Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué.
Jean Cocteau
Alicia, pequeña, toda la noche he estado tirándome por la ventana
toda la noche buscando tus ojos en la oscuridad
toda la noche, Alicia, soñando con algo oscuro que me agarraba las entrañas
y no me soltaba, Alicia, toda la noche creí verte al otro lado de la ventana
y me tiraba, Alicia, yo me tiraba, con los ojos cerrados,
y era feliz, Alicia, aunque parezca raro era feliz, Alicia,
era feliz por cuanto escapaba de ese algo oscuro y me lanzaba
a ese otro algo oscuro de la noche, Alicia, que te disfrazaba.
toda la noche, pequeña Alicia, tirándome por la ventana de tus ojos
toda la noche era feliz porque era un buscador de Alicia
y Alicia sonreía en el jardín, por fin, en el jardín, Alicia, sonreías.
El azul no es sino la mano temblorosa que se abre paso entre las selvas de la noche como una caricia (noches azules, no os da vergüenza habitar en la inexistencia de mis fantasías, bajo mis párpados, y no venir a rescatarme de una vez?) como unos ojos cuya mirada es la promesa de algo, de que algo, por fin, va a suceder, el acontecimiento que estábamos esperando, aunque el único acontecimiento posible sea la muerte, algo quizás a modo de maquillaje de la única verdad, del único argumento (la muerte, la muerte) de la obra (¿y qué es la vida?, preguntas y yo me encojo de hombros), como al final de la película en que el héroe está obligado a morir, o si no hace trampas y no es un héroe sino un muñeco inmortal en el reino asombroso de la inexistencia. Algo por fin va a suceder, dice, repiten, con ojos cansados, esperando a Godot no como metáfora de la vida sino como su realidad inmediata e ineludible, algo que nos libre de esta mierda, amigo, reza por algo que nos libre de esta mierda, como dijera Ray (o por qué no un Apocalipsis con fuegos artificiales y palomitas y refrescos retransmitido por pantallas planas y gigantes?) El azul de la noche, por tanto, miente haciendo ver como posibles acontecimientos allí y más tarde, siendo lo cierto que sólo hay aquí y ahora, siendo lo cierto que somos pequeñas marionetas arrojadas a la existencia, facticidad absurda, como dije ya en uno de mis frecuentes arrebatos existencialistas, y hay marionetas poéticas, solitarias, sin convicciones, marionetas monstruo (no te acerques a los poetas, son unos monstruos horribles, unos monstruos de soledad, como dijo un poeta, Raúl no sé qué: no recuerdo su apellido) capaces de gozar de la tristeza, amantes del alcohol porque el goce comienza en la autodestrucción, prólogo a la entrada en el mundo fantástico de la inexistencia, por cuanto autodestruirse es mirar por el agujero de la cerradura el jardín de la inexistencia.
Me siento francamente bien con mis sueños de cerveza
Ray Loriga
Tengo una ventana y una litrona y he roto todos los sueños plastificados que diseñasteis para que no hiciésemos ruido. Me siento francamente bien escupiendo sobre los maniquíes para que deseen convertirse en muñecos de verdad. He vaciado todos los ceniceros sobre vuestras corbatas y si vais a decirme que eso no soluciona nada pues de acuerdo, pero pensad también que es muy triste atarse uno mismo la soga al cuello antes de empezar la pelea. Lanzaré unos cuantos puñetazos al aire. Soy un tipo triste y egoísta, pero vosotros sois unos cabrones. Tengo cerveza en la nevera y el rencor suficiente tendido al sol. Tal vez parta unas cuantas narices antes de caer al suelo. Prefiero mis sueños de cerveza a los vuestros de coches caros y esposas y sopas calientes. Sé que en fondo del vaso vacío los ojos de la chica bonita me miran con tristeza. No tengo convicciones pero tengo una pistola para disparar a los que dan consejos. Los consejos no son más que una forma de muerte prematura y hereditaria.
recuerdo caminar bajo la lluvia, por calles laberínticas, borracho y feliz, de regreso a casa; recuerdo que no pensaba nunca en nada y lo comprendía todo; conversaba con las estrellas, testigos mudos de mis euforias repentinas y de mis tristezas de no poder atrapar al ladrón del entusiasmo, que dejó desolación; recuerdo borracheras gloriosas por las calles laberínticas del casco antiguo de León: fui muy feliz caminando borracho de regreso a casa. escribí entonces muchos poemas sobre las luces de las farolas viejas que iluminaban las calles, laberínticas y desiertas, las calles de las seis o las siete de la mañana, cuando regresaba a casa, las calles silenciosas; y ahora lo recuerdo, tal vez imaginándolo, como una época feliz en mi existencia atribulada. tenía entonces dieciséis o diecisiete años y no pensaba nunca en el futuro y, aunque en mis poemas me representara como un frágil muñeco suicida, lo cierto es que lo pasaba muy bien y no pensaba nunca en el futuro, tal vez porque una Wendy imaginaria me protegía por las noches, una Wendy que no olvidó cómo volar y me protegía por las noches con su sonrisa imaginaria. recuerdo que sobre la mesita de noche tenía un libro de Borges que me gustaba leer cuando llegaba a casa borracho, y conservo el recuerdo de ese Borges leído borracho como un tesoro en mi memoria: un mundo de laberintos, espejos y tigres fantásticos con el que soñaba despierto, con mi conciencia dulcemente alterada por el alcohol; y es que la mejor almohada es Ficciones, de Borges, aunque yo entonces casi no comprendía nada de lo que leía, ni siquiera sobrio, pero igual me gustaba, porque me provocaba la sensación de estar espiando un mundo irreal a través del ojo de alguna cerradura, como si fuera un mundo secreto al que sólo unos pocos acceden, y mi mayor deseo era ver ese mundo, entrar en él, al igual que Alicia quiere entrar en el jardín y Alejandra quiere entrar en la noche. Wonderland. en fin, tenía dieciséis o diecisiete años y me gustaba Borges y caminar borracho por las calles mojadas, viejas y laberínticas del casco antiguo de León y a veces iba cantando en voz muy baja: ir cantando solo, en voz muy baja, por las calles vacías, a altas horas de la noche, es una sensación extraña, como si fuera otro el que canta (yo es otro) y como si todo el mundo en sus casas, dormidos ya, fueran capaces de oír tus susurros de adolescente borracho. a veces, en lugar de cantar, iba recitando poemas improvisados que, al estar borracho, me salían solos, sin pensar, y probablemente ninguno tuviera el menor sentido. estos poemas que dictaba a la noche, de regreso a casa, solo y borracho, por las calles mojadas, sintiéndome el único hombre despierto en el mundo, el único al que al llegar a casa le esperaba Borges sobre la almohada, eran poemas que invariablemente trataban de la fascinación que me provocaban las luces lejanas de las estrellas, las luces amarillas de las farolas y el sonido de la lluvia, hermoso como una rosa suicida. traté de escribirlos, de día y sobrio, pero ya no era lo mismo, la magia había desaparecido, yo ya no era un ángel caído cantando la belleza de las farolas viejas sino un ser aburrido viendo videoclips frente al televisor: el éxtasis poético había dejado paso al nihilismo de los sábados y ya sólo podía echarme en el sofá sintiendo que me habían expulsado del no-lugar donde reina el rey decapitado de la realidad, que me habían expulsado y que pasaría mi vida buscando el modo de regresar, de crearlo, porque yo sólo quería entrar en ese mundo que no existe, nada más entrar
y qué extraño, puesto que Peter Pan no existe, es ver a las palabras empeñarse en crear una llave que abra la puerta que nos cierra la entrada.
los poetas ebrios intercambiaban frases incongruentes como hogueras de nieve hasta que les echaron del bar y decidieron insultar a las estrellas, y es que entre poetas ebrios y estrellas errantes hay siempre una extraña relación amor-odio. la belleza siempre está fugándose de mis manos, dijo el más ebrio y el más triste de todos, bajo la luna olvidada.
En cualquier caso hubo siempre un viento feroz acechando
un viento azul que atravesaba la lluvia
con los ojos más grandes y más tristes del mundo
un viento azul pájaro rebelde o temerario
que me invitaba a subir en sus alas invisibles
para intentar lo imposible o destruirnos
En cualquier caso siempre hubo un viento veloz huyendo
un viento veloz que atravesaba la lluvia
al que ofrecía mi ser para que se lo llevara
para desaparecer en su mirada alquímica y oscura.
Y hubo noches en que este azul viento feroz
al que sin pensar me entregaba
sonaba como una esperanza de barco perdido en la niebla
cuyos tripulantes desaparecen
y desaparecen
con una sonrisa cheshire que flota en la noche
Y hubo noches en que este feroz viento azul
al que yo ofrecía con furia triste mi ser
sonaba como una larga caída de pájaro demente
cuyo único deseo es llegar al fondo
Siempre hubo noches de azul viento veloz que atravesaba la lluvia
de pájaro sin jaula volando hacia Nunca Jamás
inexplicablemente no morí aquella tarde en que yo adoraba la locura, como una palabra dadá más* y me fingía poeta de los que saben que la literatura es una forma de vida, de aquellos que escriben con su propia carne las locuras poéticas más peligrosas y fascinantes que existen. aquella tarde en que inexplicablemente no morí decidimos que lo importante era habitar poéticamente y que le dieran por el culo al resto del mundo. si bebíamos, con nuestra sed insaciable de desesperados y contentos, era para perforar el ser, para que saliera de su encierro en la cajita de huesos a las órdenes del tirano Razón y pudiera burlarse de las leyes de la causalidad con los deseos más furiosos que existen. sabíamos -nos lo dijo un poeta francés- que los vicios del hombre aportan una prueba de su ansia de infinitud. aquella tarde dijimos sapos y culebras y los sapos y las culebras fueron escupidos por nuestras blasfemas bocas entre charcos de alcohol dadaísta.
todos los ratos que pasé frente a la ventana, bebiendo cerveza y más cerveza, mirando con entusiasmo el crepúsculo, llorando lágrimas saladas de puro placer al sentir cómo me fundía sin remedio con las nubes desmayadas, con su suave incendio de despedida. las sombras llegaban sigilosas, presencias más misteriosas a cada nuevo trago.
nunca quise comprender el mundo, sino sentirlo salvajemente, sentirlo con el coraje de los suicidas, enlazar placer y muerte en la danza más peligrosa que existe, más peligrosa que la droga más dura y fascinante.
soy dinamita si muerdo el crepúsculo
y me bebo su sangre de joven doncella
con sed insaciable y sonrisa brutal,
como quien espera que un grito desgarrado rompa los barrotes...
el placer perverso de adentrarse en el verso más triste
en la nota exacta que destruye la realidad
para que el pájaro solitario vuele aun con alas rotas
una noche de invierno asomado al balcón
el mar susurra lo indecible que se estrella contra las rocas
la luna muda lámpara fantasmal mi compañera
de mil viajes inventados al fondo del mar
arrojarse y flotar muñeca triste
en el viento más azul que golpea los párpados
-donde yace nuestra infancia asesinada-
que evite el vértigo de sobrevivir para nada.
evidentemente si prestas atención al atardecer se oye el grito de Peter Pan: Wendy ya no sabe volar, la muy zorra. eso significa que estamos solos, bajo la lluvia, y que no sabemos a dónde ir.
lista de provisiones para la caída: cervezas, un precipicio y unos ojos con el coraje de mirar la nada.
duerme, pequeño soñador extraviado, expulsado de tu campana de cristal. duerme, soñando con la gran venganza con una risa entre los dientes y una nostalgia feroz en la mirada perdida. duerme, con el rumor de las olas, la canción que evoca el enigma de la infancia anterior al yo.
y ahora, pequeña muñeca, abre los ojos y dime que eso de ahí afuera no es cierto, que podemos inventar una guarida, si la batalla, ya se sabe, está perdida, entonces sólo queda gritar hasta deshacer el mundo como ejemplo de rebeldía metafísica contra el absurdo; el canto empeñado en desoír los límites impuestos. pequeña muñeca, estoy leyendo un libro de metafísica a la luz de una vela, afuera llueve y se oyen ruidos de coches que se alejan, y no entiendo nada, y la palabra nada es ya metafísica mientras eruditos doctores discuten sobre ella, contradiciéndose al afirmar, al decir la nada es, pero la inmensa lluvia de las calles interminables impone su melodía y la muñeca, bostezando, se despide, cierra los ojos, hasta mañana, duerme con una sonrisa que borra el mundo para crear muchos otros mundos.
escucha el canto del llanero solitario, como una mosca pegado a la luz de la pantalla, que brilla en la oscuridad, máquina de escribir y gusiluz, donde las palabras se pegan y corren como hormigas. escucha su canto que dice qué lejos el mar, y mi vida fluyendo por el río, torpemente agarrada a las briznas del barco ebrio que incendió las aguas, a un trozo de madera como quien camina con los pies desnudos sobre una cornisa envuelta en niebla. qué lejos, y qué cerca, y qué misterio; el mar, el mar del llanero solitario, estas caracolas para escucharlo en diferido, estas palabras nocturnas a cuya sombra descansa el llanero solitario de las miradas de los otros, miradas que lo apuñalan a la luz del sol infame. escucha el canto del llanero solitario, dirigido a otros llaneros solitarios, para crear un coro de voces asidas a lo que no existe. llaneros solitarios cazando palabras en latas de cerveza vacías, llaneros solitarios en torno a la hoguera de las palabras que iluminan la noche más fría, hipnotizados por su fuego, su extraño fuego que atrapa las miradas, para siempre.
no sé si te acuerdas, jugábamos
como dos hojas agitadas por el viento
buscándose entre risas
al borde de la noche
que caminaba de puntillas, sin hacer ruido
jugábamos entonces ignorando
que era inevitable crecer, no sé si te acuerdas
los dos, solos
como si el mundo fuera a acabarse por fin
jugábamos agitados por el viento
como si el mundo fuera a cabarse por fin
como dos hojas que se buscan entre risas
al borde de la noche
mecidas por el viento que juegan
como si el mundo fuera a acabarse por fin
soy el tipo que nunca duerme
porque prefiere conversar con el misterio mudo de la noche
*la frase en cursiva pertenece a Panero, (Prueba de vida. Autobiografía de la muerte)
en serio, no puedo ponerme a escribir un post sin fumar (no sé si saben ya lo de que estos cabrones no me dejan fumar en las aulas de informática, y dentro de poco, tras la demencial superparanoia que le ha entrado a este país, ni en los bares)
la superparanioa antitabaco, expresión de la cual es la segunda española más odiosa de la historia, Mercedes Milá, (la primera, como es obvio, es Maria Teresa Campos y su constante hacer apología del analfabetismo) es poco comprensible: o prohíbe usted la producción o deja de tocar las pelotas.
P.D1: me voy a fumar
P.D2: hay gente esperando como buitres a que algún ordenador se quede libre
P.D3: yo tengo dos carnets y puedo quedarme hasta que cierren (cuando se acaba la sesión de uno meto el otro; si no hay que esperar 15 min. y los buitres atacan)
P.D4: aunque igual alguien se cabrea por mi uso indebido (claro que el deber moral y yo apenas nos conocemos de vista).
P.D5: ni de coña me da tiempo a acabar el trabajo de teoría del conocimiento para el jueves a pesar de acaparar el ordenador para mí solito (gracias a mi inmoralidad)
P.D6: si encima vengo aquí a escribir un post mucho menos (pierdo el tiempo, sí, pero la pregunta es: ¿qué significa perder el tiempo?)
P.D7: como, definitivamente, no me da tiempo (otra vez el tiempo), en lugar de angustiarme heideggerianamente (finalmente el existencialismo de Heidegger se resume en: usted es un ser arrojado a la existencia y ha de angustiarse para vivir auténticamente su finitud) o en plan Sartre, o sea la naúsea y todo eso (curiosamente el trabajo que por culpa del Señor Tiempo no puedo hacer es sobre la trascendencia del Ego, de Jean-Paul), regresamos a PD1 y dejamos a los cazaordenadores pelearse por mi sitio.
P.D8: últimamente las posdatas son mucho más largas que los posts en sí.
P.D9: obviamente la culpa de no hacer el trabajo no es mía, puesto que el Yo es un objeto trascendente a las conciencias que lo captan, y es en él donde se encuentra la unidad de ellas; según Sartre. Así pues, al ser consciente la profesora de esto, no podrá, si quiere ser coherente, culparme a mí, ya que mi conciencia no ha capatado ese objeto trascendente y por lo tanto carezco de Yo al que culpabilizar.
P.D10: otra cosa es que sea ella la que no ha entendido la fenomenología de Sartre y se empeñe en suspenderme.
es genial leer a Lacan: no te enteras absolutamente de nada. no hay Otro del Otro, porque lo que falta en el Otro es es un significante. que me ahorquen si lo entiendo. a su lado Heidegger era un escritor de literatura infantil. lo único que he entendido (ejem) es que el otro no existe porque el sujeto busca su auto-reflejo narcisísticamente en el otro. ¿busca el significante en el Otro que sólo puede estar en el yo?¿no sería más sencillo decir que todos los demás son bichos extrañísimos?¿se trata del problema de las otras mentes?
P.D: y la conciencia no es el cerebro, se ponga Dennett como se ponga (por cierto que en su libro la conciencia explicada hay cualquier cosa menos una explicación de la conciencia, porque directamente la niega, pero ya le contestó Searle: la distinción apariencia/realidad no tiene sentido en la conciencia, no puedo decir: aparentemente me duele la hostia la puta muela del juicio, pero afortunadamente se trata de una ilusión de mi conciencia, simplemente esa distinción no vale para estados mentales (como el dolor), porque entonces habría que hablar de una realidad de las apariencias. ahora bien, sostener que la mente no se reduce al cerebro no quiere decir nada parecido a que la conciencia sobreviva al cuerpo o alguna gilipollez por el estilo, sino simplemente que la mente no se reduce al cerebro, el cerebro es la condición de posibilidad de la mente, que es una emergencia, del mismo modo que Crimen y Castigo no se reduce a gramática, lo que tampoco significa sostener un grosero dualismo cartesiano, la mente no es ninguna extraña sustancia fantasmagórica, sino algo que de un modo complejo emerge de la naturaleza, de un nivel bios (por decir esto del nivel bios, que queda muy guay)
explicación de por qué el viejo loco celebra la muerte del "yo": el yo del cual se celebra la muerte no es, obviamente, el yo definido como autoconciencia, sino esa identidad impuesta por la sociedad (definimos aquí sociedad como: montón de adultos gilipollas cuya única misión al educar a los niños es destruir la infancia reprimiendo sistemáticamente todo gesto de creatividad y espontaneidad. la sociedad occidental, es decir una sociedad enferma a la que hay que destruir). ese yo no existe, es una falacia, por cuanto es una imposición. tampoco matamos al yo impostor para asumir uno nuevo y mejor porque sería otra imposición. a ver si me explico: se trata de no asumir un rol determinado (por los Otros) dado que hay multitud de roles (de yoes en el sentido de Hesse en el lobo estepario) en cada "yo" (definido como autoconciencia, es decir formalmente e indefinido en cuanto a su contenido, por cuanto se es una estructura abierta en constante cambio)
P.D: otro día me explicaré mejor... espero :)
el 1 de mayo de 2004 se produjo un acontecimiento que cambió para siempre el sereno discurrir de la historia; el mundo necesitaba un nuevo blog y una cita de L.M. Panero amenazaba como un relámpago sonriendo ante el cadáver de la realidad: el arte ya no será inútil, ayudará a destruir la realidad.
el rey (o sea la realidad) ha sido decapitado y los esclavos danzan ahora felices bajo la lluvia.
llueve, llueve sobre el País del Nunca Jamás, como dijera el hombre al que llaman Leopoldo María Panero
en ese entonces de hace una vuelta del globo terráqueo al globo incendiado (o, más sencillamente: hace un año) esperábamos (mayestático, que así me da la ilusión de un coro de yos cantando en mi cerebro: no hablo con mi voz sino con mis voces) que las botellas perdidas (o sea posts, pero en plan metafórico) hallaran alguna orilla (algún otro lector: en el mismo plan), algún naúfrago dichoso (supongo que esta frase es una perversión de algún escritor). algún lector han encontrado y alguno hasta se habrá bebido el contenido íntegro de las botellas, por lo que concluimos que en el teatro sólo para locos quedan pocas butacas libres y lo festejamos fumando un cigarrillo, acto casi terrorista según la histeria colectiva de este país que-no-se-dice-este-país-se-dice-España. en fin.
el sentido de la escritura es ella misma. se lee para leer. se escribe para escribir. mundo autorreferencial, aunque no torre de marfil (no estoy seguro de que esto último no sea un estupidez, pero la doble negación no es aquí una afirmación, puesto que tampoco estoy seguro de que sí lo sea)
P.D: el 19 de mayo, coincidiendo con el estreno de la venganza de los shit, el señor ADSL vendrá a mi casa y me conectará con el entorno ciberespacial, por lo que ya podré postear a gusto (siguen, estos cabrones, sin dejarme fumar en el aula de informática ¿y qué coño pretenden que haga durantes las dos horas que tarda en cargar las páginas esta tortuga computacional de las pelotas? en fin, habitamos un universo desconcertante que, aunque la teoría de las supercuerdas pueda explicarlo, ¿quién coño me va a explicar a mí dicha teoría? en fin, había escrito algo para poner aquí, pero se habrá perdido en mi escritorio, que es un agujero negro capaz de tragarse Cds, libros, carpetas, lo que sea.
eso fue todo, despeinados saludos de un Señor que debería estar estudiando, o haciendo trabajos para clase, o algo de provecho, en lugar de regocijarse irresponsablemente diciéndole a los transeúntes que es un ser refractario a todo proyecto calculado y que no tiene identidad (es decir, que estoy más arriba o más abajo del yo, del centro, que es la ausencia, según creo)
creo que no puedo ser más despeinado (o sí: todo consiste en escribir deprisa, acogiendo todas las digresiones que surcan tu mente, cazándolas al vuelo, por así decir, en un delirio de escitura total)
ah, perdón, se me olvidaba lo del viejo loco que saltaba mientras cantaba: la identidad no existe, la identidad no existe, el rey (el yo) ha muerto y los lobos meriendan su cadáver con gusto (que paneresco todo, no?)