Julio 28, 2007

Jim

En Montañas Solitarias vivió Jim el silencioso. Combatió lo mejor que pudo sus demonios interiores. Hasta los seis años no pronunció nunca una palabra. Más tarde explicaría, en un tono enigmático, el temor que le provocaba la posibilidad de que las palabras lo exiliaran de la naturaleza. Nunca sonreía. Se encontraba a una distancia infinita del mundo de los hombres. Sus ojos miraban fijamente la nada. Sus gestos lentos reflejaban un ritmo lento, un movimiento mínimo, más propio de plantas que de hombres.
La segunda vez que habló, Jim dijo, con una solemnidad no exenta de cierta naturalidad, lo siguiente: el fondo triste de todas las cosas sube a la superficie, sin dejar de ser fondo. Nadie entendió nada, pero sus palabras provocaron un silencio incómodo. Un silencio como de llanuras nevadas y tragedia metafísica.
En Montañas Solitarias todo el mundo hablaba sobre la locura del joven Jim. Es el viento, que se ha metido en su cabeza y todo el rato le habla en un lenguaje sin sentido que, sin embargo, de algún modo misterioso, Jim comprende mejor que nadie, por eso Jim no habla nunca, porque siempre está escuchando. Es de nacimiento, nadie puede hacer nada. No está loco, simplemente es diferente. Su percepción sobrenatural lo incapacita para la existencia cotidiana, que exige altas dosis de estupidez. Jim nunca escuchó a los hombres.
A los veinte años Jim decidió irse al mar. Nunca lo había visto. Se sentó en la playa y siguió percibiendo el fondo triste que sube a la superficie sin dejar de ser fondo de todas las cosas, pero estaba frente al mar.

Posted by SeñorS at Julio 28, 2007 06:30 PM
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