Agosto 03, 2007

Sueño de una noche de verano

Mientras daba vueltas, sin poder dormir por culpa de una idea, o del presentimiento de una idea que perseguía infructuosamente y que se le escapaba, sonriendo irónicamente (la idea, no él; él sufría una angustia indescriptible), que se le esfumaba, que se le resbalaba de las manos o del pensamiento, ese pensamiento suyo que andaba siempre a tortas con la realidad, le sobrevino, estremeciéndole, plantándose abruptamente en su inalcanzado sueño, la imagen de una mujer y luego, ya en sueños, o aún en ese terreno fronterizo y dudoso que participa de ambos mundos, que no separa la vigilia del sueño sino que las mezcla y las confunde y a veces hay gritos y pánico y otras un hechizo al que la conciencia se entrega como a una droga o a una alucinación placentera, oyó su voz, su voz lejana, suave, acogedora, su voz que prometía burbujas de cristal flotando luminosas en la oscuridad y que te acurrucaba el alma y la acariciaba, esa voz de viento y de espuma de mar y también de sonrisas y de calma, de un viento calmado, sereno como las noches de verano que nuestra memoria inventa y añora.

Alargó sus manos, esas manos suyas que guardaban como tesoros ocultos los recuerdos de las caricias a su espalda y a sus pechos y a sus muslos y trató de acariciar a la imagen, pero la imagen no era la realidad y la chica se disolvió como un poema escrito con un palo sobre la superficie del mar.

Cuando despertó escuchó el sonido de las bombas y contempló las ruinas en que se refugiaban y sintió una punzada feroz en el estómago. Dos o tres soldados fumaban en silencio, el resto permanecían dormidos. Pidió un cigarrillo y trató de convencerse de que moriría con una sonrisa en la boca.

Posted by SeñorS at Agosto 3, 2007 04:40 PM
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