Paseo por la calle. Con los cascos enchufados, síntoma de un individualismo hedonista generalizado y también un poco devorado por las garras blandas de un nihilismo difuso e indoloro. Guitarras como cuchillos que pinchan globos, percusión hipnótica. En una plaza, un titiritero hace bailar a sus marionetas. El frío ha vuelto, y siempre ha anidado en mis huesos. Sorteando a la gente. En la biblioteca de la Casa de las Conchas, como siempre, turistas. A la vuelta, compro cerveza marca Dia: es jueves, el viernes no hay clase.
Le doy setenta céntimos a la señora que siempre está a la salida del Dia, no porque crea en la caridad, que es cristiana y de derechas, sino simplemente porque de repente me parece terriblemente triste y escandaloso que haya tanta gente tirada, helándose de frío, con los ojos deshechos y el alma hecha trizas. Setenta céntimos no solucionan nada, casi me siento peor, me he gastado más de tres euros en cervezas, es horrible, horrible. Todos apartamos los ojos de la miseria.
Alguien debería luchar. Nosotros deberíamos luchar. LUCHAR. No hemos hecho absolutamente nada por estar en una posición social privilegiada. Me vuelvo moralista, me vuelvo alguien que prefiere a Sartre a Cioran. Pienso: Cioran era, al fin y al cabo, un snob, un cool de la desesperación. El esteticismo me parece casi inmoral. Entiendo perfectamente por qué Sartre dijo que el marxismo era la filosofía definitiva de nuestro tiempo.
Y soy tan culpable como todos, estoy aquí bebiendo una cerveza y escribiendo.
Habría que HACER ALGO. Y pienso que la única pregunta que la filosofía política tiene la obligación de intentar responder es la vieja, insistente, urgente e inapelable pregunta leninista: ¿Qué hacer?
Posted by SeñorS at Octubre 25, 2007 08:02 PMHas leido "La tentación de la inocencia" de Pascal Bruckner; Qué te parece?
Posted by: Klepsidra at Octubre 26, 2007 05:03 PMPues no lo he leído. Acabo de leer una reseña y me parece muy interesante. Sobre el "deber de ser feliz" como un imperativo más cruel que el del "deber" hablaba también Zizek. El capitalismo de consumo se alimenta de individuos aislados que tratan de borrar su angustia comprando cosas. Y con un individualismo que no ve más allá de la satisfacción de los propios deseos pequeñoburgueses, el horizonte de sentido se estrecha, desaparece el sujeto ético y el sujeto político, "tiranía de lo cómico" que decía Lipovetsky. Irónico destino de la ilustración.
El deseo es productivo, según Deleuze. Pero hoy el deseo está teledirigido hacia el consumo, la publicidad es el profeta de un dios banal. Es un deseo como carencia, no produce nada, mucho menos sentido. Y las necesidades son creadas, por lo tanto su horizonte no tiene límite. El capitalismo produce un sujeto frustrado, con la promesa de la felicidad, que es en lo que debe invertir su dinero, el ocio está absolutamente orientado al consumo, etc.
Con la desaparición del discurso marxista del escenario, todo es más triste, pero bueno, ya veremos... Resistencia!! :-)
Posted by: Sr. S. at Octubre 26, 2007 09:46 PM