La publicación de El increíble cuento menguante (más corto aún que el del dinosaurio) provocó reacciones críticas en apenas unos minutos. R. Mutt dijo que se trataba del nacimiento de un nuevo estilo, de una nueva mirada, del triunfal suicidio de la metaliteratura, que últimamente andaba, por cierto, medio enferma, incapaz de entenderse a sí misma, perdida en un mundo de lo que alguien diría eran significantes remitiendo a significantes remitiendo a significantes, que, bien mirado, decía R. Mutt, puesto que nadie o sólo tres personas en el mundo saben qué es un significante y probablemente una de ellas tan sólo se excita al escuchar la palabra significante, pero él, como todo el mundo excepto dos personas, tampoco sabe qué es un significante, la cosa resulta más bien desconcertante, más aún teniendo en cuenta, continúa R. Mutt, que nadie ha visto nunca a un significante, por lo que es difícil decir con certeza cómo es, cómo se viste, qué come, qué bares frecuenta, etc.
El nuevo estilo, decía R. Mutt, ha de llamarse minimalismo paródico y ha de contar con un único cuento. Así pues, es ya un estilo del pasado y hay que buscar nuevos horizontes. El minimalismo paródico, decía R. Mutt, su autoproclamado descubridor e historiador, y principal teórico de esta corriente efímera y mínima, bebe de diversas fuentes, pero sobre todo bebe de una fuente: la pereza. Sus fundamentos teóricos, no obstante, son tan complejos que una mínima introducción nos llevaría años de investigación y varios tomos mastodónticos con miles de notas a pie de página y referencias a artículos en francés de, entre otros, Deleuze, Barthes, Derrida, Baudrillard, y a artículos en alemán, de, entre otros, Gadamer, Heidegger, Husserl.
La contradicción entre la brevedad característica del minimalismo paródico y los cientos de páginas necesarios para explicar su(s) sentido(s) es uno de los encantos de esta corriente, dice un entusiasmado R. Mutt. No están ausentes de sus propósitos literarios el mezclar a Carver o a Hopper con Ionesco o Beckett, sin olvidar a los Monty Phyton, aunque más que mezclar se trata de condensar hasta llegar al límite de la condensación, a la esencia de la condensación, y al hablar de esencias hemos ya abierto la caja de un interminable debate sobre esencias. R. Mutt dice lapidariamente que el minimalismo es un arte de esencias y que esto no se pierde, de ninguna manera, al adjuntar el adjetivo paródico. Simplemente, se trata de una recontextualización irónica de los discursos esencialistas, que no culta, sin embargo, su admiración por las esencias, su devoción por las esencias, su postrarse ante las esencias, pero que, claro, como no podía ser de otro modo, también se ríe de las esencias, dado que, en el fondo, lo parodójico es la esencias misma del minimalismo paródico.
Su irónica propuesta no está exenta de los problemas de ambigüedad que conlleva el uso de la ironía, de la perturbación del buen sentido que provoca siempre el distanciamiento irónico, no sabiendo, en realidad, si se trata de una autodestrucción de la metaliteratura o de metaliteratura.
Odio la metaliteratura y los pepinillos, dice R. Mutt, enérgicamente, enrocado en su postura. El minimalismo paródico es propiamente metaliteratura, cierto, pero, en un acto suicida, acaba con la metaliteratura y hasta con el universo, si se lo propone.
R. Mutt finaliza su crítica advirtiendo de los graves peligros que se ciernen sobre nosotros de continuar radicalizando la estética del minimalismo paródico. El cuento podría seguir menguando hasta desaparecer en un vórtice o en un agujero negro. Es evidente, por otra parte, que R. Mutt no sabe qué quiere decir "vórtice" ni tampoco "agujero negro", pero R. Mutt continúa exaltándose en su vorágine entrópica, suponiendo que "vorágine entrópica" realmente signifique algo, y dice: alguien podría escribir "Me" simplemente, y el siguiente continuador de este estilo se vería en un aprieto, en una situación peliaguda, viéndose forzado a elegir entre ser el más radical de todo los minimalistas paródicos, para lo cual no tendría que escribir nada, y nadie se enteraría nunca de su logro, o a no escribir nada. Por eso, dice R. Mutt, se mire como se mire, el único cuento del minimalismo paródico contiene en sí su propia coronación y aniquilación.
Las objeciones a la crítica de R. Mutt tampoco se hicieron esperar. Hubo quien le acusó de ser él mismo el autor de cuento y señaló que R. Mutt era el pseudónimo que utilizó Duchamp para presentar su obra "Fuente" y que repetir la jugada era una especie de delirio posmoderno de meta-transversalidad artística o algo así. En definitiva, que nada de esto tiene sentido y que la clave está en el aburrimiento del autor de El increíble cuento menguante cuyo título es una referencia a la película El increíble hombre menguante, en clave apropiacionista o algo así. Fin.
Posted by SeñorS at Noviembre 20, 2007 02:25 AM