la Iglesia Católica española se siente perseguida. en fin, parece un chiste, pero, al parecer, esa Institución absurda, enemiga de la libertad y empeñada en que las normas por las que se rija la sociedad sean las suyas en lugar de normas racionales fundamentadas por consenso (¿es que las suyas no son racionales? por supuesto que no, son dogmas dictados por Dios, o algo así, cosas como amar a Dios sobre todas las cosas me parecen el colmo de la aberración y de la estupidez: nadie ama a dios más que a sus hijos, espero; yo incluso amo más a mis discos de música que a Dios) empeñada en que en los colegios se adoctrine a la gente (recordemos aquello que le dijo no sé quién, un científico, a un cura que defendía el creacionismo: "prefiero descender de un mono a descender de alguien como usted") o más bien luchando por conservar su poder y cogiendo rabietas de niño mimado y caprichoso. ¿valores cristianos? te sentirás culpable sin saber por qué, sufrirás (esto es un valle de lágrimas) sin venir a cuento para ganarte el cielo, si te masturbas te crecerá una cola de satanás justo por encima del culo, arderás en el infierno por cualquier estupidez, un trozo de pan insípido es el cuerpo de Cristo, si te imaginas a tu profesora de inglés (¿cómo se llamaba?) desnuda, arderás en el infierno, la pereza es pecado, la gula es pecado, no ir a misa es pecado, no rezar es pecado, no santificar las fiestas es pecado, usar condón es pecado (que se den por el culo entre ellos, sin condón), y una larga lista de pecados ridículos (empezando porque la noción misma de pecado es ridícula)
por suerte la realidad de la Iglesia española son cuatro viejas beatas que rezan como autómatas sin enterarse de lo que dicen: creo en la resurrección de los muertos y la vida eterna amén. ¿de verdad creen eso? bueno, que crean lo que quieran, lo curioso es que luego se escandalicen porque haya gente que cree cosas parecidas pero un poco distintas (otras religiones que, por supuesto, nunca son las verdaderas)
nuevos mandamientos:
1º amarás cualquier cosa (persona, animal u objeto) por encima de Dios
2º tomarás el nombre de Dios en vano cuando te apetezca (me cago en Dios y en su puta madre (lo de la madre de dios plantea un problema lógico-metafísico interesante ¿Dios puede tener madre? no lo creo))
3º no santificarás las fiestas, te emborracharás en ellas
4º pedirás dinero a tu padre y a tu madre
5º no matarás (a no ser que veas a Rouco desde tu ventana y dispongas de un arma a mano)
6º cometerás actos impuros
7º robarás libros
8º mentirás para contar las historias de forma más interesante
9º ¿éste es el que te prohibe hasta pensar actos impuros? pensarás en actos impuros todos los días con una sonrisa de felicidad en la cara
10º de este no me acuerdo
frente al espejo he buscado no sé qué
y he recogido un antifaz vacío y un desierto
¿libertad es el nombre que le pusieron al acto de mirar el mar, digamos una melancólica tarde de invierno, (el cielo gris, una brisa suave recorriéndote la piel como una conversación de hormigas en voz baja, pequeñas gotas de arena golpeándote los párpados) al acto de mirar el mar interrogando (sin esperar respuesta) al cielo nublado, al horizonte borroso, con una sonrisa enigmática, sin esperar nada del futuro, respirando sin más, existiendo sin pensar, sintiendo sin más?
puede que sí o puede que no o puede que un hombre fumando en una playa solitaria en invierno sea un loco y sus ojos nos asusten, sus ojos que acumulan polvo de caminos gastados, de abismos sin nombre.
si nos atreviéramos, preguntaríamos ser libres para qué. el para qué siempre ha sido un problema.
rebeldes, visionarios o chiflados son casi lo mismo ¿no?
...una playa desierta, olas cansadas despareciendo en la arena, o engullidas de nuevo por el mar, clavando sus uñas en la arena, explosión de espuma, burbujas desvaneciéndose en la nada... alguien fuma al borde de un acantilado... casi es de noche... se oyen animales cantando... se oyen los pasos del viento de un lado a otro... sirenas secuestradas... champú de la nada... lloran... es de noche... lloran pero poco y alguna se ríe... todos tenemos un poco de miedo y demasiada adrenalina enloquecida circulando por las venas como para darnos cuenta del peligro... excitados, corriendo como locos, gritando, para ver la sonrisa de la muerte diciendo aún no, luego, seguid corriendo... se desvanece... ¿estamos locos?¿nos extraen piedras de la cabeza?¿nos mandan en una nave mar adentro?... no, no, tranquilos... buscad una linterna... aún hay tiempo, pero... ¿para qué?... el para qué siempre ha sido un problema, ¿no?
para arrojarnos,
para chupar el dedo del femenino pie de la locura,
para bebernos el mar salado, atragantándonos, a trompicones, desesperados como si nos fuera la vida en ello (nos va la vida en ello, de hecho)
para bebernos el mar salado y encontrar a las sirenas
para que dejen de llorar porque en el mar las lágrimas no se ven
y nunca llueve y alguien que no ha visto la lluvia puede saber muchas cosas,
pero no sabe nada del ser humano, porque el ser humano
vino desde las estrellas transportado por una lluvia cósmica y azul
y formó mares y oceános y acuarios y bañeras y piscinas.
P.D: vale, sí, no más rayadas, a partir de ahora intentaré escribir algo que no se parezca tanto a un cuaderno de ejercicios del joven idiota pseudovanguardista; algo, digamos más coherente, más serio, con sentido... no sé yo... en fin, suerte en sus respectivas andaduras vitales y vayan pensando todos cómo construir la ciudad ideal sin que ésta devenga infierno inhabitable... el entusiasmo sin fisuras es omnipotente y peligroso... la revolución de la locura se está gestando en bosques oscuros y afectará a los astros y hará que el universo tiemble, que el firmamento se alborote con sólo mirarlo... ¡viva las revoluciones imposibles soñadas en noches de insomnio! ¡viva la rebeldía metafísica! (sea lo que sea dicha rebeldía, tal vez un intento de experimentar lo sublime, sea lo que sea lo sublime)
ella sacaba la lengua, y sonreía
con esa sonrisa triste
que evoca mil caminos perdidos
y el fulgor fantasmal
de una ciudad derrumbándose
(su belleza siniestra, tal vez el relato de un sueño
que huye, que se diluye. puede que también
hubiera lágrimas, o lluvia cayendo en silencio, quién sabe)
tal vez sus pies desnudos
sobrevolaban charcos
bajo un cielo eléctrico
explorando los cuadernos olvidados apareció este poema,
o lo que sea, que no recuerdo haber escrito,
tal vez lo escribió un hombre mientras moría,
lentamente, bajo un atardecer color rosa eléctrico,
bajo nubes en llamas,
pensando que los charcos a veces ocultan peces fantásticos
y otras sirenas de mentira,
otros animales cuyos ojos fosforitos
espían desde el otro lado de lo real
adelante, que el mar tiemble -enfurecidas tormentas no doblegarán nuestros pasos locos, nuestras huellas borrosas, temerarias, abandonadas en la arena, nuestro rumbo incierto -plantaremos barricadas en todas las esquinas -no nos oculteis el sol, apartaos, os pisaremos la cabeza, escupiremos sobre vuestras leyes -adelante, un ejércitos de furiosos pacifistas baila al ritmo de Bob Marley y de la lluvia
P.D: la pereza mental es la causante de mis dos últimos posts :)
ya es definitivo: Radiohead es el acontecimiento más importante de la historia, no sólo de la historia de la música, es el más importante desde el Big-Ban.
soy el fantasma esquelético, el de los ojos ausentes que miran al otro lado, la niebla ya no puede hacerme daño, porque fui el viajero en huida sin retorno, hacia adelante, el que arañaba el aire y mordía el viento y se abandonaba a sus designios transitando las calles que el azar dibujaba. soy el fantasma pálido, el del rostro transparente, nunca tomé el sol, viví en el subsuelo y escribí mis memorias sin escribirlas, es decir, delirando, y las arrojé al viento de la noche, el viento que susurra y ampara a los vagabundos perdidos, mi ropa rota, el pelo largo, sucio, despeinado, los ojos decorados por ojeras y legañas y las zapatillas destrozadas de caminar sin moverme, de dar la vuelta al día en ochenta mundos y anhelar absolutos, con románticos trasnochados que nunca se creyeron el cuento positivista de los científicos decimonónicos, en bares tristes y oscuros en los que los borrachos contemplan la Verdad y no se la cuentan a nadie porque no se acuerdan.
hay que destruir iglesias y quemar bancos y andar descalzos sobre las calles mojadas y gritarles a las estrellas que son unas putas fantásticas que siguen luciendo aún despues de muertas; hay que cantar, desesperados, en calles solitarias, hay que gritar, con los dientes apretados, y ser dioses y animales al mismo tiempo; hay que destruir las patrias, que son el invento de los imbéciles o de los canallas, o de los canallas imbéciles, y también hay que destruir las religiones, especialmente las monoteístas; hay que convertir las biografías en poemas rabiosos, en poemas silenciosos, aunque sean poemas al borde del abismo, vidas en equilibrio inverosímil, entre dos nadas gigantes, dulces y afiladas y oscuras y blancas y desconocidas, sin rostro, sin voz; hay que formular preguntas sin respuesta al viento que sopla en la noche oscura del alma; hay que golpear fuerte, con los nudillos y con los ojos cerrados y hay que escupir en los libros más vendidos, incluyendo la Biblia y sin incluir el del tipo de la triste figura, porque es un tipo muy simpático que también quería destruir la realidad, o puede que no, no sé, no importa; hay que tocar la trompeta más triste del mundo en la calle más vacía y nocturna del mundo, pero no sé para qué, tal vez para nada, ¿es que alguien vive para algo? inclusive los no-fumadores, que según ellos son inmnortales, se van a morir y yo me reiré en su entierro y bailaré descalzo sobre las calles mojadas que aparecían al principio del texto; hay que inventar huellas en la arena, aunque el mar las borre, sobre todo si el mar las borra; hay que ahogarse en el mar (caminar bajo el mar es igual que volar, ya no hacen falta alas para salir del laberinto, se puede volar sin alas y los hombres que viven bajo el mar me lo han contado) hay que correr sin rumbo y hay que mirar el atardecer más triste y más hermoso, dolorosamente hermoso, del mundo hasta pulverizarlo y pulverizarnos y que la serenidad paradisiaca se derrame inexorable por las calles vacías en las que suena la trompeta más triste del mundo...
escribo para reunirme con mi sombra y mi sombra dice cosas, a veces incoherentes, o directamente dementes: el azar es el único destino posible en la noche, que nadie dome jamás a los caballos desbocados que surcan la carretera del exceso, y dice también una mirada es dardo de luz envenenada y un relámpago que truena en las venas y también es la nieve fundiéndose y el lago en el que se ahogan los enemigos del capitán Garfio
mi sombra habla por las noches, no me deja dormir, revolotea por la habitación, sobreviviendo como puede entre el humo (el tabaco mata, pero no a las sombras)
la escritura es juego
El advenimiento de la escritura es el advenimiento del juego
Derrida, ese francés que murió hace poco y al que, todo hay que decirlo, a veces no le entiende ni su padre, pero, por otra parte, no hay razones que justifiquen el que su padre tuviera que entenderlo.
instrucciones para salir del laberinto (el laberinto lo inventó Borges, como es sabido)
antes de Borges no existían laberintos y luego nos perdimos en uno muy grande y todo el mundo sabe que de los laberintos se sale por arriba pero para eso necesitamos alas.
y un absurdo relato del absurdo
el cuarto estaba mal iluminado, por lo que no pude ver bien los rostros de aquella extraña reunión. me habían sacado de la cama a golpes, gritándome, y allí estaba, desconcertado, asustado, con cara de imbécil, esperando. al fondo de aquel cuarto oscuro, un hombre prendió un cigarrillo y, tras un breve silencio, dijo: Señor S., está usted completamente equivocado, terriblemente equivocado, increíblemente equivocado, y desapareció por una puerta, envuelto en una nube de humo.
los demás se quedaron mirándome fijamente, sus ojos brillaban en la penumbra. tuve la sensación de ser culpable de algo, pero no sabía de qué. les pregunté, les grité, que con qué derecho, que quienes eran ellos, que qué se creían... pero ninguno contestaba, se limitaban a sonreír. una chica soltó una risa especialmente molesta, cruzó las piernas y me dijo: de verdad que es usted tonto, Señor S.
de acuerdo, me dije, esto es un sueño, seguro, o un relato de Kafka o algo así, pero la chica vio lo que pensaba y dijo: no es un sueño, imbécil, ahora tenemos que irnos, coja su paraguas y sígame. la seguí. estábamos en un barco, creo, pero no nos movíamos. afuera llovía, una lluvia lenta, esa lluvia que parece que nunca dejará de caer, en algún mar perdido. no tengo paraguas, dije, casi inaudiblemente, con los ojos clavados en el suelo. la chica hizo una mueca de fastidio y dijo: ven a mi lado, idiota, y me refugié de la lluvia al lado de su cuerpo mojado. salimos del barco y caminamos muy deprisa por una ciudad gris. supuse que se trataba de Londres, porque vi una de esas cabinas rojas, pero no estaba seguro. ahora, Señor S., tendrá que ir usted solo. sí, pero ¿adónde? ¿por qué? vamos, no se haga el tonto y váyase de una vez, le están esperando y no podemos perder más tiempo. de acuerdo, dije, y me quedé solo, bajo la lluvia, sin saber qué hacer.