Abril 24, 2007

Poemas y el mar y el espantapájaros

Poemas

Te acuerdas cuando eras
la luna antes del anochecer
y los desiertos
no nos asustaban.

Ayer
es decir
hace siglos.


Los cigarrillos y la música
y el alcohol que bebíamos ayer
felices de ser arrojados
a las viejas calles
de farolas amarillas.


Me han dicho que los pájaros ebrios
vuelan sin mirar
que tienen una confianza suicida
en sus propias alas.


Prosa Nº1

Estaba nervioso, no por algo en especial, no me iba de viaje, ni se acercaban los exámenes ni nada, ningún acontecimiento trascendental que fuera a desbaratar los cimientos de mi insignificante existencia se adivinaba en el horizonte, en mi futuro próximo, pero igual me encontraba nervioso, preso de una agitación espiritual soterrada, si es que aún se puede hablar del espíritu. Si se puede (y ahora, que estamos solos, creo que sí se puede) diré que me encontraba como anestesiado, espiritualmente anestesiado, claro. Paseaba mecánicamente de un lado a otro del cuarto y aplastaba los cigarrillos a la mitad. Miraba por la ventana: el sol caía mansamente sobre el cerezo pero la luz, recordé, no es nuestra. Buscaba algo en que emplear mi tiempo pero no hacía nada.

Cuando uno se vacía por dentro arrastra su cuepo como si de un trasto viejo y enojoso se tratara, un trasto paradójicamente muy pesado, a pesar de estar vacío. Vacío, tedio, muerte, me entretuve confeccionando listas de palabras, desolación, quimera, lluvia, espantapájaros errante, marioneta muda, silencio, silencio y luces fuera, la función ha terminado.

Podría pasarme días enteros, quizá semanas e incluso meses, por no hablar de años, mirando el mar, sentado en una roca a orillas del mar, solo, sin hablar con nadie, sólo miraría y miraría y eso es todo, el mar, las olas, mirar y escuchar y nada más, o acaso desaparecer, comportarme como un fantasma, como un holograma o como un espectro, como alguien, en cualquier caso, que no cumple función determinada alguna en este mundo y es feliz sólo con ser (llamaríamos a esto acuerdo categórico con el ser), alguien que se sienta en una roca y la brisa lo acaricia y escucha el rumor del agua y el rumor de las chicas que juegan a la orilla, de las chicas que se ríen y toman el sol y nunca van a sufrir las embestidas de la angustia existencial.

Disfrutaba mucho imaginando que esto era posible, mi pensamiento tendía más hacia lo mitológico que hacia lo racional, porque si uno deriva hacia los parajes racionales y adultos del pensar, en seguida se da cuenta de que no es posible, de que entre sus fantasías y lo real hay un tenue cristal que lo arruina todo.

Ni siquiera estaba triste, o al menos no muy triste. Era la desgana personificada, siempre lo he sido, siempre preferiría no hacerlo. Nada giraba fuera de la órbita de la apatía, a cuyo extraño poder de atracción tan sólo, de alguna manera, escapaban los sueños, pero los sueños son frágiles y se rompen y al final, siempre, irremediablemente, uno está solo y es mortal y caminar a la intemperie no es algo al alcance de los cobardes.

Había que comer todos los días, y eso era una lata. Había que dormir todos los días, y eso era una lata. Tanto abrochar y desabrochar, escribió alguien en su nota de suicidio, a modo de explicación supongo. Me reí mucho con aquella nota, que en el fondo era triste y terrible, pero que en un primer momento consideré una genialidad, una obra maestra y portátil del humor negro. Me pasó lo mismo con La conjura de los necios, que primero me reí a carcajadas, pero luego me di cuenta de que en el fondo de ese maldito libro (una obra maestra absoluta, por cierto) hay algo terrible que asusta. Quizá sea porque Toole se suicidó. La nota de suicidio de Toole fue destruida por su madre.

Tanto abrochar y desabrochar. No es extraño que alguien acabe desquiciado al descubrir una terrible verdad de la existencia, que hay que abrocharse y desabrocharse la cremallera del pantalón todos los días, y repetir el gesto hasta la saciedad, hasta reventar de ejecutar miles de pequeñas acciones cotidianas cuya oscura finalidad escapa a nuestra capacidad de comprensión (llamaríamos a esto desacuerdo categórico con el ser)


Prosa Nº2

Abandonamos la carretera y nos aventuramos por los caminos, polvorientos y en penumbra, que comunicaban pueblos prácticamente fantasma, con pocos habitantes, todos viejos y a punto de morir. Apagué la radio del coche, ahora sólo se escuchaba el lento rodar de los neumáticos por el camino y a algunos grillos. Ella encendió un cigarrillo y me lo pasó. Gracias, le dije. Sonreía.

-¿Es aquí?
-Sí, un poco más adelante debe estar- dije, con la voz temblorosa.
-El espantapájaros, la llanura sombría del Espantapájaros Triste, del monstuo abandonado que espera impertérrito a que la chica del cuento le bese y le infunda la vida, devolviéndole su alma perdida- dijo ella riéndose, con una voz exagerada y con un gran derroche retórico en sus gestos, deliberadamente cómicos.

Detuvimos el coche: allí estaba. Un silencio extraño, casi definitivo, se apoderó de nosostros: el espantapájaros nos miraba y parecía el ser más desvalido de la tierra. No te preocupes, me dijo ella, acariciándome el pelo, es un poeta y ha soportado la crudeza del invierno con un admirable estoicismo, nadie podrá nunca con él.
Yo asentí en silencio y no lloré.


Prosa Nº3

Una imagen me perseguía antes de dormir, todas las noches una imagen similar se dibujaba ante mí, me veía a mí mismo recorriendo una playa, vestido únicamente con un bañador y fumando un cigarrillo, y ella estaba alegre y corría por la arena. Los dos estábamos prácticamente solos, no teníamos ni la más remota idea de qué íbamos a hacer con nuestras vidas, pero no teníamos miedo, le sonreíamos al futuro desafiantes, inconscientes e irresponsables.

Muchas noches me he acostado feliz, resguardado por esta imagen, lo he imaginado todo minuciosamente: el color del cielo, la sensación de la brisa marina, de los pies hundiédose en la arena, los gritos de los niños, el jaleo de los bares a los que acudiríamos despúes de estar en la playa, las olas cansadas del atardecer, las cañas que tomaríamos juntos en la terraza, lo he imaginado todo, me he dedicado a proyectar esta imagen inventada de mi futuro muchas noches felices.

Sin embargo, otras noches la demoledora certeza de estar desubicado y solo como el espantapájaros abandonado me sumía en una desesperanza axfisiante, y me veía paseando solo y medio loco por una ciudad cualquiera, entrando en librerías y buscando con furia y con urgencia un bote salvavidas entre los estantes polvorientos de los libros que ya nadie lee.

Posted by SeñorS at Abril 24, 2007 01:16 AM
Comments

Creo que te abandonas demasiado al alcohol y a los cigarrillos. No serás,ni más,ni mejor artista por servirte tanto de ello.
En muchas de las cosas que escribes siempre aparecen estas dos palabras.
Tú vales más sin todo eso, seguro.

Posted by: klepsidra at Abril 24, 2007 04:03 PM

No sé, a mí fumar me gusta, pero vamos, tampoco fumo tanto... ¡ni siquiera un paquete diario!, y sobre esa extraña persecución a los fumadores y el histerismo de los que parecen creer en el mito de la inmortalidad del cuerpo mejor no digo nada. El alcohol, en realidad se reduce prácticamente a la cerveza, y este año estoy muy moderado... mi adicción más voraz, aunque la cite menos, es la cafeína, cafés y coca-colas a tutiplén, eso sí, tonifican mi cerebro y mis músculos, el café es la sustancia psicoactiva más consumida del mundo, y si todo el mundo la consumiera en la demenciales cantidades que yo sería una auténtica bestialidad... elevan el nivel de dopamina y estimula la segregación de adrenalina, mejora la respiración y hace que los músculos se contraigan más fácilmente. En definitiva, ¡Viva la cafeína! Pero tampoco hay que pasarse, recuerdo que una noche de reyes iba a salir, no había dormido prácticamente nada y bebí tanta coca-cola por la tarde que al llegar al bar donde había quedado me encontraba en un estado de nerviosismo y ansiedad provocado directamente por la cafeína... me temblaban las manos, fue un poco raro

Por otra parte a mí me gustaría experimentar con más drogas y estados de conciencia alterados, pero no me atrevo, seguramente he interiorizado esa especie de Ley del superyó, una especie de prohibición bíblica concretada en las instituciones vigilantes y estigmatizantes (familia, escuela, etc); no estoy abogando por la adicción, que de hecho es un intento de rechazar toda experiencia por parte del consumidor, y aniquila su deseo, y se aniquila a sí mismo (la adicción que impide vivir de forma autónoma, no la dicción al café, que no plantea problema alguno) ni por el consumo de masas, donde el individuo se aliena (deja de ser un yo), ni por el consumo con el fin de evadirse de los problemas cotidianos, que es un consumo imbécil y no me interesa... no hay que evadirse, hay que profundizar en la experiencia del placer (de apertura a los otros, y de apertura al mundo, etc) Yo he pasado algunos de los mejores ratos de mi vida bebiendo, y una vez, gracias a una marihuana excelente, tuvimos un instante de iluminación supremo, inenarrable (el THC no es adictivo, ningún problema). Claro que la etapa de experimentación pasa, y dentro de algunos años tocará entrar en otras fases vitales, pero no me alegraría de haberme saltado la etapa etílica, de ninguna manera.

Me remito a un pensador absolutamente genial, el gran Foucault (que decía, más o menos, que las drogas eran un placer desexualizado, así que aparte del sexualizado y de la literatura (que participa de ambos, supongo) no habría muchos más:

"Es desesperante, por ejemplo, que no consideremos el problema de las drogas más que desde el punto de vista de la libertad o de la prohibición. Las drogas deben convertirse en un elemento cultural.”

¿Cómo fuente de placer?

“Por supuesto, como fuente de placer. Debemos conocer las drogas, probar las drogas; producir buenas drogas, que induzcan placeres intensos. El puritanismo que reina en relación con las drogas - un puritanismo que obliga a estar a favor o en contra- es un craso error. Las drogas son parte integrante de nuestra cultura: igual que existe buena y mala música, hay buenas y malas drogas. E igual que sería estúpido decir que estamos contra la música, es estúpido decir que estamos contra las drogas.”

• No se trata sino de sondear el placer y todas sus posibilidades.

“Exacto. El placer debe también formar parte de nuestra cultura. No está de más señalar que desde hace siglos, la mayoría de las personas - incluidos también médicos, psiquiatras y hasta los movimientos de liberación- vienen hablando del deseo, nunca de placer. "Debemos liberar nuestro deseo", afirman. ¡No!. Debemos crear placeres nuevos: acaso surja entonces el deseo.”

La historia de las drogas es inseparabe de la historia de la cultura, y dentro de ésta, de las artes, y dentro de éstas, de la literatura ("Historia de las drogas", Antonio Escohotado; "Escrito con drogas", Sadie Plant)

Poe, Huxley, Burroughs, Stevenson, Rimbaud... la lista es interminable

"¿La historia de la literatura sería distinta sin las drogas?

Sí, probablemente sería muy distinta. No es una cuestión de si sería mejor o peor, pero sí que sería diferente. Viviríamos en un paisaje cultural muy distinto sin el impacto de estas sustancias.

Parece que los escritores afectados por el consumo de droga van a ser unos pocos, pero su libro expone que, muy al contrario, ha habido muchos artistas y escritores que han consumido estas sustancias.

Es cierto. Es muy difícil encontrar a un escritor del siglo XIX del que estés seguro que no utilizaba el opio. Para hacer el libro, al principio empecé a buscar a escritores que utilizaban drogas y terminé buscando los que no lo hacían. En el siglo XIX, en muchos países occidentales, el opio era una sustancia muy común, y no sólo lo utilizaban escritores, intelectuales y artistas, sino también los obreros. Todo el mundo tenía opio en casa".
(entrevista a Sadie Plant)

Además los efectos más perjudiciales de las drogas, la invención del yonki y los problemas públicos asociados al consumo provienen de la ilegalización.

Espero que el alcohol y el tabaco (y por supuesto el café) sigan siendo legales durante mucho tiempo.

Por otra parte, digamos que quedarse en un disfrute narcisista es un poco infantil (los artistas han sido niños toda su vida, decía, seguramente con razón, Nietzsche), es una voluntad infantil y egoísta que al capitalismo le viene muy bien, lo cual para mí sólo quiere decir que el consumo de otras culturas estaba integrado en la comunidad, y el consumo de drogas dentro del capitalismo (la droga es la mercancía perfecta) no lo está, pero esto es más global, el individualismo como pérdida del vínculo de los individuos entre sí deviene en una patología narcisista, sólo cuenta el deseo material de la propiedad. El consumo de drogas, en general, en una sociedad así, es narcisista, pero no por culpa de la maldad intrínseca de la drogas, que no son malas, sino "entes neutros", como decía Escohotado. Pero bueno, la moralina mediática impide cualquier debate serio sobre las drogas...

Me ha quedado un comentario larguísimo, ¿no?

saludos :)

Posted by: Sr. S. at Abril 25, 2007 01:58 AM

Me encanta cuando contestas y queda un comentario más largo que el propio texto. Aún así, hoy me quedo con lo segundo, tus prosas me han parecido cojonudas. Y sigue fumando y bebiendo y mirando las estrellas, que un poeta sin adicciones ya no es lo mismo.

Posted by: Ella at Abril 26, 2007 03:01 PM

Gracias, cojonudas es un adjetivo que mis prosas agradecen. Sonríen y todo :)

Posted by: Sr. S. at Abril 27, 2007 02:41 AM

La figura del yonky:
No hay nada peor que descubrir que el monstruo está contigo y que, además, vive en tu cuarto. No hay nada peor que descubrir que duerme en tu cama y piensa por ti. No hay nada peor que descubrir que tú eres el monstruo. El peor momento de tu vida, el final de la misma como propia, es cuando te miras al espejo y te odias. Te odias a ti, odias tu imagen, y odias tu vida. No sé si me di cuenta tarde.
Hasta entonces nunca había pensado en las consecuencias. Cabía la posibilidad de que las hubiera, pero pensar en ellas no haría otra cosa sino volverme aún más cobarde, más aún de lo que había demostrado ser durante tanto tiempo.
Antes de aquello no tenía preocupaciones. Llevaba una vida normal, en una familia normal y una casa y una ciudad normales. Seguro que de haberme parado a pensar me hubiese encontrado en una situación privilegiada.
Toda mi vida había tenido un mejor amigo, el amigo de toda la vida, mi alma gemela. Éramos inseparables porque todo me lo daba él: desde el hombro en el que llorar hasta el chiste con el que reír. Pero todo eso acabó en el momento en que abrí aquella puerta y entré en ese sótano negro que olía a abandono.
Hacía tiempo que mi amigo no era el mismo. No se reía igual, ni miraba a la gente de la misma manera. Ya era imposible reconocerle: había empezado a frecuentar unas amistadas mucho mayores que él, y había formado un círculo en el que no había sitio para mi. Sólo volvía a ser el de antes cuando estábamos a solas, algo que cada vez iba siendo menos corriente; y, aun así, aun sabiendo que mi amigo ya no quería nada de mi, seguía esperándole.
La espera se volvía cada vez más dura, porque ahora estaba solo. Había tardado tanto en ver que mi amigo se había montado en un tren sin parada prevista, que todos los demás se habían ido alejando. Ahora sólo me quedaba sentarme en la estación, donde, aunque todavía no lo sabía, cogería el billete a ese sótano sucio que olía a ilusiones perdidas.
Al poco, él empezó a llegar tarde a clase. Llegaba tarde y, a menudo, sin los libros. Se sentaba en su pupitre y clavaba la mirada al techo, dejando pasar los minutos y las horas, sin bajar a tierra más que para salir corriendo cuando tocaba el timbre del recreo. Cuando volvía, sus ojos estaban más enrojecidos que cuando salió.
Después, ni siquiera se molestaba en ir a clase. Abandonó los estudios y se dedicó en cuerpo y alma a su círculo, y a ese sótano que olía a recuerdos borrosos. Sus ojos rojos se enmarcaban en ojeras.
Yo era testigo del deterioro de mi amigo, de su caída en picado, igual que el maniquí observa el ir y venir de los paseantes. Lo veía, lo sentía, pero no era capaz de moverme, de reaccionar para hacerle reaccionar a él.
El día anterior al suceso que cambió mi vida para siempre, dormí poco y mal. Tuve alguna pesadilla, de eso estoy seguro, aunque no fui capaz de recordarla. Pareciera un presagio, el buitre que sobrevuela al animal moribundo cuando este todavía no ha perdido la esperanza de vivir, y, si hubiese sido más inteligente, no habría salido de la cama para darme de boca con la realidad de ese sótano que olía a rechazo.
Esa mañana se me quemaron las tostadas, derramé el café, y salí tarde y sin peinar. Me había acostumbrado a no ver a mi amigo tan temprano, así que me sorprendí cuando lo vio esperándome en la puerta del colegio. Sus dientes empezaban a oscurecer.
No se decidía a acercarse. Mientras lo miraba apoyado en el muro, mordiéndose los restos de uña y pasándose nervioso la mano por el cuello, pensaba en todos los buenos ratos que habíamos pasado juntos, y en como las amistades indebidas podían hacer tanto daño. Lo veía tan demacrado y pálido que, a pesar del nudo que se me hacía en el estómago, no podía evitar compararlo con un dibujo animado que salía en televisión. Irónicamente, aquel dibujo me hacía gracia.
Cuando estuvimos uno frente al otro, no nos dijimos palabra. Entre nosotros estaba el recelo y el daño de una decisión mal tomada. Nos quedamos así, quietos, hasta que el último niño hubo entrado en el colegio. Sólo entonces él abrió la boca. Abrió la boca y habló para pedirme, rápidamente y en voz muy baja, algo de dinero. Decía que sentía tener que hacerlo, pero que lo necesitaba urgentemente y no sabía a quién acudir. Añadió que esperaba que demostrase ser su amigo y no le dejase en la estacada.
Yo seguía callado, percibiendo como a mi amigo del alma le sudaban las manos. Sabía demasiado bien que era lo que tenía que hacer, que no podía ser cómplice de esa autodestrucción; pero podía más la ilusión de que hubiera recurrido a mi precisamente para que le hiciese el favor. Al sacar la cartera del bolsillo, me percaté de la expresión ansiosa de su cara. Le di unos billetes y me volvía para entrar en el colegio, cuando escuché como mi amigo me invitaba a acompañarle a ese sótano que olía a desconfianza.
Sin darme cuenta, me encontré siguiéndole y pensando en lo mal que me había hecho sentir. Él ni siquiera se lo habría planteado, pero yo sí era consciente del efecto que su error había causado en su entorno, en el que yo me incluía. Había sido un efecto demoledor, similar al de una bomba. Nadie se lo esperaba, nadie lo vio venir hasta que la tuvimos encima y nos explotó en la cara. Siempre las mismas palabras: “Que penita... Con lo bueno que era de pequeño...” Y yo acordándome de El Funeral de Fito: >
Llegamos allí. Llamó a la puerta, y salió a abrir el diablo hecho persona. Mi amigo entró, pero yo no podía más que fijarme en lo sucio que estaba ese sótano... y en ese olor a decepción, a llanto y a huecas palabras de consuelo.
Estaba así parado delante de la puerta abierta, sin ser capaz de entrar ni de marcharme. Y entonces me vi a mi mismo, escuchando de nuevo una voz cortante en mi cabeza, un silbido dañino que me marcaba a fuego el alma con cada pensamiento: “Verás tu reflejo y no te gustará, maldiciendo tu suerte. Ya no habrá salvación y, el pequeño mundo que con tanto esfuerzo tallaste en cristal, caerá destrozándose en ínfimos pedazos. Y lo peor no será que se halla roto, lo peor será el ruido que hará al romperse: un ruido insoportable, penetrante y doloroso, que no sólo escucharás tú, sino también toda esa gente que te sostenía mientras te arremangabas para tomar impulso. Ahí es cuando de verdad acabarás, sabiéndolo y odiándote. Odiándote tanto que sentirás asco y te entrarán nauseas... y no conseguirás acabar. Lo desearás... Desearás terminar pero no lo harás. Sabes que eso es de valientes y tú eres cobarde, tú también eres un monstruo”.
Cerré la mente y lloré, sin querer escuchar más. No es que no lo entendiese, es que me daba miedo llegar a entenderlo. No quería ser como él, no quería ser un monstruo.

Posted by: Bea at Abril 28, 2007 05:49 PM

Muy interesante tu visión sobre las drogas, las comparto al 100 porciento aunque me siento algo tonta escribiéndolo aquí. No es que visite mucho estos sitios de blogs o como se llamen. El caso es que estaba buscando cosas de Loriga y de pronto saltó este espacio. Probablemente tampoco lea la respuesta de este comentario porque no recuerde el URL. Así que igual de estéril. Pero tu página me gusta.

Posted by: Evelyn at Junio 12, 2007 09:00 PM

Hello! Good website, check my at http://pharmacy0.110mb.com/xanax+anxiety my name is xanax anxiety

Posted by: xanax anxiety at Marzo 10, 2008 11:26 PM

Hello! Good website, check my at http://pharmacy0.110mb.com/anti+anxiety+medication my name is anti anxiety medication

Posted by: anti anxiety medication at Marzo 13, 2008 09:52 PM
Post a comment









Remember personal info?




Introduce el siguiente número tal como aparece: