Agosto 09, 2007

El caminar de los dioses borrachos

Ni mi mente ni mis dedos puede hilar frases coherentes. Las ideas, las frases, los pensamientos, lo que sea, saltan como ranas con explosivos en su interior, ranas con los ojos desorbitados como huevos, huyendo en busca del horizonte: huyendo sólo por huir. Gritando sólo por gritar.

El alma es la prisión del cuerpo, decía alguien, Lacan o Foucault, no lo recuerdo. Pienso: jódete Platón, era al revés.

Ranas reventadas, ideas desquiciadas, sin curso, sin destino, arrojadas al suelo como trapos sucios.

Escucho la música y pienso qué bien se estaría ahora en la Plaza de San Justo, en Salamanca, bebiendo cerveza y olvidándose de la vida, maldiciendo la vida y celebrándola, todo a la vez, con sueños locos, como dioses borrachos y no como mendigos vulgares.

Siempre he querido ser un dios borracho.

Pienso en si habrá un camino poético para conquistar la libertad, un camino hecho de furia y de melancolía y de ebriedad, una pirueta arriesgada, más allá de los convencionalismos, más allá de todas las instituciones de control, con sus estructuras cerradas: colegio, familia. La adaptación del sujeto es melancólica, como decía, creo, Butler (no sé a qué se refería ella, yo a lo mejor me refiero vagamente a cualquier cosa, supongo).

Nadie se convierte en normal impunemente. Casi estoy tentado de decir: la normalización es un instrumento fascista, pero no lo digo. Los discursos producen identidades, hay que estar alerta.

Un camino de marginación heroica, un camino que hay que crear. Resistir a los discursos dominantes, al poder, que lo atraviesa todo. No sé. Un grito en la oscuridad, una huida que sólo sirve para seguir huyendo, desesperados y contentos. El caminar de los dioses borrachos.

Posted by SeñorS at Agosto 9, 2007 10:24 PM
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