¿Y qué más? Humo y deseos furiosos que se rompen. Nada más, creo que nada más. O quizá la oscuridad y lo prohibido, como un tenue susurro golpeando suavemente a la puerta. Y luego lágrimas, sí. Lágrimas pegadas al cristal, pegadas a la piel y pegadas a las sábanas de escarcha. Pegadas también a mis sueños, de hojalata oxidada.
Posted by SeñorS at Septiembre 20, 2007 05:04 AM