Iba caminando y pensando algunas cosas, sumamente abstraído, como si las estuviera escribiendo, y por poco me choco varias veces. Me dije que era necesario realizar un esfuerzo y concentrarme en evitar los incesantes flujos de personas que atraviesan la ciudad y que vistos desde un helicóptero -esa máquina voladora cuyo nombre evoca a un insecto gigante y metálico- seguramente configurarían algo semejante a un sistema circulatorio, en el que los transeúntes componen la sangre que inunda las calles, si no quería correr el riesgo de morir atropellado por algún coche o por algún transeúnte furioso.
Ahora que lo pienso mejor, desde la vista hipotética del helicóptero, serían los coches quienes detentarían el privilegio de asumir el papel de la sangre del aparato circulatorio de la ciudad.
Pero seguía caminando abstraído, imaginando esto del helicóptero y la sangre de las ciudades, así que no funcionaba y otra vez estuve a punto de chocarme con un grupo de chicas que venía en la dirección contraria y todos tuvimos una fugaz reacción de pánico instintiva que evitó el choque en el último momento.
Así que, tras el incidente que estuvo a punto de ocurrir, pero que finalmente no ocurrió, frené en seco e, inmediatamente, me aparté, pues alguien parado en mitad de una calle muy transitada se convierte automáticamente en una figura disfuncional que obstaculiza el paso y se expone a las miradas de desaprobación de los ciudadanos funcionales y si tardas demasiado tiempo en recomponer tu actividad por la senda de la normalidad directamente te tachan de loco y te hacen la vida imposible.
Se te permite parar si es para saludar a alguien y hablar un rato, y aun en esos casos ciertas personas ortodoxas, los guardianes de las opiniones rectas, pero más guardianes aún de las conductas rectas, se enfadan y reestablecen el orden de los flujos incesantes a base de violencia verbal e incluso de violencia física, con codazos y empujones más o menos disimulados. Por eso me aparte rápidamente, consciente de los peligros a los que estaba expuesto: el ostracismo y el encarcelamiento por loco y por alterador del orden público.
Los guardianes del orden público son muy listos. Han puesto vallas para regular los flujos y que nadie cruce la calzada por fuera de los pasos de cebra. Son tácticas de control urbanístico para marcar la senda del rebaño. Con toda seguridad, los guardianes argüirían que lo hacen por nuestro bien y que es mejor así, porque así la gente cruza por donde debe, y que si no somos robots kantianos y fantaseamos con ser espíritus libres la culpa es nuestra, que no sabemos de la misa la media. Las vallas me han suscitado un montón de interrogantes, todos ellos escalofríantes. No sé, para empezar, si el Gran Hermano tiene rostro, nombres y apellidos, o si, como ocurría en una película que vi hace tiempo y cuyo título no recuerdo, en la que el tirano no existía, era sólo una imagen que retransmitían por todas las pantallas, el lugar del poder está vacío, no es un lugar, y en la película una mueca de terror distorsionaba el rostro del protagonista, que debía asumir el papel del salvador, pero que no sabía ya cómo hacerlo, porque su intención de derribar al tirano se había visto frustrada al no ajustarse a ese esquema tan simple de cómo funcionan las cosas.
¿Alguien se encarga de vigilar si los peatones cruzan por donde es debido, y si no lo hacen diseña dispositivos urbanísticos para obligarles a hacerlo, sutilmente, sin que apenas lo noten?
Al apartarme me situé al lado de un portal, simulando que esperaba a alguien, porque si estás esperando a alguien también se te permite pararte, no te llevan directamente al manicomio. Te lo permiten, porque se supone que tienes una razón para hacerlo. Así que si quieres hacer algo, pero no tienes una razón para hacerlo, lo mejor es que finjas una. Si en lugar de una razón tienes una locura, revelarlo es peligroso. Es complicado de entender y yo tampoco lo entiendo bien, del todo. Bien pensado yo también tenía una razón para apartarme del incesante flujo, sólo que no era una razón aparente o una razón del todo razonable. Si me hubiese cruzado con alguien conocido y me hubiese preguntado qué hacía, no me hubiese sentido muy cómodo respondiendo que me había parado porque hacía un momento iba tan abstraído imaginando algunas cosas y pensando en ellas como si las fuera escribiendo mentalmente que tuve miedo de chocarme contra la gente o de que me atropellara un coche, y que al tratar de concentrarme para que eso no me sucediera, había sido víctima de aquello que trataba de evitar y había seguido imaginando cosas, como que las personas de una ciudad, vistas desde un helicóptero, serían como la sangre que recorre las venas de la ciudad, aunque luego rectifiqué y pensé que ese papel más bien le correspondería a los coches y que por eso me había apartado de los flujos incesantes de personas y estaba al lado de ese portal, simulando que esperaba a alguien y pensando en las vallas que, a poca distancia de allí, habían instalado hacía poco y que me parecían un dispositivo de control para normalizar la conducta de las personas. Más fácil hubiera sido contestar que esperaba a un amigo y que yo era un tipo perfectamente normal, que no me mirara raro.
Posted by SeñorS at Mayo 5, 2008 03:12 AMje je..
..Y todo eso, sin fumar?
Es el diario de un tipo perfectamente normal, así que sí, sin fumar XD
Posted by: Sr. S. at Mayo 6, 2008 01:19 AM