Mayo 04, 2007

Pumuky contra Conan

Fue entonces, más o menos, cuando el hijo pequeño de Juan Ruano -un hombre tranquilo y afable y silencioso que en sus ratos libres pintaba cuadros que imitaban con total descaro el expresionismo abstracto de Pollock, del cual era un rendido admirador, y que quería visitar París algún día y que a veces incluso fantaseaba con la idea inverosímil, pero no por ello menos atractiva, de llegar a Montparnasse y sentarse en la plaza a dibujar y a fumar en pipa- Héctor Ruano, apodado Pumuky porque un compañero de clase le dijo un día que era tan pequeño como Pumuky, aunque al principio casi nadie sabía quien era Pumuky y Manuel tuvo que explicarles a todos los alumnos de 5º de EGB que era un dibujo animado que salía en una serie de televisión, un duende que siempre iba descalzo y tenía el pelo rojo y la punta de la nariz roja y todos, desde entonces, le llamaron Pumuky, si bien muchos siguieron sin saber quién era y además Héctor Ruano no era pelirrojo ni tenía la punta de la nariz roja ni iba descalzo ni era un duende, comenzó a tener una serie de pesadillas recurrentes en las que un musculoso y aterrador Conan el bárbaro le perseguía por bosques tenebrosos blandiendo un hacha amenazadora, de las cuales no se despertaba hasta el momento exacto en el que viéndose a sí mismo tumbado y atado sobre una especie de mesa de piedra muy fría el hacha se alzaba en lo alto sujetada por las manos de Conan y, tras un leve destello plateado, estaba a punto de cortarle el cuello.
Al despertar nunca gritaba pero el miedo ya había penetrado por todos los poros de su piel sudorosa y se había ramificado por toda la habitación, invadiéndola por completo y dotándola de una atmósfera espectral sacada directamente de Drácula de Bram Stoker o quizá de algún retorcido matorral del diablo que crecía en la prosa envenenada de Edgar Allan Poe o de alguna de las películas de terror que Pumuky, aunque no quería, al final siempre acababa viendo, incapaz de irse pronto a la cama y de matar la curiosidad que sentía por saber qué veían sus hermanos mayores en la tele por la noche, a la hora en que supuestamente él tendría que estar ya en la cama durmiendo.
A los cuatros segundos de despertar salía corriendo de su habitación a oscuras en la que las ramas invisibles del bosque de las pesadillas no paraban de crecer y se metía en la cama de sus padres, al lado de su madre, y al despertar recibía la tranquilizadora luz del sol con un gesto de inmenso alivio en el rostro que al llegar otra vez la noche se transformaría de nuevo en inquietud, una inquietud que Pumuky arrastraba a veces durante todo el día y que sus profesores no habían tardado en percibir, pues durantes las clases su actitud era la de un ausente, la de alguien tan profundamente enredado en sus ensoñaciones interiores que ni siquiera veía lo que tenía delante de sus ojos, pero no se trataba esta vez de ensoñaciones placenteras como aquellas en que le gustaba sumirse durante horas para poder imaginar complejas historias que no siempre, o en realidad casi nunca, tenían un final, o aquellas frenéticas introspecciones que consistían en recreaciones imaginarias de partidos de fútbol al estilo Oliver y Benji, sino de algo mucho más amenazante, a juzgar por lo que desde sus asustados ojos se transparentaba al mundo exterior, algo oscuro e innombrable (se adivinaba, sin embargo, un leve resplandor, una leve esperanza) una fuerza subterránea o una fuerza que brotaba desde algún lugar desconocido y perturbador que le arrastraba y le dejaba mareado, un combate en el que Pumuky estaba a punto de perderse a sí mismo pero un combate en el que Pumuky iba a apretar los puños y los dientes y en el que, en el momento en que sintiera el sabor de su sangre en la boca iba a escupir y a asestar un puñetazo mortal a Conan el bárbaro, cuya amenazante hacha iba a volar por los aires cortando las ramas y abriendo un claro en el bosque.

Posted by SeñorS at Mayo 4, 2007 02:21 AM
Comments

el colegio de patafisica les envia las Patactas del primer dia mundial sin emmanuel kant o la cosa en si no es asi

http://oicop.iespana.es/diasinkant.htm

¡salut¡

Posted by: Doctor Bungalou Lumbago A'tresbandas at Mayo 4, 2007 10:22 AM

También faltaron Hegel y Schopenhauer, que hubieran protagonizado una pelea no dialéctica sino a base de pata(das)físicas propinadas por un enfurecido Schopenhauer en el culo del charlatán (al decir del propio Schopenhauer) de Hegel. Claro que para este penúltimo (o sea, para el simpático y alegre Schopenhauer) la cosa en sí es la voluntad y como, finalmente, "quiso" negar su voluntad (viendose envuelto en la paradoja indicada por las precedentes comillas) no acudió y se quedó en su casa practicando su deporte favorito, que no era otro que insultar obesivamente a su madre y a Hegel

Posted by: Sr. S. at Mayo 4, 2007 02:11 PM
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