Bueno, ya estamos en diciembre: Oh crepúsculo anual, viento frío y lacerante golpeando las mejillas, luces de colores...
Para escribir solamente hacen falta dos cosas, decía alguien: tener algo que decir, y decirlo. Más interesante quizá sería una fórmula alternativa que convierte al texto en puro experimento, en un salto al vacío, en un juego demencial de significantes cuyo significado es un enigma, un juego cuyo sentido nos es desconocido. No tener nada que decir, y decirlo. No se quiere significar nada al usar los signos lingüísticos. Los signos se quedan así desvalidos, torpes, inseguros en su caminar vacilante, entrañables vagabundos existencialistas que saben que la vida no tiene sentido, y en medio del absurdo, no obstante, continúan empeñados en vivir. No hay ningún sentido previamente establecido que los signos tuvieran la misión de desvelar, ningún sentido trascedental al margen de las palabras torpes de un niño idiota que juega desconociendo las reglas del juego y se ríe como si el universo fuera una broma inmensa. Precisemos (no pienso releer el texto así que lo voy a ir corrigiendo sobre la marcha, siguiendo el método Cesar Aira: nunca reescribir, seguir hacia adelante). El sentido es un producto, decía Deleuze en esa extraña novela filosófica que es La Lógica del Sentido. No es Dios. Somos ateos (escribo en plural para suavizar el impacto entre posibles lectores religiosos), a Dios lo mató Nietzsche de un martillazo. Como es dios y tiene superpoderes podría resucitar, claro, pero para nosotros está muerto y enterrado. El existencialismo es un ateísmo o es una vendida de moto. Creo que estoy escribiendo frases inconexas. Bueno, da igual, aquí no me puede suspender nadie. Dado que el sentido es un producto, es algo que se crea, que la propia acción de escribir crea. ¿Y un discurso sobre la quiebra del sentido? Panero ya lo escribió. No se quiere significar nada al usar los signos lingüísticos, supramenté antes. Derrida me daría una colleja por decir esta estupidez. No hay un significado independiente de los significantes, el signo es esta dualidad, esta dualidad metafísica viene de la tradicción occidental y la dualidad suprema: sensible/suprasensible. ¿Mejor así, Derrida? Derrida pone un gesto de interrogación, fuma en su pipa francesa y me hace algunas correcciones, pero no las entiendo porque Derrida habla en francés. Mejor sigamos adelante y olvidémonos de Derrida, está sumido en profundas meditaciones y además está muerto y a mí los fantasmas me asustan. Su espectral pipa es como aquella otra extraña pipa francesa que no era una pipa. ¡Era la representación! Qué cuadro genial, es como un chiste deliciosamente mordaz que dijera: vuestros edificios conceptuales no son conocimiento: no son la realidad. La pipa y la realidad, las palabras y las cosas. Las palabras son extrañas si lo piensas. ¿Existe el país de las palabras? Si así fuera, ¿lo inventó Borges?
Lo que quería decir no era eso. No sé qué quería decir (guiño al lector). Dar prioridad a la imagen en la escritura, en lugar de al símbolo: experimento poético. ¿Qué significa ese texto? No lo sé, yo sólo soy responsable de las palabras en su más gloriosa superficialidad, las profundidades metafísicas del significado se las dejo a su libre interpretación, podríamos contestar, entonces. Como cuando a Rimbaud le preguntaron qué quería decir Una temporada en el infierno y contestó: quise decir exactamente lo que dije y en todos los sentidos posbles, o algo así, creo. Ahora no esoy seguro de si contestó eso, pero no creo que sea una invención mía. Gimferrer dijo, tampoco lo recuerdo muy bien, que había que leer a Rimbaud como quien mira un cuadro. Un griego que la poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda. No recuerdo qué griego, uno muy listo, seguro. Peor basta ya, hubo mucha gente que dijo muchas cosas.
Posted by SeñorS at Diciembre 1, 2006 02:31 AMHubo, hay y habrá gente que dirá muchas cosas...
nos inundaremos de palabras e intoxicaremos de ellas escapando al silencio... que a veces, lo dice todo.. e igual calla.
Las palabras son como un virus, decía el escritor más extraño y yonqui de la historia, que además de extraño y yonqui fue un prodigio de inteligencia, el señor W.S. Burroughs, que, entre otras cosas, mató sin querer a su mujer cuando jugaban a Guillermo Tell y grabó un disco con Kurt Cobain.
Posted by: Sr. S. at Diciembre 3, 2006 03:53 AM