Septiembre 20, 2007

Prosa ebria (que el lector se las arregle para encontrarle sentido, si quiere)

Estaba frente al mar y yo soñaba: que su cuerpo de espuma se enredaba con mis deseos, que la noche húmeda se sumergía en nuestras pupilas anegadas por la cerveza y los ardores, que las fulminaciones ebrias de mis torpes desvelos de lobo herido por el rayo tardío, de la luna tímida, que espiaba mi desconsuelo errante, me arrastraban al fondo donde no hay fondo y sólo hay: una larga caída, una lenta desintegración de mi ser como un deshielo en plena noche de borrachera, en medio de un bar donde suena una canción y yo me derrito como el hielo y como mi deseo imposible, mi deseo truncado, roto, deshecho, destrozado repentinamente, implacablemente, sin remedio, sin remedio y sin salida y tú estás solo otra vez, solo otra vez mordiendo los bordes afilados del desencanto, de la pendiente que baja como una bola enloquecida, como una roca impenetrable.

Y yo soy: apenas un espantapájaros herido, una figura ridícula a la intemperie, desprotegida, aullando para nadie, mordiendo el cuello, no de alguien sino de una botella, o mordiendo el hielo artificial que cruje entre mis dientes apretados, y este soy yo más que yo mismo, carne triste, uñas desoladas, nada más y nada menos, un anhelo que ruge mudo, herido como un sauce enterrado en mi infancia de temores, canicas y desvelos.

Posted by SeñorS at Septiembre 20, 2007 04:52 AM
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