¿a dónde se fueron las nubes rosas? cualquiera diría que el tiempo es un demonio travieso. ahora la noche le sugiere al mundo que descanse, de tanto ser cierto y estar ahí para nada.
me digo que asomarme a la ventana y sentir cómo el viento se posa en mi cara y huye de ella es un interesante experimento para que la conciencia sensorial esté atenta y disfrute del modo más sencillo.
ahora, si el fin del mundo llegara ahora, seguiría escribiendo delante de esta ventana abierta que he convertido en la boca del viento. se está bastante bien y aún no he terminado el cigarro que estoy fumando, así que no me movería. total, si llega el fin del mundo tampoco le veo mucho sentido a hacer cosas.
y ahora, casi parece mentira, la noche invadió ya las calles, una farola amarilla y vieja permanece inmóvil. los árboles se agitan tenuemente. el viento habla, se cuela por la ventana, cuenta secretos al oído.
un pájaro negro se inyecta ahora mismo en una delgada nube rosa. ahora ya no: extraña dimensión, el tiempo.
Qué lejos sigue el mar de nosotros
qué lejos el ser.
Leopoldo María Panero.
tembló el mar como una golondrina cuando por fin comprendimos que no podíamos hacer otra cosa sino vivir
Ana María Moix.
nevó en el mar. y por fin caminé sobre el inmenso hielo hacia la blanca lejanía. una cruz señalaba el lugar en el mapa. crucé el oceáno y ya iba a alcanzar el sol cuando grité de pena y con las uñas abrí hendiduras en la helada capa para ver el mar.
Ana María Moix.
y los hombres morían escuchando la lejana música del mar, sin haber revelado el misterio -que es la perplejidad de existir sin finalidad alguna-, sin haber comprendido que no se trata de apagar el misterio sino de avivarlo, soplando las brasas. y qué lejos, esa estrella igual murió ya, a pesar del empeño de habitar en la luz que no hace daño. tantas noches merodeando alrededor de algo que se escapa, tantas ruinas hermosas atrapando las miradas en sus redes, y las palabras: misteriosas, dementes, desquiciadas, urgentes.
me desperté con la idea de que la espuma del mar es la poesía, el canto del agua y del viento. dejad hablar al viento, ese es el paraíso, decía Pound. y yo flotaba boca arriba y era una noche de verano y estaba solo en la inmensidad del mar; y en esa música frágil, que apenas rompe el silencio al chocar suavemente contra las rocas, temblaba el ser como una niña asustada. en la hora azul, el mundo se deshacía entre mis dedos. caía una sonrisa en el agua, todos los barcos habían partido ya, hacía tanta soledad, cuando el viento nos secuestró y nos llevó tan lejos. sin decir nada contemplábamos el misterio, éramos felices porque en el mar futuro era una palabra que carecía de sentido, y el deseo y la realidad nadaban de la mano hacia ninguna orilla, para siempre iluminados por la lámpara fantasmal.
y clavé mis uñas en la nostalgia para que los fantasmas del pasado, de lo que pudo haber sido, bailaran en mis párpados y me dieran las buenas noches. abrí la ventana. el mar seguía estando tan lejos. el ser se parecía tanto a un barco destartalado, azotado por la tormenta. entonces prendí el último cigarrillo, que me provocó una pequeña arcada, y aspiré el frescor nocturno. a lo lejos se insinuaba un deso confuso que hería el ser, y al lado un mar tan sereno que parecía capaz de abolir el miedo.
es mucho más importante contar una historia que escribir bonito, leo en un libro, un especie de manual para aspirantes a escritores. el libro parece escrito por una niña de doce años muy cursi y medio subnormal. deprimente. tu lector es un ser pensante capaz de sentir la misma gama de emociones que tú, dice. esto está muy bien, es un afirmación importante, muy necesaria porque al parecer hay escritores que creen que sus lectores son perros que no piensan o vulcanianos como Spock que no entienden las emociones humanas. la ficción reproduce la realidad y la vida. no estoy de acuerdo. luego la autora, que posee el secreto de cómo escribir buenos libros y además es tan bondadosa que nos lo cumunica sin más, en lugar de ocultarlo y aprovecharlo como haría cualquier aspirante a escritor (la ética de todo aspirante a escritor hay que ponerla siempre en duda), nos cuenta cómo en bachillerato sacaba sobresalientes en literatura y lo mucho que se esforzaba. los escritores son niños buenos y aplicados, Burroughs y esa gentuza unos drogadictos tarados, no traten de imitarlos. luego dice que hay que escribir para ofrecer una especie de terapia a los lectores. arrhgg, lo dejo, es el libro más deprimente que he leído nunca. todos somos individuos, y a la larga vamos a hacer las cosas a nuestra manera muy particular. observación agudísima, sin duda. es curioso que una escritora que se atreve a decirte cómo hay que escribir escriba tan mal, a medio camino entre los libros de autoayuda y las recetas de cocina. y que además te quite las ganas de escribir, al recomendarte que describas una habitación y luego la compares con la descripción, para ver el grado de detalle que has logrado. un libro deprimente, todo lo contrario de esos libros que le gustan a Holden Caufield, que cuando los terminas piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarlo por teléfono.
P.D: el libro se titula quiero ser escritor. si lo ven en una librería, lo más sensato es ponerse a gritar Bolaño por qué nos has abandonado, mira lo que dicen estos tarados
fumando un cigarrillo, escuchando a Radiohead, la vida pasa, gestos repetidos, un fallo de esos en matrix, ciencia ficción y misticismo barato: ¿cómo se las arreglará la conciencia para fluir sin soporte material? no, es absurdo, y estados de ánimo manipulados, y el tiempo por detrás... yo caminaba, un paseo a lo Robert Walser, sólo que era de noche, calles vacías, y me despedía de algún lugar y mi cerebro procesaba, feliz, un poco de tetrahidrocanabidol, y debía de estar loco porque me fingía un marinero en alta mar explorando lugares remotos, era la última noche allí y era una despedida feliz... el tiempo, nadie sabe lo que es, un concepto extraño, pero pasa, el tiempo no se detiene, nunca... la memoria, sólo se recuerdan instantes... y el tiempo por delante, lo posible o un temblor de estrellas erizándote la piel, un susurro del viento... lo inalcanzable... y el dibujo de una guadaña al fondo -de la que nadie habla, porque es tabú, no se puede decir, no digas muerte porque los transeúntes andan buscando la inmortalidad en el Corte Inglés y saben que la felicidad es el dinero y comprar cosas y si dudas estás loco o algo peor, eres un soñador o un utópico, o sea un tipo medio idiota- debajo del cual alguien ha escrito hay que llegar al fondo de todas las cosas... los árboles verdes, incapaces de sacudir el cielo gris, alargan los dedos como catedrales góticas, el olor a tierra mojada, la ventana abierta... las miradas que danzan enredadas con el viento...
la que se quiebra
de tanto deseo de lo que no existe.
Ana Wajszczuk, La petit fille litteraire.
la princesa triste cae,
y es hermosa su caída
como robar en la ciudad prohibida,
de la que no existen mapas y tal vez
ni siquiera la ciudad exista, como
adentrase en sus laberintos sin lámparas,
a oscuras y temblando.
la princesa cae desde lo alto de la torre
-y en sus ojos suena la hora azul-
flor marchita, caída en la acera,
su vestido de estrellas rotas se hunde
en un charco,
y su cabeza mareada de tanto alcohol
mira los rostros que parecen fantasmas
desvaídos, gente
que no existe,
-todo parece falso, irreal-
o tal vez la vida es una película proyectada
que nadie más ve, cuadros extraños
que su mente dibuja
y piensa en el fantasma, el ghost
que le susurra, a ella, máquina deseante
y errante, perdida,
herida bajo la luna
suspendida en el aire, ajena a todo, fría y lejana,
parece una barca entre aguas negras
a punto de ser deborada por cocodrilos
de uñas largas y amenazantes,
y princesa grita, asustada, mientras
se levanta del charco, tengo una moneda
para pagar al barquero cuando esté muerta, por favor,
no quiero visitar a Hades
y se ríen de ella los que la observan a la salida del bar
y es triste, en cierto modo.
princesa se enfada y agarra un botella vacía
y se la lanza a la cara y corre
calle abajo -frágil relámpago desbocado-
vidrios rotos, esparcidos por el suelo,
princesa cae desde la torre más alta,
en el silencio atronador de sus ojos mudos
canta la canción azul
que suena a trenes despidiéndose,
la canción de la lluvia invisible
que suena muy bajito y a oscuras.
la princesa triste desaría un camuflaje termo-óptico
para ocultarse de las miradas morbosas
que disfrutan del espectáculo de su triste decadencia,
y descargar su memoria para que la devoren los pájaros
que tienen dientes y ladran, ser moridada por el olvido
que se le escapa del fondo de los vasos vacíos,
y gritar hasta hallar una línea de fuga del espíritu.
no sé si les conté la vez en que llamé a J.D. Salinger por teléfono. bueno, en realidad casi no nos dijimos nada. a ninguno de los dos nos gusta hablar por teléfono. yo llevaba puesta mi gorra de caza roja, con orejeras, que compré por un dólar, pero no pensaba cazar a gente ni matar a Lennon ni nada, no se crean. pero como les iba diciendo, le llamé por teléfono y casi todo el rato estuvimos en silencio, preguntándonos a dónde irán los patos del estanque, cuando este se hiela por el invierno. luego el dijo: Jo!, y yo dije: lo sé. y luego gritamos: que durmais bien, tarados! de verdad.
pues no se me ocurre nada que escribir... deben de haber hackeado mi ciber-cerebro los terroristas de las grandes corporaciones, que han invertido en la investigación de micro-máquinas, y no pueden consentir que se desvele la verdad: que la esclerosis ciber-cerebral se cura con la vacuna de Murai (lo siento, he visto la serie de Ghost in The Sell en dos días, entera, 26 capítulos). Aería Gloris.
algún día seremos cyborgs...
ah, la cita de El Hombre Sonriente está sacada del capítulo 25 de El Guardian entre el Centeno, donde dice: lo que haría sería hacerme pasar por sordumudo y así no tendría que hablar. Si querían decirme algo, tendrían que escribirlo en un papelito y enseñármelo.
yo veo la palabra desesperación y la asocio con un estudiante ruso sin dinero en una pensión de mala muerte que recorre las calles de una ciudad inhóspita en la que todo el rato llueve y las nubes son la imagen perfecta de que algo está a punto de pasar, una sensación de inminencia en la que se entremezclan placer y terror, y el estudiante pasea con las manos en los bolsillos y bebe vino del malo y se inventa dramas para no ceder a la maldita y tediosa normalidad; veo la palabra noche y la asocio a unos ojos tristes observando desde el otro lado de las cosas, una mirada perdida al otro lado del espejo que vaga sin rumbo, desgarradoramente comprensiva, sonrisa triste, tristeza erótica; veo la palabra silencio y la asocio inmediatamente a una supericie inmensa y desierta de nieve, una nieve blanquísima, abrumadora, en la que parece que el tiempo no transcurre; veo las palabras entrelazadas por imágenes que componen un pequeño y complejo mundo aislado de la realidad, un mundo en miniatura como una casita de mentira, de juguete, una casita frágil pero hermosa, una guarida para un fantasma, para que el fantasma cante su canción idiota una y otra vez, decorada con marionetas que desde el tejado esperan a que llegue la noche, ebrias de una melancolía de ginebra azul, felices de estar tristes, y con precipicios en los que rugen tormentas furiosas, vientos con manos de hielo que congelan las gotas de ansiedad y sudor de la frente, un mar de una serenidad perfecta y, por lo tanto, irreal, un oceáno mar inventado por Alessandro Baricco, un pequeño mundo en el que un insomne que fuma un cigarrillo en la ventana abierta al silencio de la noche, -silencio cuya imagen no es la de la nieve sino la del espacio infinito, esa necesidad faústica de seguir imaginando espacio más allá de lo que nos permite el límite impuesto por la luz, y que por eso podemos llamar la transparencia oscura de la noche- espera, un pequeño mundo en el que también hay hojas frágiles, zarandeadas por el viento, por el azar, hojas que mueren jóvenes, con el destino roto, único destino que se realiza completamente porque si no el tiempo lo corrompe, lo vulgariza, es inevitable... tal vez por eso hay tanto tarado adolescente por ahí idolatrando músicos suicidas, lo cual puede que no sea bueno, es más, inclusive puede ser peligroso... sin embargo los criterios estéticos, para mí, prevalecen siempre sobre los morales, quiero decir que si una novela está bien escrita, que haya violencia y drogas y sexo y perversiones y nihilismo no es un criterio válido para juzgar su valor, si está bien escrita, digo, hay algo que te sacude, y esa sacudida, que no acertamos a descifrar, sólo pueden lograrla algunos, los letraheridos temerarios
al final queda una calle vacía, y llueve y hace frío y un chino negro toca el saxofón amparándose del chaparrón bajo un puente viejo por el que apenas pasan coches como lentos y raros barcos perdidos en la niebla, que se alejan entre la música monótona de la lluvia, despidiéndose de alguien -pañuelos en el viento, una estación abandonada, viajeros perpetuos.
me aprobaron historia de la filosofía contemporánea (sin entender a Fichte pero hablando mucho sobre la autoposición del yo y el sujeto trascendental: supongo que en realidad nadie entiende a Fichte y el profesor premia a los alumnos que aparentemente hablan un idioma extraterrestre con algo de soltura) y me suspendieron Teoría del conocimiento (el mejor examen que he hecho en mi vida). la primera la estudié el día anterior por unos apuntes manifiestamente mejorables (no por los míos, que eran manifiestamente escasos y además andaban perdidos en algún agujero negro de mi escritorio). la segunda la llevaba preparada (y esta vez los apuntes eran muy buenos: hasta tenían fecha y estaban numerados, que eran cosas que yo desconocía se pudieran hacer con unos apuntes; y el trabajo se suponía que era optativo, so zorra). así pues, dudo seriamente de la cordura mental de mis profesores, que me suspenden de lo que me sé y me aprueban de lo que a lo sumo tengo una vaga idea flotando entre mis brumas neuronales. el de teoría del arte no me aprobó a pesar de que me pasé el curso diciendo que Duchamp era un tío genial y que Mondrian no servía únicamente para decorar tazas y fui a un montón de cursos sobre nuevos romanticismos, sobre arte y tecnología, etc. bueno, el caso es que no me presenté al examen ni hice el trabajo (porque no me decidí: teoría de las vanguardias, del arte objetual al arte de concepto, la teoría de la recepción, experiencia estética y hermeneútica literaria, la estética de Adorno, la estética de Hegel, literatura y posmodernidad, la estética de la destrucción en L.M. Panero, Alejandra Pizarnik, y seguramente algún tema más se paseó por mi dispersión neuronal). el notable en filosofía de la cultura se debe a que el profesor es de león y nos reimos mucho cuando se mete con los periodistas y los psicólogos (sus archienemigos) y nos advierte que tengamos cuidado con los que estudian matemáticas porque su nivel de chifladura es de diez elevado a la doce comparado con el nuestro. el tipo está absolutamente loco y es un catedrático cascarrabias que prácticamente te insulta si no te sabes de memoria el Ser y el Tiempo, o si no dices "el gran" antes de pronunciar Ortega, o no adoras por encima de todas las cosas a los filósofos alemanes (los franceses son unos dandys del lenguaje nada serios y, por supuesto, ni se te ocurra pronunciar la palabra posmodernidad, o empieza a dar gritos y a golpearse la cabeza contra la pizarra mientras dice Kant que estás en el cielo de los sabios, perdónalos porque no saben lo que dicen por culpa de la televisión). en fin, nunca jamás seré un buen estudiante... pero a la superconciecnia cósmica del universo pongo por testigo de que algún día terminaré un trabajo a tiempo.
P.D: he observado que en algunos blogs la gente cuenta cosas de estas en lugar de hablar de marionetas existenciales anhelando traspasar el cielo de las noches estrelladas, y me he apuntado :)
once grupos absolutamente fundamentales e imprescindibles (de más o menos los 90):
At The Drive-In
Radiohead
Los Planetas
Sonic Youth
Pixies
Nirvana
Rage Against The Machine
Interpol
Tool
Smashing Pumpkins
The White Stripes
nunca vayan al cine a ver una comedia española. nunca, por lo que más quieran. sobre todo si sale Santiago Segura. repito, para que quede claro: si sale Segura no entren a la sala. darse cabezazos contra las paredes, gritando dios, por qué nos has abandonado, es mucho más divertido que ver comedias españolas, y el cerebro, indudablemente, sale mejor parado. si alguna vez sienten ganas de ver comedias españolas, vean antes cualquier película de los Monty Phyton o de Woody Allen. tragarse la filmografía completa de Ingmar Bergman o de Eric Rohmer es mucho más divertido que una comedia española. sentarse a ver cómo crece la hierba es mucho más interesante. las películas de Cronenberg son mucho más agradables. El vengador tóxico tiene un guión más inteligente que las comedias españolas. nunca vayan al cine a ver comedias españolas, por lo que más quieran. si se trata de musicales sobre los lados de una cama, huyan aterrorizados gritando que a partir de ahora sólo verán cine dogma y hagánse fanáticos de Lars Von Trier. si hay unos tipos buscando el oro de moscú, por favor, apaguen la tele (si la están echando por la tele), y juren solemnemente no volver a ver una comedia española, sobre todo si sale Segura. si la película la dirige Alex de la Iglesia, pueden verla tranquilamente (es decir, El día de la Bestia mola, aunque salga segura, que en este caso no cuenta; no se modifica la regla general).
por aquella época él andaba con toda su panda de marginales y medio drogadictos que se creían muy originales y muy intelectuales, pero lo cierto es que más bien parecían un grupo de niños asustados y muy confundidos, y probablemente eso es lo que eran. leían mucho, eso sí (libros robados), pero no entendían ni la mitad de lo que leían. yo, la verdad, que no entendía ni el diez por ciento de lo que decían, siempre con esa sonrisa burlona, todos, como niños traviesos, como si su forma de entretenimiento consistiera en burlarse de la gente, y se burlaban de todo el mundo. decían que eran unos shandys que se comportaban como niños irresponsables y como perfectas máquinas solteras y unos hipersensibles con la típica insensibilidad social de los hipersensibles. a mí, la verdad, todo eso me parecía una sarta de sandeces, eran unos andrajosos impertinentes y unos ignorantes muy atrevidos, eso es lo que eran, a pesar de lo cual no pude evitar cogerles cariño, la mayoría eran huérfanos o hijos de padres alcohólicos, y yo, en cierto modo, actuaba como su protector, aunque me desquiciaran los nervios y todo el rato nos estuviéramos peleando. pasaban las noches de bar en bar, discutiendo sobre cualquier cosa a gritos, entre un caos de risas e incoherencias. odiaban los libros de autoayuda y las listas de ventas y amaban las sombras de las poetas suicidas. pronto me uní a sus salidas nocturnas y poco a poco su visión delirante del mundo me empezó a parecer bastante atractiva. trataba de que se drogaran menos y pensaran un poco más en el futuro, eso sí, y también trataba de inculcarles algunos principios morales, que robar estaba mal, que no podían insultar a la gente sólo porque comprara El Código Da Vinci, que por qué no estudiaban más, en fin, todas esas cosas que se supone los más mayores debemos enseñar a los más jóvenes. aunque, la verdad, no me hacían mucho caso. "insultando a la gente que compra engañada vilmente por estrategias comerciales libros de mierda cumplimos una función socio-cultural imprescindible", decían, y se reían. decían cualquier cosa, y se reían. era muy difícil saber si hablaban en serio o no.
por aquella época él aún parecía una persona normal. un poco diferente, eso sí, siempre ensimismado y hablando de aquella forma tan peculiar, sin mirarte a los ojos, muy rápido y casi sin pronunciar. era muy difícil seguir su discurso, es cierto, siempre lo fue, pero aún mantenía cierta coherencia en aquella época. luego se fue, nadie supo nunca a dónde. se fue sin decir nada, sin despedirse de nadie. regresó al cabo de cinco años, y ya su mirada no era la misma. antes parecía vivir en su propio mundo. ahora parecía haberse mudado definitivamente a él, y no parecía tener ninguna intención de regresar. sus intereses cambiaron. ¿sigues leyendo?¿te presto un libro de Robert Walser? te gustaba mucho El Paseo, ¿recuerdas? pero ya no contestaba, miraba como si la pregunta fuera la estupidez más grande que se hubiera formulado jamás. ahora estaba obsesionado por las dimensiones del espacio. no hablaba de otra cosa. imagina dos monedas, en un mundo de dos dimensiones, una cara y otra cruz; si las monedas tuvieran acceso a un mundo de tres dimensiones, se darían cuenta de que son iguales. ahora piensa lo que sucede en nuestro mundo de tres dimensiones, mírate al espejo, eres un objeto incongruente, tú izquierda allí es la derecha. el espacio tal vez tenga otra dimensión que desconocemos. o muchas otras. necesito tiempo para poder imaginar un mundo con más dimensiones, aunque esto es casi imposible, o del todo imposible, no sé, necesito aprender matemáticas. también hablaba de la belleza y la extrañeza de las geometrías no euclidianas y sus fantásticos triángulos que exceden los 180º. en fin, sus amigos, que empezaban a calmarse un poco y a pensar en el futuro, planeando trabajar de traductores o profesores de literatura, se extrañaron y se preocuparon, trataron por todos los medios de que volviera ser como antes, le hablaban de libros, de cine, insultaban a Paulo Coelho y a millones de grupos de música, se reían, se emborrachaban con él, pero nada, era inútil, seguía con su pinta de autista, hablando de espacios curvos, tiempos relativos, sistemas inerciales, indeterminaciones cuánticas, partículas que estaban en dos sitios a la vez, burlándose de las leyes lógicas, principio de incertidumbre, el Gran Atractor, supercuerdas, sistemas alejados del equilibrio y un montón de cosas extrañas más.
era el más pequeño de la pandilla de jóvenes trastornados que pretendían transgredirlo todo a base de cervezas y marihuana y lecturas indiscriminadas. murió hace dos años. los demás malviven como pueden. aún se emborrachan y discuten a gritos y se ríen, y le recuerdan, lo llaman el primer mártir de la física teórica y genio incomprendido. lo último que dijo fue que alguien nos observaba desde otra dimensión y que estaba trabajando en una máquina capaz de manipular los átomos. dejó montones de páginas escritas en las que habla sobre puzzles de dimensiones indeterminables y de laberintos temporales y unos veinticinco ensayos sobre el cuento de Borges, la Biblioteca de Babel, dibujos con relojes y trenes flotando sobre el Universo. hoy es considerado un gran surrealista. ningún físico lo tomó en serio. los chiflados y los fans de Star Trek lo consideran un autor de culto.
La mejor banda
si tuviera que asaltar el banco más vigilado de Europa y si pudiera elegir libremente a mis compañeros de fechorías, sin duda escogería un grupo de cinco poetas. cinco poetas verdaderos, apolíneos o dionisiacos, da igual pero verdaderos, es decir con un destino de poetas y con una vida de poetas. no hay nadie en el mundo más valiente que ellos. no hay nadie en el mundo que encare el desastre con mayor dignidad y lucidez. son, en apariencia, débiles, lectores de Guildo calvacanti y de Arnaut Daniel, lectores del desertor Arquíloco que atravesó un campo de huesos, y trabajan en el vacío de la palabra, como astronautas perdidos en un planeta sin salida posible, en un desierto en donde no hay lectores ni editores, sólo construcciones verbales o canciones idiotas cantadas no por hombres sino por fantasmas. en el gremio de los escritores son la joya más grande y menos codiciada. cuando un enloquecido joven de dieciséis o dicisiete años decide ser poeta, es desastre familiar seguro. judío homosexual, medio negro, medio bolchevique, la siberia de su destierro suele cubrir de oprobio también a su familia: los lectores de Baudelaire no lo tienen fácil en la ESO, ni con sus compañeros de clase ni mucho menos con sus profesores. su fragilidad, sin embargo, es engañosa. también su humor y las manifestaciones caprichosas de su amor. tras esas sombras vagas se encuentran acaso los tipos más duros del mundo y seguramente los más valientes. no por nada descienden de Orfeo, que marcaba la cadencia del remo de los Argonautas y que bajó al infierno y volvió a subir, menos vivo que antes de la hazaña, pero vivo al fin y al cabo. si tuviera que asaltar el banco más protegido de America, en mi banda sólo habría poetas. el atraco concluiría, probablemente, de forma desastrosa, pero sería hermoso.
Roberto Bolaño, Entre Paréntesis
si lo intentas puedes desaparecer
J.
enjuago el cosmos con mis lágrimas de cerveza, retornan viejos deseos de lo imposible: fundirme con la noche, desaparecer como un ala rota en su rostro sin nombre, deshacerme en el viento...
cuando llegamos, dijo que sentía bullir en sus cojones un montón de ángeles. la frase estaba bien, pero era una transformación de lo que supuestamente dijo un tal Francesc Pujols al final de una conferencia sobre los ángeles, interrogado por una señora sobre dónde se encontraban los ángeles: señora, los ángeles son una cosa de la que nosotros, los hombres, tenemos los cojones llenos, eso fue lo que dijo. lo cuenta Dalí en una entrevista que se puede leer en El viajero más lento, de E. Vila Matas (nombre que leído al revés es Satam Alive, Satán vive, como cuenta el propio satán, o sea Enrique). además voy a arrojar el semen sobre el abismo, añadió. de nuevo la frase no estaba mal, pero ahora era una copia más o menos literal de algo que dice Panero en un poema. ángeles sobre el abismo, te das cuenta, dijo, si pudiéramos actualizar todas nuestras potencialidades la de cosas que podríamos hacer... y se quedó pensativo o tratando de parecer un tipo interesante y con cierto aire de excéntrico que muy fácilmente se confunde con la estupidez. o no haríamos nada, cero, absolutamente nada, del mismo modo que si alguien lo entendiera todo no entendería nada. se contradice usted, dijo. eso tiene que ver con la batalla entre lógicos y retóricos de la que hablábamos más abajo. o bueno, en realidad no, quiero decir que si pudiéramos oir a la vez todos los ruidos que produce el universo sólo percibiríamos un caos ininteligible, sin ningún sentido.
volviendo a lo de tener los cojones habitados por ángeles dispuestos a arrojarse sobre el abismo, se dará usted cuenta sin necesidad de apuntarse a un curso acelerado de hermeneútica, por cuanto resulta evidente, que la frase alude a cierta energía interior, o a una serie de alborotadas mezclas químicas producidas en el cerebro, que nos lleva a contemplar el mundo como el escenario idóneo para desplegar nuestros delirios más efervescentes, carentes de toda funcionalidad, es decir, la locura poética conquistando el mundo y consciente de su imposibilidad de no ser derrotada, a pesar de lo cual su derrota resplandece con un brillo que hechiza a los que supieron sustraerse a la sistemática mutilación de la imaginación que intentaron llevar a cabo los profesores que maleducan a los niños limitando sus potencialidades. que no se atreva a entrar quien no tenga los cojones llenos de ángeles, eso es lo que habría que poner a la entrada de las escuelas.
me sobran huevos para hacer surf aquí
Apocalypse Now
hubo una cruenta batalla entre el bando de los lógicos y el bando de los retóricos. al final, como es lógico, murieron todos entre grandes alardes retóricos.
¿Si simplemente miramos las estrellas desde la terraza, fumamos un porrito de marihuana y nos vamos a dormir? No tengo ambiciones, ni metas, no voy a ninguna parte, pero está bien mirar la noche e imaginar el sonido del mar como unos labios acariciándote la oreja. No quiero acabar siendo un perro abandonado en una estación de tren, y que el frío me atraviese el alma que no tengo. La chica bonita huyó asustada de mis sueños, porque en ellos había un monstruo horrible dibujado en la pared y no quiso quedarse y decirme que se trataba de un monstruo de mentira. Una noche me quedé solo en un bar, tomando cerveza, y unas chicas me dijeron, muy sorpendidas, ¿pero estás solo? Yo estaba borracho, no me acuerdo por qué me había quedado solo, no me acuerdo qué dije, pero ellas se reían y me invitaron a más cerveza. Se reían, ¿comprendes?.. pero yo estaba triste, como si hubiera despertado de un sueño en mitad del desierto y diera igual avanzar o permanecer quieto.
Tengo un cajón donde guardo algunas noches especialmente lluviosas, noches de invierno y farolas amarillas, y voy a guardar también tu rostro, tus pupilas, en las que he llamado con mis nudillos y me ha contestado una ausencia. Voy a aullar a la luna que tiembla sobre el mar. El mar es una de mis corazas preferidas, como ya sabrás, quiero decir pensar en el mar, soñar con el mar, hundirme en el mar. Voy a dormir borracho sobre la arena. A veces me siento separado de las cosas, a una distancia imposible de medir en kilómetros, absorvido en un ensimismamiento acorazado, lejos del mundo, que es incomprensible, y ni siquiera las palabras me sirven ya de guarida, se les vuela el tejado y me quedo solo, a la intemperie, otra vez bajo la lluvia. Otras veces no, claro, otras veces soy un duende, o un intrépido aventurero que no teme a lo desconocido, y me río y la risa evapora el peso del ser, y las palabras están hinchadas de sentido, tanto que me convierto en un globo, y floto. No sé, es raro...
tragedia conceptual: si los conceptos son como mapas para orientarnos en la realidad y se articulan oposicionalmente seguiremos perdidos en aporías insalvables.
imposibilidad de salir de la caverna: el afuera y el adentro son iguales. lema posmoderno: la distinción superficie/profundidad sólo se sostiene desde una visión esencialista. la visión esencialista es una cómoda ceguera para evitar mirar el abismo con los ojos abiertos: la distinción Ser/Apariencias es una falacia. querido Heidegger, aún no encontré ese Ser extrañísimo que persigue usted en su incomprensible libro: no hay ontología fundamental, sólo multiplicidades deleuzianas, rizomáticas, descentradas. viva el desconcierto de los sin dogmas y su búsqueda inútil.
estoy harto de mi reflejo en el espejo, dijo, voy a romper todos los espejos de la casa. voy a irme a vivir a una cabaña en el bosque. voy a comprarme una pistola y voy a disparar latas de cerveza vacías por la noche, cuando llueva y haga frío y los pájaros enjaulados hayan perdido la esperanza. dispararé para ganar esa guerra absurda, que algunos denominan vida y otros carrera de obstáculos. voy a romper los espejos, dijo, hay demasiados capullos mirándose en ellos. los pájaros enjaulados serán mis amigos. lucharemos juntos en el bando de los derrotados y será resplandeciente nuestra victoria, quiero decir nuestro fracaso... no sé si me entiendes, quiero decir que hay demasiados capullos diciéndote qué es lo normal y qué es lo raro, qué está bien y qué está mal, qué es lo que hay que hacer y qué no... hay demasiados capullos dando consejos, seguros de sí mismos. no sigas ninguno. dispara por las noches, latas de cerveza vacías. eso está bien. no te mires nunca en los espejos, porque mienten. túmbate en la hierba, al atardecer, y fuma muy despacio. desconfía de los que lo tienen todo claro... son peligrosos. bueno, en realidad lo que son es unos gilipollas. sólo es posible sustituir las perplejidades por certezas haciendo trampas cobardes. dios es la suma de nuestras cobardías, de nuestros temores, el invento más delirante de la soledad del hombre. nunca vayas a misa, por el amor de dios, ni se te ocurra contemplar ese lamentable espectáculo de viejas cobardes. mucho mejor disparar latas de cerveza vacías, mucho más espiritual y saludable para el alma. huye de la moralina barata que exhiben los que lo tienen todo claro. son gilipollas, no sé si te lo he dicho ya, creo que sí. en fin, voy a irme al bosque y voy a convertirme en el guardián entre el centeno, eso es lo que quiero, evitar que los adultos gilipollas conviertan en gilipollas a los niños.
muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. miles de niños. y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. sólo yo. estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él.
J.D.Salinger, El guardián entre el Centeno.
pero el exterior casi no existía para ella, salvo en lo que afectaba al interior.
nadie podría adivinar que iba entregada a la escritura imaginaria, a la composición de complejos párrafos introspectivos.
César Aira, La Mendiga.
gran descubrimiento, este Aira.
las marionetas azules siguen en los tejados, con la vista perdida, esperando a que pase la fase depresiva y llegue la fase maniaca. entonces romperán los hilos. entonces escribirán cosas grandes. o pequeñas. pero escribirán. esperando a que la inspiración, diosa y vampira cruel y fugaz, les rapte, les lleve a su castillo en el límite del mundo, donde hay tormentas y un acantilado y sopla el viento sobre las ruinas, y les muerda el cuello en un acto de voluptuosidad perversa y secretamente fascinante que representa la fusión alocada del sujeto con el mundo en el éxtasis creativo. las marionetas azules anhelan desmedida, convulsa, desesperadamente (si no el anhelo es apenas un gesto vacuo, la caricatura de un ahelo), y se consumen en su propio anhelar. destellos inútiles, llamas sobre el mar, sobre el vasto oceáno cuya música hipnotiza y riega el cerebro de ensoñaciones atmosféricas. nada más, la tarde repta como serpiente perezosa. suaves incendios que no logran quemarnos la boca. las marionetas giran en su órbita marcada sin saber salir, pero están en el tejado y beben líquidos azules mezclados con estrellas eróticas que sonríen perversas tras sus párpados, y ríen y lloran y la esperanza es lo último que se ve y ellas esperan, miran confiando en su extraño poder, consistente en dar soluciones imaginarias a problemas que no existen, y anhelan, sobre todo anhelan sin saber qué. palabras líquidas que se derraman sobre las bocas de las marionetas (confían en la utopía de la escritura), que ahora cantan, bocas sin incendios, sin grandes explosiones, pero que cantan para huir del monstruo del silencio, que nos enfrenta al espejo de nuestra triste trasparencia, que diría Alejandra Pizarnik, o a nuestra finitud, que es el fantasma que mueve los resortes de la creación. lo mismo da, los discursos con sentido se quebraron hace ya en las bocas de las marionetas, y actúan ahora por pura inercia, un automatismo que han perfeccionado hasta hacerlo indistinguible de los cantos con sentido. he aquí el discurso apocalíptico: la falta de discurso (o decir: todos los discursos mienten o son herramientas de los poderosos), el estar solos, arrojados a la tormenta, y sin paraguas y sin saber qué hacer y leyendo a Kafka, acto sumamente peligroso, con las persianas bajadas y gritos agónicos como respuesta a los interrogantes sin respuesta. anhelar con furia el ser perdido en los vasos vacíos, la sed insaciable, el paradójico camino transitado por los dementes que con furiosos gestos tratan de dar sentido al sinsentido. a todo esto, Maurice Blanchot dice que los poetas entienden un lenguaje sin sentido.
no sé qué es, pero tampoco sé qué no es, por cuanto el ser es un pez. quiero decir que se escurre. quiero decir que nada. no, algo sí quiero decir, no-nada, pero no sé qué es, pero tampoco sé qué no es, por cuanto el ser es un pez. (a partir de aquí sigue igual, es un artefacto textual basado en la geometría (círculo) y en el movimiento eterno siempre igual (movimiento eterno siempre igual))
P.D: he tenido a mal escribir la estupidez más monumental (si bien no con monumentos sino con palabras, debido a su mejor manejo a la hora de escribir, ya que soy demasiado perezoso para escribir con monumentos) que mis antenas han captado mientras sintonizaban con el cosmos (más bien con el caos)
dejen que la maravilla perfore los poros de su piel. dejen entrar a las canciones y no las saquen. lo más importante del mundo es la música. lo demás es prescindible. todo lo demás. estoy diciendo una burrada, pero es cierto. escuchen una canción, la que prefieran, obsesivamente, incansablemente, sin descansar (pues precisamente eso significa el adverbio incansablemente, como los lectores más perspicaces habrán advertido), prestando toda la atención de que sean capaces, como si fueran a morder el aire en el que flota la canción. abran la ventana, que el viento fresco, que poco a poco se va tiñendo de negro, les golpee suavemente el rostro. revuélquense por el crepúsculo mientras lloran y gritan y ríen y verán que el mundo se diluye en un éxtasis frenético y también melancólico (felicidad y tristeza coinciden, como sabía Georg Trakl), y verán cómo, con una facilidad pasmosa, sorprendente, la dicotomía entre el yo y el mundo, que a veces asfixia como una bolsa de plástico en la cabeza, se evapora mágicamente. son ahora sujetos que han disfrutado adecuadamente de la experiencia estética y son inmortales.
el calor, la noche, los cigarrillos: la ventana está abierta. cualquier sonido, por diminuto que sea, es amplificado por el silencio espectral que envuelve a la casa. de vez en cuando el ruido de un coche que se aleja. una puerta que suena como en una novela de misterio. la luna, que debe estar muy quieta y muy desierta. un mosquito que me pica. el calor, la noche, los libros apilados en la mesita, formando una torre caótica. las noches las inventaron para leer. los libros son insomnes por naturaleza, y están un poco locos, con esa locura maravillosa e inútil de los inventores excéntricos. inventar con palabras, eso es ser excéntrico, en el mejor sentido del término.
con la urgencia de un animal acorralado, y con la alegría de un borracho que baila en los tejados al ritmo de Blue Monday, miro con mis ojos negros, que esta tarde se han empeñado en ser ametralladoras, y yo poco puedo hacer para disuadirles de su locura de naúfragos soñando con la orilla; miro, digo, y por un instante ebrio y prodigioso, pareciera que es posible sacudirle el misterio al mundo tan sólo mirando y mirando, dejándose inundar, una hoja en manos del viento. Francis Bacon, el pintor, dijo algo así, que sus ojos eran ametralladoras. todo escritor debería tener ametralladoras en lugar de ojos, y mirar la rosa hasta desgastarla, morder la rosa, escupir la rosa, quemar la rosa o inundarla en el mar. en el aire, de agua eléctrica, los árboles murmuran entre sí y se cuentan las interminables historias de los hombres, historias de cobardes y alguna de un capitán intrépido y chiflado como el capitán Ahab, de jóvenes ingenuos, un poco perturbados porque leyeron demasiado los románticos alemanes y que, precisamente por eso, en sus sueños violentos renuevan el mundo, y viven entre el fervor revolucionario y el pasotismo cínico, viendo pasar los días, la suma de casualidades que dibuja caminos confusos, imperfectos, viendo los destinos rotos de los que se arriesgaron, o los destinos que se contemplan como quien ve llover, sin intervenir demasiado, pero prestando la máxima atención posible, como si en la lluvia, que cae lenta, misteriosamente y hace un ruido que es como un masaje que aquieta las entrañas inquietas y cura, al menos un rato, algunas heridas, como si en la lluvia, digo, se escondieran los ecos de todo lo que quisimos. he vagado por una nostalgia infinita, decía un verso, supongo que francés, porque suena como a champán melacólico y alegre, con esa alegría rara que Georg Trakl encontraba en su tristeza, y que por eso dijo sólo estoy alegre cuando estoy triste. hay otro verso francés: una tristeza erótica. no recuerdo nada más del poema, sólo esto de una tristeza erótica, que también suena a champán, y huele a lluvia, a lluvia que entra sigilosa por la ventana y envuelve tu piel, para ser exactos. el mundo no siempre accede a parecerse a un verso francés, claro está. pero a veces sí y a veces un inmenso viento lluvioso parece que va a llevarnos por fin, que nos trae el mapa de lo que no existe y que por fin podremos ver este asombroso territorio con los ojos muy abiertos, con los dientes apretados.
P.D: esto es sin duda abusar de su paciencia, pero escribo como quien corre hacia adelante y no puede frenar porque si frena le raptará el hombre del saco.
ya me afeité!! tenía cara y todo debajo. me enfrenté valientemente, tijeras y cuchilla en mano, a mi ya pretérita selvática barba, acometí tan ardua empresa imbuido de paciencia zen y, al final, logré mi desmesurado propósito. ahora fumo un cigarrillo: el merecido descanso de los guerreros. mañana me corto el pelo y ya seré un ente acorde con las necesidades que el calorífico verano impone. :-)
desafiando la paciencia de los lectores veraniegos de esta bitácora, me dispongo a seguir escribiendo. de la misma forma que un niño torpe empeñado en hacer bailar su yo-yo, intento hacer bailar a las palabras.
considero que el fracaso es la más resplandeciente victoria
L. M. Panero, en El Desencanto.
estábamos sentados en la terraza, bebiendo cerveza y comiendo pipas, mientras atardecía una vez más, y el hechizo que provoca la contemplación del cielo en llamas consumiendo al mundo se apoderaba de mis sentidos. una leve brisa, como construida con hilos de sonrisas sumergidas en la nieve del pasado, que poco a poco se derrite, nos rozaba los rostros. una brisa que parecía traer algún mensaje, pero que no traía nada excepto un rumor lejano de pájaro que huye. ¿y ahora qué? pregunta difícil, interrogante a través del cual el futuro se transforma en puñal amenazante, o en desencanto, y es entonces cuando la vida está en otra parte y unas ganas furiosas de encontrarla se apoderan de nosotros, pequeños muñecos perdidos en laberintos o en desiertos en los que las estrellas brillan fantasmales, y es urgente pelear, lanzar mordiscos enloquecidos a la inmensidad de la noche, gritar, retar a quién sea a lo que sea, apostar, nadar sin pensar en el regreso, en la seguridad de la orilla, y luego caer al suelo, exhaustos, habiendo perdido, fracasado en el combate contra la nada, pero felices, extrañamente felices.
la calidad me parece que es la peor noción que uno puede manejar para evaluar el arte. La calidad es hoy un producto industrial, casi todo lo que se ve en el mercado de bienes culturales tiene una cierta calidad, es muy difícil hoy ver una película que no cumpla ciertos requisitos o un libro publicado que no tenga una forma, un cierto aspecto, que no cumpla unos mínimos. Así que esta no puede ser una meta a alcanzar por los artistas, hay que buscar formas de romper esa calidad promedio, porque el problema es que lo vuelve todo muy uniforme, muy parecido entre sí, y entonces uno lee una novela y dice: “sí, no está mal” y luego coge una novela de otro autor de otro país y lo mismo: “bueno, sí, no está mal”. Es como el triunfo de la medianía. Y eso a mí me resulta desolador. Lo que me interesa son esas obras que me hacen preguntarme: “Pero ¿esto es realmente arte?, ¿esto es una novela o qué es?”. Prefiero el desconcierto, la perplejidad, la incomodidad.
Alan Pauls
Alan Pauls, que fue el protagonista de un ficción de tintes borgeanos (en realidad Borges es el pilar que sostiene todo lo que está relacionado con la ficción) en la que Roberto Bolaño y Enrique Vila-Matas se inventaron a Alan Pauls. En cualquier caso, Alan Pauls existe de verdad, lo cual no deja de ser raro, eso de existir de verdad. aún no he leído nada del señor Alan Pauls, por cierto, pero mañana mismo me lanzo a por sus libros.
el arte no puede consistir únicamente en correción formal. si no hay algo más no hay arte, habrá funcionarios con horarios o profesionales de las formas, formas vacías, huecas, aburridas. por supuesto el problema de la definición del arte, lejos de estar a punto de resolverse, se complica cada vez más, sobre todo despues de la novela de asesinatos en que consiste la posmodernidad: asesinato de la historia, del sujeto, del sentido, etc, cosas que tiene el posestructuralismo. mi impresión, seguramente equivocada, puesto que se fundamenta básicamente en la ignorancia y sus atrevimientos, es que la posmodernidad viene a ser una especie de vanguardia contradictoria que anuncia el fin del poder de las vanguardias (anuncio tardío, acabaron hace mucho, aunque no su nostalgia, y de su nostalgia es de donde hay que salir, atreverse a seguir creando despúes del fin de las vanguardias, y despúes de la posmodernidad, que certificó su cadáver) es decir, que la posmodernidad mira hacia atrás sin cesar, y a base de citas, referencias, recreaciones, compone un mundo heterogéneo: hay un cajón con miles de movimientos artísticos, con formas que uno puede usar a su antojo, pero ya sin la significación profunda que tuvieron en el pasado, y el posmoderno elige unos u otros y los revisita, de tal forma que el sentido de los mismos varía, frecuentemente acudiendo a la ironía. el posmoderno puede sacar del cajón la exaltación del sujeto en que insistían los románticos, y reirse de ella; aunque en este caso la risa y el llanto están muy cerca, y en el silencio que sucede a la risa se nota cierta brisa melancólica. ya no podemos ser surrealistas, ni futuristas, tan sólo neosurrealistas o neofuturistas, o neoloquesea, y algo verdaderamente nuevo es lo que habrá de librarnos del yugo del prefijo neo, obras capaces de formular las preguntas a las que alude el señor Alan Pauls.
porque tiene razón el señor Alan Pauls, hay que buscar formas de romper esa calidad promedio. el problema, obviamente, es cómo hacerlo. romper esa calidad promedio es la tarea de los grandes. Bolaño lo hizo. Vila-Matas lo hizo. muy difícil llegar tan alto sin marearse, sin desesperarse. pero si queremos que el arte no sea mera mercadotecnia, mero entretenimiento para esa clase media que lee a Pérez-Reverte, una espeice de hamburguesas McDonalds que se comen, se consumen rápido, pero que saben todas igual en todas partes del mundo, ésa es la tarea, adentrarse en lo desconocido, y no cerrar los ojos.
P.D: este texto se me fue de las manos, y todo lo dicho referente a las vanguardias y la posmodernidad es un embrollo en el que nada queda claro (y qué pereza me da tratar de desembrollarlo, ni se imaginan, pero es verano, sean benévolos; autocrítica: si la posmodernidad compone un mundo heterogéneo, por qué se queja de su uniformidad, no es esto una contradicción?) pero, en fin, tal vez estemos ante el nacimiento del Confusionismo (que nada tiene que ver con el Confucionismo, de Confucio, pese a su cercanía fonética). en cualquier caso, la idea es que hay que crear con sinceridad y valentía y no con listas de ventas ni con manidos esquemas de intriga para vender muchos libros a las señoras que leen en las piscinas. tampoco se trata de que estas señoras se frían las tetas tratando de desentrañar al enrevesado de Joyce o discutan sobre la Crítica de la Razón pura en la frutería, yo no he dicho eso.
el imposible mapa de una ciudad inexistente, pequeños pedazos de ruinas que la memoria rescata, un escenario de silencio imponente y de vacío y de miedo y de fascinación perpetua, el lugar oculto tras la trasparencia oscura de la noche, sugerido por ella, donde desembocan las canciones de Radiohead y lloran las sirenas, porque no tienen piernas y porque dicen que se sienten solas cuando el agua oscurece y todo parece haberse roto, cuando parece que no hay salida, toda la ciudad arrasada por una ola nihilista y decadente; ciudad por la que pasea, solitario, un borracho triste, otro más, terco caminante de nostalgias a medianoche, terco insomne, coleccionista de recueros inútiles, tal vez se siente exiliado por el mero hecho de crecer, quién sabe; terco boxeador de nariz rota y ojos negros como dos agujeros negros y cuyo canto desesperado estremece, porque, como dice Paul Auster en alguno de sus libros, sólo la belleza del mundo nos salva del cinismo, o algo así; canto confuso en el que se entremezclan los espejos monstruosos de la noche y una esperanza de cristal a punto de romperse, y el miedo y la belleza amarga o terrible y la serenidad del mar o la monotonía de la nieve, canto inútil y necesario, empeñado en trazar el mapa de lo que no existe, canto que es un diálogo desesperado con no se sabe quién, el canto del poeta que se lanza por el precipicio con los ojos muy abiertos y los dientes muy apretados.