Julio 26, 2007

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Llegó el verano a León, tarde y brusacamente, pero llegó.
Tras veinte días de ajetreo continuo, sin ordenador, sin apenas leer, sin escribir pero contactando, digamos, a lo Heidegger, con lo originario, lejos de la tecnología y de la civilización, retomo ahora, con un ritmo más calmado, más descansado, entre libros y cigarrillos, el viejo y desorientado rumbo de mis peregrinos pensamientos, sólo que no tengo nada en qué pensar, o a lo mejor sucede que el calor veraniego recalienta mi cabeza convirtiéndola en la de un pajillero de trece años. Ningún pensamiento. Imágenes y recuerdos sí. También: confusión kafkiana ante el ser, sin proyectos, con una vaga, sutilmente viscosa sensación de algo que no acierto a decir qué es, de algo que puedo tratar de rodear con algunos nombres, pero que sé que no atraparé del todo. Algo impermeable al lenguaje, más allá de los matices, de los adjetivos. ¿Angustia? no exactamente. ¿Tedio? No exactamente. ¿Indiferencia? Algo así, pero no. ¿Miedo? No, algo menos intenso que el miedo. ¿Desorientación existencial, culpa, preocupaciones económicas, vaivenes anímicos, confusión, torpeza mental, ganas de estar solo, ganas de estar acompañado, ganas de escribir una novela de verdad, desilusión frente al futuro, la certeza de que tras la infancia sólo sobrevivimos? No sé, no sé, colores pálidos, movimientos lentos, desconfianza, inseguridad, horchata en lugar de sangre en las venas, aletargamiento, anestesia. Nervermind.
Ahora escucho a Björk, prendo un cigarrillo. Pienso: si en Barcelona hubiese tenido dinero para gastar me hubiese comprado una camiseta de Sonic Youth y una camiseta de Eduardo Manostijeras y más cosas. Pienso: si me concentrara es probable que fuera capaz de estar a punto de llorar escuchando a Björk, pero no lo hago. Pienso: dentro de un rato tengo que ir a ducharme.
Me da la sensación de que el período vacacional hubiese concluido ya. He de ponerme a estudiar, terminar la carrera de una vez y despues ya veremos. No me aptece estar de vacaciones por más tiempo, prefiero que septiembre llegue cuanto antes.
Pienso: Michel Foucault es el as, los demás son gilipollas a su lado. Bueno, excepto Deleuze. Bueno, excepto muchos más. No tantos en realidad. El pobre Chomsky queda como un niño con muy pocas luces en el debate que mantuvieron en televisión allá por el año 1971. Chomsky empequeñece con cada intervención de Foucault, se va haciendo más y más enano y finalmente sólo se ve la cabeza calva de Foucault, quien domina con soltura la escena. Chomsky se hace cada vez más enano y parece que incluso tartamudea, con creciente nerviosismo, que en lugar de hablar tartamudea palabras cojas, justicia, moral, naturaleza humana. No obstante, no dudo de las buenas intenciones de Chomsky, pero Foucault juega en otra liga y le gana por goleada.

Y no pienso muchas más cosas. Voy a ir a ducharme.

Posted by SeñorS at Julio 26, 2007 07:12 PM
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