Dominique Lapierre, de origen francés, se trasladó a España a los quince años y fue el autor más prolífico de todos los comentados por Laura. Escribió más de setenta novelas entre los quince y los cuarenta años, con un estilo informal y ágil, en las que aparecen una serie de personajes un tanto estrafalarios: el mono suicida, la camarera lesbiana y drogadicta que pinta cuadros usando su propio pelo como pincel, el tuerto cuyo afán por dominar el mundo le llevó a ingresar en el manicomio de Mondragón, donde conoció a Leopoldo María Panero y juntos escribieron un libro inédito de poemas, un enano verde que luce en la oscuridad y habla en latín, un espía abstemio con agorafobia, un personaje de dibujos animados que nunca existió y cuya figura, en consecuencia, es desconocida, una trapecista adolescente con el poder de enamorar para siempre a todos los niños que acuden al circo, un profesor de matemáticas que vive encerrado en su casa y que odia pensar sólo en tres dimensiones, un alumno de filosofía que planea matar a una profesora de la Universidad de Salamanca y muchos más personajes surgidos de la imaginación de Dominique que nos es imposible referir aquí en su totalidad. Poco se sabe de su vida. Escribió mucho y un día dejó de hacerlo. Según Laura Yakovicz la literatura de Dominique es deliberadamente intrascendente, con un imaginario fruto de la cultura popular de los cómics y de las series de televisión y de dibujos animados. Describe peleas entre superhéroes y sus archienemigos en casi todas sus novelas. Solamente una novela tiene un corte más autobiográfico y nos permite inferir la personalidad de Dominique, es la historia de un niño solitario que juega con sus muñecos, ve dibujos animados y no tiene nada que decir sobre el sentido de la vida. Al llegar a la adolescencia se enamora, al salir de la adolescencia su novia no le soporta y al llegar a la vida adulta vuelve a ser un niño solitario cuya única pasión es escribir unas tres novelas intrascendentes por año.
Raúl Sánchez Blanco escribió poemas, articulos, ensayos, novelas policiacas, de ciencia-ficción, de fantasía, históricas, tratados sobre geometría fractal, libros de viajes, greguerías y cuentos. Se sabe que conoció a Blanca Soller, la autora de un único relato escrito a base de frases inconexas, y que le pareció un ser pedante y despreciable, un engreído y un capullo. Creía saberlo todo acerca de todo, comenta Blanca, y en realidad no sabía una mierda, ese psicópata con complejo de Edipo. Probablemente seguía siendo virgen a los treinta años. No obstante, su escritura es calificada por Laura como un terremoto ingobernable que abarca todos los terrenos, como un lúcido y frenético intento de ver las cosas desde todas las perspectivas posibles.
Agustín Flórez tuvo su primera experiencia sexual con una joven profesora de inglés de su instituto, experiencia que moldeó literariamente convirtiéndola en su primera novela, donde disimuladamente copiaba a Henry Miller y daba rienda suelta a sus fantasías sexuales. La novela abunda en los tópicos del género erótico y no tiene muchas pretensiones. Según Laura Yakovicz Agustín simplemente sintió la necesidad de narrar su experiencia y jamás pensó en su publicación mientras escribía, lo cual dotó a la novela de un estilo desenfadado de agradable lectura. Su segunda novela, sin embargo, es la que justifica su inclusión en una lista de autores osados, radicales y alarmantes. Esta vez el sexo, la violencia y la muerte conforman una escenario surrealista y brutal. Esta vez no copia disimuladamente a Henry Miller sino a Georges Bataille y al marqués de Sade, logrando, sin embargo, una voz propia extraordinariamente singular. La novela da miedo y es sumamente triste y desesperada.
Posted by SeñorS at Junio 26, 2007 10:07 PMEste texto (y el anterior, claro) me parece brillante.
Posted by: Ella at Junio 28, 2007 02:16 AMGracias :)
Posted by: Sr. S. at Junio 28, 2007 09:37 PM