Nadie puede mirar directamente al sol, eso lo sabemos. Permanecemos esperando, como lagartos en un día nublado. A pesar de todo, seguimos resistiendo, oscilando entre la furia y una serenidad colindante con el desencanto, que no cede, sin embargo, e inventa piruetas arriesgadas en los senderos inexcrutables de la imaginación.
Sucumbimos, es cierto, cuando las fuerzas fallan y los horizontes se quiebran, a la pasión por desaparecer. Nada nos parece más deseable que borrar nuestro triste yo y fundirnos con el viento. Nuestra imaginación se deleita con la lluvia triste que golpea los tejados y con los que vagan sin destino a la intemperie. Devenir viento es nuestra tarea. Así nos liberaremos de nosotros mismos.
El viento es nuestra última coraza, confiamos en el viento. A veces pensamos, cuando una ráfaga de inesperada esperanza nos levanta del suelo, que algún día dejaremos de contener la respiración.
Posted by SeñorS at Octubre 29, 2007 06:50 PM