Marzo 08, 2007

Otro post (vuelvo, no soy nada constante en mis decisiones, no me hagan caso)

Igual que la luciérnaga estremecida
se extiende como un débil hilo sobre el jardín
regodeándose en el crepúsculo
así se disuelve el ser
en esta brisa de un tiempo lejano
de un tiempo fuera del tiempo

es esta paz que te atraviesa
que te deshace:

no hay más un yo en el lugar del viento.

la noche dice sin palabras
como un gesto debajo de las sábanas
esta belleza que se quiebra
que se deshace.

tú sonríes
y es triste
pero hermoso

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Cada vez se hace más tarde. El tiempo pasa. Ya puedes hacer piruetas suicidas en la cornisa de un tejado mientras bebes cerveza y lloras con desesperación furiosa y risas histéricas, que el tiempo pasa igual. Cada vez se hace más tarde, conejo blanco, y no has encontrado tu lugar en el mapa, y ya puedes quemar el mapa y correr veloz como un viento que huye, que el territorio no va a desaparecer, la terquedad muda del mundo... Puedes, sin embargo, inventar un mapa, inventar un tesoro, sólo así tendrás algo que buscar. Y quizá, después de todo, el tesoro exista, aunque sea frágilmente sobre este quizá que nos lanza a tierras incógnitas, allí donde el pensamiento más clarividente encuentra su límite y se golpea contra él. El pensamiento lanza puñetazos contra el lenguaje.

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Fue invitado a dar una conferencia sobre algún tema abstruso, sobre el cual años de estudio apasionado le habían convertido en un experto. Preparó concienzudamente su conferencia, repasó, leyó, subrayó, pensó como un descosido, dejó de dormir, entregado a su tarea, absorbido por completo. La aridez conceptual no lo disuadió, se había impuesto un rigor inhumano, y sabía perfectamente de lo que hablaba, su fuerza interior se acrecentaba, se sentía como un conquistador, un triunfador. Su tesis era clara, perfectamente argumentada, exquisitamente expuesta, con un estilo ágil, contundente, soberbio. Cuando terminó la conferencia, sin embargo, decenas de ojos asombrados lo miraban como a un extraterrestre caído por casualidad en un planeta ajeno y hostil.

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¿Te acuerdas cuando eras
una sonrisa entrelazada con la noche
y el humo de un cigarrillo al amanecer?

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Mucho tiempo he estado acostándome tarde, retardando el momento de irme a la cama con cualquier excusa. Libros, películas, ver basura televisiva, cualquier cosa me servía con tal de no ir a la cama, cerrar los ojos, desaparecer. Algunas veces una vaga angustia se filtraba por los poros de mi piel, un malestar indeterminado me mantenía en suspenso frente al mundo. Estábamos yo y mi conciencia y nunca era el momento adecuado para dormirnos.
Cultivaba mi angustia con curiosidad, advertía claramente cómo la apatía me inutilizaba. Muchas veces no hacía nada. No era capaz de leer ni de nada, una tristeza sin causa flotaba como una niebla invisible por mi habitación, impregnándola de sinsentido y atrocidad. Era un desierto, ruinas desoladas, una ciudad espectral, un pueblo abandonado, como si el entusiasmo y el deseo se hubiesen fugado a otro mundo. A un mundo lejano, irreal, que no me pertenecía, un mundo inaccesible para mi gris conciencia. Una pálida figura insustancial, una marioneta arrojada a la carretera mojada, un muñeco al que de pronto han robado el alma, un mecanismo averiado, un cerebro que ha dejado de segregar las sustancia químicas de la vida... creo que pueden hacerse una idea.

No obstante, no siempre era así, me estoy dejando llevar por las palabras, exagero la situación para envolverla en una atmósfera literaria, miento, desvirtúo los hechos. Un personaje desesperado posee cierta grandeza trágica. La felicidad burguesa es aburrida. La felicidad no tiene ninguna grandeza, ni ningún interés artístico. Pero tampoco era feliz del todo, ni era convencional. No sabía lo que era y tampoco es que me importara mucho. Me acostaba muy tarde. Bebía una botella de vino y escuchaba a Janis Joplin. No obstante, a mi particular modo era feliz, a mi modo marginado y lunático y desesperado, pero echaba de menos algo. A ella.

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(Versión 1)

Los sabios, los temerarios, partieron al amanecer. Surcando la niebla invernal, sus figuras se desvanecían paso a paso, engullidos por la lejanía. Otros horizontes, otros mundos quizá, les aguardaban. Toda la ciudad contempló su partida, sumida en un silencio cómplice de la niebla, apenas turbado por el silbido leve del viento y el rumor hipnótico del mar. Brillaban sus orgullosos y desafiantes ojos con el destello tembloroso de la locura de Ahab.
Partían, sin duda, en busca del demonio blanco.
Sin duda estaban poseídos y nunca hallarían descanso.
Muchos años anduvieron, de ciudad en ciudad, de país en país, recorriendo todos los caminos, en todas las direcciones, sin ceder ni un solo momento a la fatiga o a la desilusión, sobreponiéndose con un esfuerzo sobrehumano a las adversidades que les acosaban, guiados por el fin de su titánica (acaso imposible) empresa: matar al demonio blanco.
Consumidos por su obsesión, por el hambre, la fiebre, la locura, por el frío, imaginaron innumerables veces haber cazado por fin al demonio blanco, como en sueños llegaban al final de su camino, la paz los inundaba, dejaban de errar.
Pero apenas recobraban el sentido la verdad se imponía: el demonio blanco no existe.

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(Versión 2)

Ellos –los locos, los temerarios- partieron al atardecer. Era invierno y la niebla engullía sus figuras como la boca de un fantasma triste. Otros horizontes, otros mundos quizá, les aguardaban. La ciudad entera les despidió. El silencio, turbado apenas por el silbido agudo del viento y el rumor hipnótico del mar, inundaba las calles. En el fulgor de sus ojos oscuros, desafiantes, temerarios, se adivinaba la locura, el mensaje incierto del viento, motivo de su partida.
Nadie sabía, en realidad, qué había pasado, por qué aquellos cuatro hombres partían, ni hacia dónde, pero la enrarecida atmósfera que precedió a su partida inquietó el ánimo de todos los habitantes de la ciudad. Toda la ciudad miraba atemorizada a esos cuatro hombres, cuyos ojos enloquecidos sumían en el terror a quien los mirara directamente. Toda la ciudad –silenciosa, fantasmal- miraba al suelo mientras aquellos cuatro hombres partían.
Sus pasos, sumergidos ya en la niebla, llegaban con un eco que erizaba la piel.
Los días previos a su partida no hablaron, no comieron, apenas se movían, los cuatro permanecían como petrificados, con la mirada perdida, una mirada cortante como el filo de una navaja manchada de sangre.
Y el viento soplaba, agudo, penetrante.

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Que un pobre diablo, que un triste de la vida, consiguiera hacerse querer por la chica que ocupaba las fantasías de los hombres de toda la ciudad, no es moco de pavo. Estudiante pobre, malvivía emborrachándose en todas las tabernas. Triste y lunático como era, sus amigos siempre acababan llevándole a casa, consolándole como podían. Era difícil saber lo que le pasaba, porque ni él mismo lo sabía. Frágil y sensible, un tarado en toda regla: enclenque, maniático, sabihondo, triste, pálido, delgaducho e insoportable, así era el chico que conquistó a la chica de los sueños de toda la ciudad.
Ella se fijó en él, a saber por qué.
Todo comenzó en una taberna. Estaba borracho, como siempre, como toda la vida, triste y borracho.
Le hizo gracia, nunca había visto a un tipo tan extraño. Se encaprichó con él, aunque tenía novio. Y él, un triste de la vida, se sintió feliz por una vez, feliz de verdad por primera vez en la vida.
Parece el final de una película ñoña, pero así ocurrió: se besaron, follaron mucho y comieron perdices.

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Al borde de un acantilado, Arturo Sánchez escribe sus memorias en un cuaderno viejo del que apenas quedan unas pocas páginas en limpio.
Respira profundamente, contempla el mar. Es un día de primavera y no ha ido a clase. Enciende el primer cigarrillo del día, tose, le lloran un poco los ojos y sonríe (acaso el mar conoce sus pensamientos más íntimos). Nací en abril, en una ciudad del norte, y nevaba, lo cual era extraño, porque en abril no suele nevar. Así empieza. No tiene mucho que contar. El 16 de abril cumplirá veinte años. A los trece años di mi primer beso, en una excursión del colegio, no recuerdo si fue con lengua, se me nubló el conocimiento y no sabía ni qué pensaba. Aún me dura la sonrisa. Arturo piensa en aquella chica del colegio y le parece una fantasmagoría, un fruto de su imaginación. Aquella chica existó de verdad, y hoy no se diferencia de una fantasía: extraño.
A los quince años Kurt Cobain era mi guía espiritual, llevaba los pantalones rotos, la angustia y la belleza dolorosa del mundo recorrían mis venas como una corriente eléctrica, o tal vez como una lluvia infinitamente suave, infinitamente triste y acogedora y desgarradora.
Arturo deja de escribir, apaga el cigarrillo. Hace buen tiempo, está alegre. Solo, pero alegre; extrañamente alegre.
A los diecisiete seguía encerrado en mi cuarto, leyendo, y apenas iba por clase. Arturo recuerda el instituto, la vergüenza que pasó cuando fue considerado el chico más guapo de la clase, en un estúpido juego.
Eres de lo más raro, a cualquier otro le habría encantado, pero tú te enfadas.
Arturo recuerda, aún no tiene veinte años y no para de recordar.

Posted by SeñorS at Marzo 8, 2007 11:43 PM
Comments

Que sean 2 cervezas

Posted by: Gari at Marzo 9, 2007 02:48 PM

No renuncies nunca .Conoces la musica de Billie Holliday?

Posted by: Klepsidra at Marzo 9, 2007 11:40 PM

Estaria bien hablar contigo.No hay sitio en el ciberespacio para quedar?

Posted by: klepsidra at Marzo 9, 2007 11:57 PM

Ey! No dejes nunca de escribir. ¿Qué piensas del "¿tener o ser?" de Fromm y del consemismo moderno?

Posted by: Parina at Marzo 10, 2007 04:09 PM

...que bueno, que bueno... que bueno que regresaste, Sr. S .-

Posted by: Rufiana at Marzo 11, 2007 02:36 AM

No dejes de escribir nunca

Posted by: Juan at Marzo 11, 2007 07:10 PM

Gracias, gracias, qué acogida :)

Cerveza gratis, eso sí que suena bien ;)

Para hablar, pues mi dirección es Sr_S_Attack@hotmail.com, aunque casi nunca estoy conectado... para mi subjetividad paranoico-autista el messenger es un poco invasivo jeje, pero alguna vez me conectaré.

A billie Holliday casi no la he escuchado.

El libro de Fromm tampoco lo he leído, leí "El miedo a la libertad"... en general yo estoy con Hegel y con Marx (no con Popper ni con nadie que se parezca a un liberal, que sólo saben fundamentar una ética en el egoísmo, como hace Ayn Rand (probablemente la peor filósofa de la historia)). Ya Hegel señaló que el individualismo moderno se basaba en la centralidad de la propiedad privada y que el Derecho, hablando en términos del Gran Marx, forma parte de la superestructura ideológica, destinada a defender un modo de producción, el capitalista. Así, el fin de la existencia humana en las democracias liberales (en el capitalismo) es disfrutar de la propiedad, de modo privado. "Tener" es la finalidad de la existenca y el conflicto de intereses está garantizado. Este individualismo genera patologías narcisistas, un consumismo insaciable acorde con el histérico sistema de producción capitalista. Este individualismo, además, establece una separación del todo social, ámbito de la integración, y los individuos pierden su vínculo entre sí. La seguridad de la propiedad privada es en torno a lo que pivota la legislación, y hace imposible la libertad. Si no es posible limitar la propiedad privada (La libertad del capital) no es posible una vida ética, porque la autonomía de la persona, su libertad, sólo se concibe en cuanto propietario. Se rompen los vínculos comunitarios, el único vínculo es la propiedad privada.

La patología narcisista del individualismo capitalista le lleva tener que construir el sentido a partir de sus intereses privados; se pierde el principio de realidad y el individuo, lejos de ser libre, es una marioneta alienada. No se basa en el ser, sino en el tener. Jünger, por ejemplo, habla de "la libertad trascedental", que sería una libertad basada en el ser, pero el capitalismo, como decía Marx (más o menos, cito de memoria) nos ha vuelto tan estúpidos que sólo consideramos algo nuestro cuando lo tenemos. Marx no está en contra de la propiedad, sino en contra de un modo específico de la propiedad, la propiedad burguesa... bueno, explicar esto nos llevaría muy lejos.

Pienso más o menos eso... no sé si Fromm se basa en hegel, Marcuse sí que se basa bastante en Hegel... y Marx, claro, que no le pone tan patas arriba... porque Hegel no es tan idealista: para él la idea es el concepto y su realización, su devenir real, este modo el concepto de libertad, por ejemplo, es una abstracción que no vale para nada si no se realiza. A Hegel se le puede considerar incluso un filósofo pragmático... pero en fin, Hegel es mucho Hegel, no como Popper: Marx no es un enemigo de la sociedad abierta (además el marxismo no es dogmático, es una guía para la acción) y no niega al individuo en favor de una colectividad, parece que Popper ni siquiera ha leído a Marx, cuando dice que el comunismo en sí no es el fin de la historia. Marx reconoce al hombre como ser social, abierto al otro, no encerrado, disfrutando narcisísticamente de la propiedad (que, además, se produce socialmente). El individuo sólo se constituye como individuo integrándose en un todo social. Popper no comprende esto y prefiere disfrutar de su fantasía liberal, fantasía en la cual es necesario negar al otro: el pobre, el inmigrante, ni siquiera es una persona (en sentido jurídico, con derechos), porque no es propietario. La ética del capitalismo es absolutamente egoísta (esto lo dicen los propios teóricos del liberalismo político, Ayn Rand) así que no es extraño el ansia por tener, el consumismo patológico de las marionetas alienadas, porque su identidad no se basa (no puede, si no cambian los modos de producción) en el ser... es el ser social el que determina la conciencia, no al revés (tesis clásica de Marx). Y es la economía la que determina el orden social, la superestructura ideológica.

Seguramente no he respondido mucho ni me he explicado bien, y me he ido por los cerros de úbeda, por los marxistas cerros de úbeda XD)

Posted by: Sr. S. at Marzo 13, 2007 12:25 AM

Eres un pusilánime y lo sabes!

Posted by: martita at Marzo 13, 2007 06:57 PM

Pero mi pusilanimidad es artística y revolucionaria :p

Posted by: Sr. S. at Marzo 13, 2007 07:36 PM

Si si, lo que tu digas..q nos conocemos..o no?¿ q se igual solo soy tu compañera de piso...
En fin.."conejo blanco"..te ha calado eh? sabia q terminarias cogiendole aprecio :) de ahi ha hablar con el y achucharle hay un paso!

Posted by: martita at Marzo 14, 2007 12:51 PM

Claro, es que si compras un conejo negro... la encarnación del mal, símbolo de las tinieblas, etc, seguro que hay un conejo negro en el cuadro de El Bosco, en la parte izquierda (del cuadro) que es la parte siniestra del infierno :p

Pero el conejo blanco, a parte del de Alicia, es el de los Monty Phyton (Conejo al ajillo, eso dicen todos!) así que también es algo siniestro y peligroso

Posted by: Sr. S. at Marzo 14, 2007 09:43 PM

mira la verdad es que no lei muy bien lo q escribes pero mientras iba bajando el cursor vi de repente kurt cobain . la verdad es q a veces me e sentido un poco confundida en cuanto a mi vida, en unos dias mas te envio mis pensamientos.

Posted by: KAREN at Mayo 7, 2007 07:55 PM

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Posted by: pharmacist jobs at Marzo 10, 2008 11:25 PM

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Posted by: buying xanax at Marzo 13, 2008 09:50 PM
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