Qué espectro golpea la puerta
Quién pregunta si hay alguien ahí
escondido aguardando tras la muralla
tras la verja un jardín o un abismo
un lugar en el que vivir o morir
No hay nadie o quizás una ausencia
que es parecido pero no es lo mismo
restos tristes ahí ya no viviremos más
Bicicletas rotas y labios oxidados
todo el equipaje del desconcierto
cantando en una orilla, olvidado
El concierto de la ausencia
cuyas notas se clavan en los ojos
como mil alfileres mudos
Dedos amarillentos y ojos cansados
y palabras cansadas tartamudas
ebrias de juguetes rotos
No, ahí ya no hay nadie
ya no queda nadie ni nada
ni nadie nos rescatará de la nada
Espectros que traspasan la puerta del mar
y con ojos luminosos exploran el límite del mundo
y regresan con interrogantes tatuados en la piel
Quién llama y pregunta
si hay alguien ahí
Quién responde con rastrojos
en lugar de un corazón
Una música de espectros y cenizas
decora la puerta del jardín
y está también la muralla
que hay que arañar con los dientes
para poderla abrir.
La silueta de la ausencia
el escozor del abandono
el sabor metálico
de las pupilas grises
de la lluvia
que ya no nos moja el corazón
Sólo quedan el viento y los rastrojos
y en un teatro los espectros sobreviven
tambaleándose sobre el abismo
con la silueta del jardín tatuada
en sus ojos naúfragos.