S. estuvo a punto de ser aplastado por su propio peso una melancólica tarde de otoño. Curiosamente, S. apenas pesaba nada. Todo empezó con un dolor de cabeza leve y una difusa sensación de mareo, de vértigo ante la realidad, que siempre va muy deprisa y no espera a nadie. Lo primero que hizo fue cerrar los ojos, para ver si así se le pasaba, pero lo cierto es que sólo logró empeorar las cosas. Me caigo para adentro -dijo -me caigo a un cuarto oscuro sin fondo. Le entró miedo, como es lógico, y entonces abrió los ojos y durante unos instantes permaneció todavía sin ver nada, atrapado por el eco de su propia voz, que llegaba como un fantasma deshilado, atrapado en el cuarto oscuro.
Sin fondo. Una tarde melancólica. El miedo. Deshilado, deshecho.
Respiró hondo varias veces. Temió deshilarse como el fantasma. La cabeza le daba vueltas. Siguió con las respiraciones. Sintió un desvalimiento que lo impregnaba todo, las ramas de los árboles, las nubes deshilachadas que viajaban con una lentitud sonámbula, el viento que agitaba los árboles y soplaba las nubes, su propia cabeza sumida en esa caída sin fondo, sus propias pupilas que temblaban e imploraban socorro.
El mundo entero había dejado tener fondo y caía, sin nada a que agarrarse. Todo caía sin caer, como un suspiro o como el crujir mudo de un alma rota.
Sin fondo. Caída. El miedo, el miedo. Necesito encontrar tu cuello aunque sea en un trozo de nube despistado y acariciarlo con la yema de los dedos y besarlo despacio y agarrarme muy fuerte porque si no me caigo. ¿Dónde has estado? Se me va la cabeza, el corazón me va muy deprisa. El miedo, el miedo. Yo solo me deshilo, como el fantasma, como las nubes, todo mi cuerpo se derrumba, me pesa demasiado, me aplasta.
"Sepultado por su propio peso, una lástima, era joven, un joven guapo y simpático, pero estaba loco, el pobre, hay que ver que pena, pobre."
-Tan sólo necesito dormir un poco, o dormir para siempre, pero cierro los ojos y me caigo, por eso no duermo bien, ahora mismo no podría dormir por lo del cuarto oscuro y sus peligros, pero es eso lo que necesito, dormir. Y dejar de ser un perro abandonado, un perro triste y solo bajo la lluvia.
"Se aplastó a sí mismo, pobre loco, siempre andaba por ahí diciendo, cuando aún sabía hablar el lenguaje de los hombres, que qué pena dábamos todos nosotros, que qué asco, que qué ridículas figuras inertes esperando la muerte, ya estamos muertos, decía, todos nosotros, todo esté mísero mundo, todo disecado, un museo de muertos idiotas. Eso se lo oí yo espiando sus pensamientos, pues decirlo lo que se dice decirlo no lo dijo. Lo pensaba a veces, pobre"
-Yo, sin embargo, y aunque no creo en la humanidad, aunque escupo sobre la humanidad todos los días y la maldigo y me asquea, soy un hombre bueno que ama a las personas, a unas más que a otras, claro, porque algunas personas me son indiferentes y otras me aburren, pero otras me fascinan, me hechizan, pasa una mujer y sin conocerla de nada me iría al mismo infierno con ella, pero eso es sólo porque no la conoces y la imaginación juega con total libertad y se disparata, claro, eso lo sabe todo el mundo. Otras personas son más yo que yo mismo, porque yo soy apenas un rastrojo que ojalá el viento se lleve, que ojalá el fuego lo queme. No tengo miedo de nada, sólo me aterroriza el cuarto oscuro, sin fondo. No quiero caer. La caída sin fondo es lo único terrible. Es como caer sin caer, el suspiro aterrador de un fantasma deshecho, sin alma.