de papel sortean con soltura un tsunami
6-Quemaron la realidad pero no barrieron las cenizas
7-Qué viento tan fuerte soplaba aquel día
8-Días que se consumen como cigarrillos
9-Qué hermosas cenizas flotan en el viento
10-Se ahogaron todos, pero lo pasaron muy bien
11-Visiones de Martin el aprendiz de mago
12-En una vieja cinta VHS se hallaba grabado el Apocalipsis
13-Una explosión, y el Universo se hizo mierda
14-Jacques Lacan baila el twist con la realidad
15-Cómo mola la magia negra
16-Las aventuras de Patricia a bordo de un barquito de papel
17-Tomamos sustancias mágicas que alteraron nuestra percepción
18-¿Qué hacemos en mitad del mar?
19-Con un lápiz trazamos líneas uniendo estrellas
20-¿Dónde ha ido todo el mundo?
21-Visiones e ideas de un loco que se creía Lewis Carroll
22-La historia de cómo el agua se convirtió en nieve
23-El niño de verdad que quería convertirse en un muñeco
24-La ternura de los monstruos
25-No ha dejado de llover desde que te fuiste
26-La novia de Kant se tenía que aburrir mucho
27-El submarinista ciego
28-El funambulista cojo
29-El ataque de los enanos cabrones
30-Heráclito Vs. Parménides, el combate de boxeo más importante de la historia
31-Este libro no es una pipa
32-Pasen y lean y que mañana sea lo que Guttenberg quiera
33-Viajes espaciales sin moverse del sillón
34-Ana, la importancia de llamarse capicúa.
35-Una hormiga egoísta, cosas más raras se han visto
36-Qué atracón de habichuelas mágicas
37-Un barco sin timón echa el ancla en un río seco
38-Qué ojeras tan grandes tienes
39-Peter Parker estudia y trabaja, qué asco de tío
40-Teoría de supercuerdas para enfermos mentales
41-Pop-art y supermercados, una odisea posmoderna
42-El principio de incertidumbre explicado por un niño de cuatro años
43-Viva Trotski, dijo un estalinista antes de ahorcarse
44-Los Nexus-8 eran más sentimentales que los humanos
45-Queremos tanto a R2-D2
46-El aire ha secuestrado tu imagen, veo tu ausencia
47-Palomitas sangrientas, el cinéfilo que mató a los espectadores de Titanic
48-Sobre gustos hay toneladas de papel escritas
49-Nos fugamos por la noche, soplaba el viento
50-Que de chinos hay en el mundo, ¿no te parece?
Bueno, lo dejo en cincuenta. Es un ejercicio muy divertido y muy inútil este de inventarse títulos a tutiplén :-)
Mi descabellado propósito, que algunas mentes obtusas no dudarían en calificar de ridículo e incluso de demencial e inútil, consiste en caminar contra el viento en dirección al horizonte y pisar la línea que divide el cielo y la tierra. Es mi proyecto vital, lo que deseo más que ninguna otra cosa en el mundo. Es como si en el fondo de mi alma (suponiendo que haya un alma y que ésta tenga un fondo) habitara el ancestral deseo de habitar en la ficción, de bailar con los fantasmas y con los recuerdos inventados. O tal vez, también, el deseo de huir, que es un deseo parecido al de desaparecer, sólo que un poco menos radical o un poco más factible. Un revoltijo de deseos desconectados de la realidad. Me lo dicen a menudo, que vivo como desconectado de la realidad. Puede ser, no sé, siempre es un misterio cómo nos ven los demás, aunque también es un misterio como se ve uno a sí mismo. Y el mundo también es un misterio, y también las explicaciones del mundo son misteriosas: todo eso del big-ban parece un cuento de ciencia ficción, sinceramente.
El caso es que nadie lo ha intentado, pisar la línea del horizonte. Dicen que no se puede y se regodean orgullosos en sus ideas claras y distintas, muy racionales ellos. Yo les replico que cómo les es posible vivir pensando de una forma tan aburrida, que parecen pájaros disecados apoltronados en sus sosas (aunque seguramente reconfortantes) ideas preestablecidas, pero me miran como si fuera un tarado, un pobre diablo que no entiende nada. No se puede, dicen, pero yo sigo con las raras fantasías de niño ensimismado incapaz de comprender el mundo, que construye un refugio desde el cual mira caer la lluvia sobre la línea borrosa del horizonte, desde el cual mira esa lejanía sin límites y se entrega con una sonrisa en los brazos del viento.
Sueño con esa lejanía sin límites. Vivo obsesionado con mi proyecto. Me veo a mí mismo llegando un día lluvioso a la entrada de ese mundo, (porque entorno a la línea hay todo un mundo, inagotable) poniendo mis pies sobre los contornos desdibujados de esa fantasmal geometría, de esa línea que huye, que se aleja sin moverse, ajena a mis deseos, ajena y enigmática como una estrella brillando solitaria en el cielo de la noche, con su silencio estremecedor. Es como si un fantasma moviera la línea del horizonte, o mejor, como si la línea misma tuviera propiedades fantasmales o fuera la constatación de que lo fantasmal y lo real están anudados, de que conviven en el mismo plano, como sobre la cinta de Möbius, y separarlos mediante una línea que no se puede traspasar fuera una falacia, una falacia que hemos aceptado sin más ni más durante mucho tiempo, pero una falacia al fin y al cabo, como si entre estos dos mundos, lo fantasmal y lo real, hubiera innumerables vías de comunicación, un desfile incesante de viajeros que van y vienen de un mundo a otro, como si lo real fuera, directamente, indistinguible de lo fantástico.
Lo que quiero es irme a vivir a ese mundo construido sobre los fundamentos de la geometría fantasmal, a ese mundo que es también éste, pero que se nos deshace entre los dedos al intentar asirlo. En el libro Meditaciones sobre la ontología de la geometría y su sustancia fantasmal, se nos dice que las líneas, curvas, triángulos, paralelogramos, hexágonos, pentágonos, cubos, cilindros y esferas no viven en el espacio abstracto y muerto, sino en el espacio vital, poético, cambiante y borroso. Un espacio donde la niebla es el vaho de los fantasmas.
P.D: la atmósfera musical de este cuento, el espacio soñado objeto de deseo, es Vespertine, de Björk. La música es matemática fantasmal. Imaginen el sonido de la lluvia. Por cierto, los videos de Björk son de mis obras de arte preferidas, sin duda.
Dije: quizás. Hay cosas que vamos a ignorar para siempre. Son los lìmites del pensamiento màs clarividente. Lo màs que se pueden hacer son deducciones, como en una geometría de contornos fantasmas... Fijate que papà tenìa ese buen carácter, por un lado, y por otro el miedo al futuro, la preocupación: una cosa era el precio de la otra. Y vos por tu parte: la despreocupación, la falta de temores de un verdadero lirio del campo, pero tambièn depresiva, melancólica, siempre al borde de la crisis nerviosa. Son cuatro mitades de las que dispuso mi cubilete genético, para armar y rearmar a gusto un hombre... Podría jactarme de haber heredado lo bueno de los dos, de pagar el bien con bien. ¡Si fuera tan fàcil! Las geometrías tambièn se complican, se llenan de curvas. Recièn decìa que sentìa como si una de mis mitades se hubiera evaporado, y el vacìo se redujera a reflejar lo que quedò. Ahì veo el embrión de una historia de fantasmas, ¿no? La vida y la muerte como mitades. Lo malo es que en mì todo se hace teórico, filosófico. Tan lleno estoy de lógicas retorcidas que cosas tan simples como la alegrìa o e goce de la vida se me hace imposible alcanzarlas sin un rodeo por las historias, por los fantasmas.
César Aira, Madre e hijo.
Se puede leer entero en http://www.madreehijo.blogspot.com/
Aún no he leído mucho de Aira, pero presiento que no tardaré en unirme a la tribu de sus admiradores. Dijo algo así como que si no podía ser el escritor más genial, trataría de ser el más raro. Raro en el buen y mejor sentido, raro como Vila-Matas (Bolaño dijo de que el único escritor con que se podía comprara era, precisamente, Vila-Matas). También dijo que se hizo escritor para que lo dejaran seguir leyendo en paz. Mucho mejor leer.
Leo por ahí: todo tiene un por qué en mis sueños. Mentira cochina y mentira podrida. Sólo existe el azar, y eso lo sabe cualquiera que haya leído a Paul Auster ignorando olímpicamente la aburrida y mala literatura de Freud.
Marcel Duchamp: soy un hombre sin inconsciente.
Roland Barthes:Vida/Muerte: el paradigma se reduce a un simple clic, el que separa la pose inicial de la copia final.
La "/" es el clic (words, words, words) y el resto es silencio.
Pero no sólo no hay un por qué en los sueños sino que tampoco lo hay en la vida. En la vida hay un porque.
Si porque sí no es una respuesta entonces la conclusión se adivina (fatalmente o no) en... ¿el horizonte? No sé dónde pero se adivina: no hay respuestas, el final de El Proceso no deja el más mínimo resquicio de esperanza.
No obstante Derrida nos enseñó que quizá es el nombre de la esperanza.
P.D: acabo de releer lo que he escrito y he caído en la cuenta de que es un disparate mayúsculo. Lo de "La "/" es el clic (words, words, words) y el resto es silencio" está mal. Sería: words, words, words/silencio. Vida=palabras/Muerte=silencio. Sólo que el silencio no existe (Pizarnik dixit). El clic es enigmático (ontológicamente enigmático, para ser más precisos y más pedantes (por cierto, la pedantería puesta en un escenario y vista a través de un prisma irónico se torna una forma de humor absurdo (tengo que pensar está teoría más detenidamente pero creo, modestamente, que es cierta, y no se descarta la posibilidad de escribir un texto irritantemente pedante que, si todo sale según lo planeado, deberá provocar carcajadas tan fuertes que desemboquen en lágrimas, auque lo más probable es que sólo me ría yo y dos o tres tipos con una arquitectura neurológica irremediablemente disfuncional. Quiere decirse que yo me reí de lo lindo cuando me enteré de que un tipo había vendido una obra que se llamaba mierda de artista y la obra era, literalmente, la mierda del artista, enlatada y pesada, en cada lata figuraban los gramos de cada cagada. De hecho el profesor de teoría del arte preguntó si eso nos parecía arte o no. Los estudiantes de bellas artes dijeron que no. los de filosofía que sí, que era arte, no arte bello, claro, sino una mierda de arte, pero, por supuesto, arte, ya partir de ahí siguió una conversación más bien cómica y absurda y brillante en que los estudiantes de bellas artes escuchaban aterrados un discurso que amenazaba con hacerse interminable sobre el concepto de arte. Pero el arte no es eso, dijo una joven e ingenua estudiante de bellas artes, sin percatarse de que se hallaba rodeada de una secta de fanáticos que veneraban los conceptos, para los cuales todos los problemas son conceptuales, empezando por el concepto de problema y también por el de empezando. Precisamente ese es el problema que llevamos media hora discutiendo, qué es arte y qué no es, y tú opinión nos importa una mierda, y perdona que nos alteremos, pero es que el plano de la doxa nos la trae floja))) por cuanto uno no es consciente, el clic no acaece; igual que al dormir: despierto/dormido. ¿Y qué coño pasa con el cilc? ¿Dónde se mete esa condenada "/"? Entonces, concluimos, la muerte no es un acontecimiento de la vida. Y este desconocimiento nos sume en la perplejidad. El ser-ahí es un ser-para-la-muerte (Heidegger). El ser ahí, es decir, pura y absurda facticidad. Arrojados a la existencia, qué cosas, madre del amor hermoso. Un simple clic, dice Barthes. Uno podría pasarse la vida pensando sobre el clic y sus lados y no averiguar gran cosa. La vida la escribe doce monos borrachos dando golpes al azar sobre un teclado situado en las alturas de los cielos y uno se muere cuando, también por azar, un mono golpea sin querer en el punto final. Mientras tanto tenemos algunos puntos y seguido, algunas comas, algunos verbos y algunos adjetivos. Tampoco está tan mal, no se angustien, coman napolitanas de crema, yo llevo toda la semana comiendolas in parar y les aseguro que están muy buenas.
P.D: acabo de releer la posdata anterior (en realidad no, me da pereza), y creo que paso demasiado tiempo frente a la pantalla del ordenador dando rienda suelta a mi diarrea mental... arrghh, qué asco, por qué diablos utilizaría el término diarrea, qué mal gusto. Mejor lo llamaremos pajas mentales. A algunas personas le molesta este tipo de masturbación y dicen cosas del tipo: no te rayes. Incomprensible. El estreñimiento mental es mucho peor, es decir, me parece una flagrante falta de respeto a las palabras sacarlas con esfuerzo y con el rostro contraído. Dejemos que las palabras dancen alocadamente y se estrellen y se descojonen de risa y griten enfurecidas y se pierdan en laberintos y se encuentren y formen una hoguera, por ejemplo. Una hoguera estaría bien, así nos sentaremos y escucharemos y contemplaremos fascinados el fuego. No sé si ha quedado claro lo que he querido decir. En realidad no sé si he querido decir algo. Tampoco tengo claro que haya que decir las cosas claras. A veces las cosas claras son oscuras. A veces se ve más en la oscuridad. En la noche (Novalis lo sabía) los objetos del mundo despiertan y hablan un idioma diferente y mejor. La noche deja ser a los objetos lo que son. Hay un río incesante de murmullos que encantan los oídos, sólo hay que prestar un poco de atención.
P.D: lo dejo ya (hacía tiempo que no me enredaba yo sólo hasta el punto de no saber si lo que transcribía (sí, transcribía, las palabras de un niño tonto cuyos ojos veo brillar ahí afuera, está subido a un árbol, a un árbol frágil azotado por los vientos) era el discurso de un idiota o si lo que en realidad sucede es que nadie sabe la diferencia entre un genio y un idiota).
P.D: queridos lectores fantasma, necesito su opinión. ¿Este post es obra de un loco o de un cuerdo? Aunque a mí Freud me chupa un pie. :-)
Aquel mechero hijo de puta no encendía ni a la de tres. Busqué cerillas y pude, por fin, prender mi cigarrillo. Me dije que el Coronas rubio es una mierda de tabaco pero que, en fin, era el tabaco que tenía y no iba a desperdiciarlo. La luz incierta de la tarde, el humo y la música melancólica que había puesto me acunaban y me protegían, y así podía yo abandonarme libremente a un delirio sereno de pasividad total, a no hacer absolutamente nada más que escuchar música y fumar y contemplar a través de la ventana empañada la luz incierta, esa luz que es como un ronroneo de ensueños, como unos dedos acariciándote, como una sonrisa deshecha o como una sonrisa de enamorado tonto y feliz. Aplasté el cigarrillo. Me puse a cantar delante del espejo, haciendo muecas, imitando a Tom Yorke. Incluso me tiré por el suelo y rompí una guitarra imaginaria. Acabé agotado, pero mereció la pena, el público me ovacionaba. Dije thank you y me retiré a beber unas cervezas con los músicos. Al final, como no podía ser de otra forma, acabamos muy borrachos y muy felices. Uno de los músicos me pasó un porro de marihuana y, dada la extraordinaria sensibilidad de mi organismo en cuanto a asimilar tetrahidrocanabidol se refiere, no bien hube dado dos caladas, mis ojos empequeñecieron y enrojecieron y empecé a reírme como un muñeco al que le han dado cuerda y no puede parar. Ya me veía como atracción en una feria ambulante: pasen y vean al hombre que ríe. Me reía tanto que me entró un acojone tremendo, ¿y si ya nunca puedo parar de reír? Reía tanto que las lágrimas me saltaban de los ojos. Reía tanto que me parecía que Dios era un humorista omnipotente y había creado el Universo con el único fin de que nos riéramos sin parar. Acabé agotado de tanto reír. De repente paré, respiré hondo y noté cómo el sueño, dulcemente, me atrapaba. El sueño era el mar y yo viajaba a su encuentro atravesando ríos de tetrahidrocannabidol.
Fuera lo que fuera, yo detestaba a John Claverhouse. No es que me hubiera hecho alguna de esas cosas que la sociedad considera trastadas o jugarretas. Nada de eso. El mal era de un tipo más profundo, más sutil, tan elusivo, tan intangible, que desafiaba cualquier análisis definido y claro hecho con palabras. Todos experimentamos cosas de este tipo en algún momento de nuestras vidas. Pues vemos por primera vez a determinado individuo, a alguien que ni siquiera soñábamos que existía en el instante anterior; y sin embargo, desde el primer momento, nos decimos: este tipo no me gusta. ¿Por qué no nos gusta? No sabemos por qué; sólo sabemos que no nos gusta. Que lo detestamos. Eso es todo. Y eso es lo que a mí me pasaba con John Claverhouse.
¿Qué derecho tiene un hombre así a ser feliz?
Jack London, Cara de Luna.
Orinar es aburrido y yo siempre supe buscarme cosas en las que pensar cuando vaciar mi vejiga se volvía urgente. Aquel día, como tantos otros, tiré de la cadena antes de terminar y contemplé fascinado cómo el agua y mi orina se mezclaban en un acto creativo semejante al de fundar el mundo o escribir una novela.
Enrique Vila-Matas, Extraña forma de vida
Soy un tipo sumamente peligroso: odio a las parejas que salen de los cines y por las noches leo, borracho como una cuba, relatos de Edgar Allan Poe. Lo digo completamente en serio, soy un tipo verdaderamente siniestro. Cuando leí Platero y yo me dieron ganas de matar al burrito tan suave que se diría todo de algodón. Me reí a carcajadas, sin embargo, leyendo ese relato de Jack London en que un tipo irritante, una especie de Ned Flanders, con cara de hogaza de pan, llamado John Claverhouse, molesta al protagonista por el mero hecho de existir. ¡Valiente nombre, Claverhouse! ¡Y esa cara, insoportable! El protagonista le asesina. Aplaudí a rabiar.
Como les decía, soy un peligro ambulante, pura dinamita a punto de estallar; insulto a las viejas que se ríen en los cines y no me dejan escuchar la película, por ejemplo. Otro rasgo de mi carácter diabólico se puso de manifiesto cuando, al terminar de ver Mar Adentro, rodeado de aquella panda de lloricas, yo me puse a gritar que Amenábar nos había traicionado, que dónde estaba el autor de Tesis, que aquel bodrio infumable y sentimentaloide plagado de moralina barata no lo podía haber rodado él, que sin duda Amenábar había muerto y un impostor se hacía pasar por él. Los conmovidos y bienpensantes espectadores de la sala me miraron como si estuviera loco, cuando sólo estaba diciendo la verdad, que Mar Adentro es una mierda de película y que la indignación moral es, normalmente, la máscara con que se cubre el idiota.
En fin, soy un tipo sumamente peligroso: uno de los momentos más felices de mi vida fue cuando en La Guerra de las Galaxias el emperador declara el primer imperio galáctico. Y me enamoré perdidamente de la reina Borg en Star trek: Primer contacto.
Soplaba un viento feroz la noche en que decidí salir a dar un paseo e inexplicablemente me perdí entre las calles de mi propia ciudad. Violentas ráfagas de viento sacudían de vez en cuando el silencio cada vez más denso en que se sumergía la ciudad. Ya no quedaba gente, era muy tarde, todo estaba cerrado. A lo lejos escuché el sonido de unos tacones, que llegaba en sordina. Probablemente alguna mujer pantera que quería matarme… No, porque los tacones se desvanecieron en la noche y nuevamente el silencio lo invadió todo, un silencio aún más denso, más amenazante, casi como un grito ahogado. Prendí un cigarrillo y traté de serenarme. Traté de serenarme pero lo cierto es que cada vez estaba más nervioso. Caminaba muy deprisa, reconocía las calles, pero había pequeños detalles, casi imperceptibles, pequeños detalles que producían un halo de extrañeza, una atmósfera de cuento de terror que se superponía a la familiaridad de esas calles por las que transitaba a diario, una amenaza sorda que ya había sentido antes, cuando era pequeño y todas las noches sufría pesadillas y me despertaba y la luz del pasillo ya estaba apagada y corría a la cama de mis padres. Pero ahora estaba despierto y ya no era un niño asustadizo. Había salido a dar un paseo y me había perdido. Prendí otro cigarrillo, traté de serenarme. Decidí caminar y caminar, sin más, sin pensar en encontrar el camino de regreso. Tal vez el camino de regreso, sencillamente, no exista. Me froté los ojos, miré alrededor: nadie, calles vacía, bares cerrados, ni siquiera coches atravesando el asfalto húmedo, sólo silencio, el aullido de la nada, una pesadilla infantil. Alguien ha apagado la luz del pasillo.
El trastornado de Kafka quería irse a una cueva para poder escribir sin que le interrumpieran. Nunca se está lo suficientemente solo para escribir, decía. No es sorprendente, teniendo en cuenta los inquietantes rasgos vampirescos de la jeta kafkiana, ese extravagante deseo suyo de recluirse y escribir, en total soledad, de escribir y nada más. El caso es que yo no soy Kafka y ahora mismo no paran de interrumpirme, que si ven a cenar, que si se te enfría la cena, que si Sergio deja ya el ordenador, no te llamamos más. Yo les contesto: Kafka os odiaría, no sabeis cuánto le molestaba que le interrumpieran cuando escribía. Así que otro día escribo, cuando me recluya en la cueva kafkiana y nadie me interrumpa escribiré, no sé qué, pero escribiré. Otro día, hoy preferiría no hacerlo
Llevo varios días sin leer literatura. Antes de dormir leo El Ser y el Tiempo. Varios días así. No puede ser sano. Sueño con la historia de la ontología destruida y con un prado soleado en que los presocráticos juegan al corro de la patata. Heidegger se pasea vestido con una túnica blanca pensando en cómo preguntar la pregunta que interroga por el ser. Zenón de elea no pasea porque para él el movimiento no existe. Aquiles no alcanza a la tortuga.
No puede ser sano. Es un libro peligroso. Deberían advertirlo: puede provocar irritación, desesperación, mareos, etc. Cuando usted se convierta en un experto en ontología fundamental será practicamente indistinguible de un chiflado mental que, por ejemplo, insulta a Descartes por haberse encerrado en la conciencia: ¡lo que hay es una retroactiva irradiación ontológica entre el "ser ahí" y el "mundo"!, dirá airadamente y muy seguro de sí mismo. Descartes ya está muerto, no le va a rebatir.
P.D: mañana me toca exponer en clase, de ahí que como lector me haya ido de excursión a los laberintos lingüítico-ontológico-temporal-heideggerianos.