El siguiente escritor de la lista era un fanático de Edgar Allan Poe y de Lovecraft, Eduardo Salcedo. La primera vez que esuchó, por la radio, un relato de Edgar Allan Poe, sintió que el curso de su vida había sido bruscamente trastornado y no cabía en sí de emoción. Tendría unos dieciseis años por aquel entonces. Lo escuchó por la noche, en el walkman, en una oscuridad en la que se colaban tímidamente, por los huecos de la persiana, unas pocas líneas de luz proviniente de la farola más cercana a su ventana. Apenas durmió en toda la noche, en esa noche que para él sería crucial. Al día siguiente corrió a una librería en busca de los relatos de Edgar Allan Poe y alquiló en el videoclub Casablanca una película dirigida por Roger Corman, que no le gustó excesivamente porque, para Eduardo, Edgar Allan Poe no tenía nada que ver con el humor, sino con algo bien diferente. Devoró los relatos de Poe las cuatro noches siguientes y en la quinta noche escribió su primer relato, deudor, como no podía ser de otro modo, de la estética de Poe. Tituló su relato la brújula endemoniada y fue publicada en el mismo fanzine en que Roberto Ruiz publicó la reseña de la muerte de Alberto Jiménez. Roberto leyó el relato y se puso en contacto con Eduardo para proponerle escribir juntos una novela de terror que en las excitadas y retorcidas mentes de Roberto y de Eduardo iba a ser algo así como la gran novela de terror jamás escrita, un referente ineludible del género. Dedicaron más de dos años a escribir su novela, que fue publicada en una editorial independiente dedicada al género fantástico y de terror, y que solamente recibiría una crítica de Luciano Echevarría, en la cual destacaba la ingenuidad de los dos jóvenes escritores y los elevaba al dudoso honor de ser los Ed Wood de la literatura, por los innumerables fallos de la novela. Para Laura Yakovicz la novela escondía bajo un ropaje de subproducto pulp destinado al consumo banal una reflexión de alto contenido filosófico sobre lo monstruoso de la condición humana, sin querer, decía, han escrito una extraordinaria versión del Fausto de Goethe, del Drácula de Bram Stoker y del Frankenstein, de Mary Shelley, una historia conmovedora sobre el destino de los monstruos y sobre la pérdida de la identidad en un mundo esencialmente absurdo y aterrador, con una muy lograda estética posmoderna del fragmento y del pastiche, una obra de culto no apta para todos los públicos.
Domingo Sánchez Ramos era fundamentalmente un cinéfilo y fundamentalmente un fanático de Wim Wenders. Durante años vio unas tres películas por día y naturalmente le afectó al cerebro. No recuerda cómo ni por qué, ni en qué momento, se hizo escritor. No lo decidió, eso seguro. Se encontró de forma natural frente a una pantalla de ordenador, tecleando, prediendo cigarrillos y dando frecuentes viajes a la nevera a por cerveza. En poco tiempo completó dos novelas escritas con un lenguaje muy visual, casi como si se tratara de guiones cinematográficos. Nunca mitificó el oficio de escritor y se consideró siempre un artesano de las palabras que tejía historias sin preguntarse el motivo, por el puro placer de inventar. En su primera novela un chico se va de su casa, sin decir nada, llega a un hotel situado en medio de ninguna parte y alquila una habitación, hace un calor de mil demonios, la hija del propietario del hotel le sigue a todas partes, sacando todas sus armas de seducción, hasta que el chico cae en sus redes y por la mañana el padre les sorpende, desnudos, en la cama, se pone hecho una fiera y saca a patadas al chico de la habitación, la hija del propietario se ríe y no le ayuda. Durante toda la novela el chico apenas habla y el lector está siempre pendiente de lo que va a decir, pero finalmente no dice nada. La novela termina con la imagen del chico corriendo por el tejado del hotel, al atardecer, corriendo a cámara lenta, atravesando luces de neón, envuelto en una música con la que se tejen esos deseos que acaban en tragedias hermosas, escribe Domingo, sintiendo la brisa de ese lugar absurdamente situado fuera de la civilización, ese lugar libre e imposible.
Posted by SeñorS at Junio 29, 2007 08:59 PM