Enero 02, 2008

Post de felicitación del año que comienza

Próspero año nuevo

Próspero año nuevo, camaradas. Decir "camaradas" suena hoy con un inevitable distanciamiento irónico, una retórica retro resucitada (que de "erres") con un guiño melancólico a las turbulencias del siglo XX. Y estamos ya inmersos (me gusta decir "inmersos") en el viento crepuscular (también me gusta decir "viento crepuscular", imagen tópica teñida de lirismo ingenuo (también me gusta decir "teñida de lirismo ingenuo", etc)) que sopla arrancando las hojas de la primera década del tercer milenio (es curioso cómo numeramos nuestra existencia, cómo nos la contamos y organizamos).

Los argonautas melómanos

La música de Yann Tiersen (Live Aux Eurockéennes de Belfort) se integra perfectamente en el cielo gris, plomizo, inmóvil o secretamente movido por unas manos largas y suaves y blancas, componiendo un paisaje anímico por el que viajar, sin equipaje ni rumbo. Sólo la música es importante. Escuchar música (navegar) es necesario, vivir no (máxima de los argonautas melómanos).

Apreciación estilística sobre este post

Veo que me está quedando un texto entrecortado. Los paréntesis son como pequeños muros dificultando el flujo (o seccionándolo, obligándolo a transitar las bifurcaciones de los senderos).

Resumen del año (incluye una filosofía del acontecimiento y analogías despeinadas y carentes de fundamento entre la vida y la mecánica cuántica)

¿Qué pasó durante este año? Siempre pasan cosas, acontecimientos que van tallando esa narración improvisada, apresurada, que llamamos "mi vida" (¿por qué el posesivo?, pregunto, con una vela en la oscuridad, escuchando el ruido de pasos, de puertas viejas, oxidadas). Narración sin estructura y abandonada al azar. Al azar y a la necesidad. No me contradigo: Nietzsche y la tirada de dados, las múltiples trayectorias de la partícula que desembocan en una, no existen en otros universos, no todas son reales (Everett no tiene razón con sus múltipes universos). Habría que explorar el potencial simbólico de la teoría cuántica (es una lástima no ser físico y no comprenderla bien). Podemos imaginar (¿qué haríamos sin la imaginación? El desierto crecería, el aburimiento lo colonizaría todo, lo atascaría todo) las líneas imaginarias de una vida trazadas con un halo tembloroso de indeterminación cuántica. Quiero decir: con rupturas, discontinuidades, incertidumbre. Dados tirados al azar. El proyecto de ser, dicho a lo Ortega, no es un sendero fácil. Caminar con los ojos abiertos como faros iluminando el agua entrópica y saliendo a flote de vez en cuando, a recuperar un equilibrio inestable, dinámico, huracanado. Trato de traducir imágenes confusas, no se preocupen si nada queda claro, pues no parto de un "querer decir" claro.

El asombro ante la existencia es una atitud que trasciende cualquier ámbito categorial y puede ser extendido a la práctica culinaria (y de ahí puede ser reenviado al proceloso mar de las tesis filósóficas)

Una cosa sorprendente en este universo (no sé lo que pasará en la infinidad de universos que la imaginación de Everett postula en un singular derroche ontológico) es la enorme cantidad de transformaciones de los huevos: se puede hacer merengue con ellos si uno los deconstruye (los huevos son dualistas acérrimos) y los bate enérgicamente. Increíble. Lo cual me lleva a sostener la siguiente tesis filosófica: la materia es siempre producto de una transformación. Y ésta a otra: no hay distinción ontológica posible entre lo natural y lo artificial. Si acaso se trata de una distinción moral: natural bueno, artificial malo.

Posted by SeñorS at Enero 2, 2008 08:24 PM
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