No sé, estas son las historias que te puedo contar: Silvia trata de girar la cerradura, pero las llaves se agitan impotentes en sus manos temblorosas. Borracha, triste y feliz a la vez, canturrea una canción y sonríe, tal vez recuerda algo, pero sonríe al vacío o se sonríe a sí misma o sonríe a la nada. Cuando por fin consigue vencer a la escurridiza cerradura siente un mareo fulminante, como si su cabeza hubiera iniciado un vuelo muy lejos de ella, entre brumas que distorsionan los contornos del mundo, un vuelo imposible a Nunca Jamás que irremediablemente termina ante la certeza de la muerte de Campanilla. Camina de puntillas por el pasillo, cierra la puerta de su habitación y se tira sobre la cama: todo empieza a dar vueltas. Sigue canturreando la misma canción –se ríe, llora- una y otra vez. Pero el mareo aumenta y ahora siente un miedo informe, agobiante, irrespirable. No se atreve a moverse, si no la intensidad del mareo aumentaría y el miedo, que por ahora domina, se transformaría en puro pánico. Trata de serenarse, respira hondo, no pasa nada, tranquila. Por fin se duerme. Al día siguiente, nada más despertar, bebe agua como si por la noche hubiese soñado que estaba perdida en un desierto interminable, con el sol abrasándole la piel y en torno suyo oasis ilusorios que no lograba alcanzar. Le duele la cabeza y apenas come en todo el día... estas son las historias que te puedo contar, historias de chicos y chicas desorientados, a veces tristes, que llegan a casa borrachos y se marean y se despiertan con resaca y a veces también son felices, sí, no hay que olvidarlo, aunque sea extraño eso de ser feliz, a veces son felices. No son muy buenas historias ni pasa nada en ellas, ya lo sé, pero si afinas el oído escucharás sus deseos, sus inquietudes, no se sabe cuales son estos deseos ni estas inquietudes, pero aun así se pueden escuchar, son borrachos más melancólicos que Bukowski y son también almas rotas, perdidas en la noche, buscando un faro, sí, son caminantes y son insomnes y yo siento una especial ternura por todos ellos, mis personajes marginales... yo también consumía mi vida, yo también quería deshacerla en lugar de construirla, sí señor, me sentía enfrentado a toda la sociedad, lo cual es una estupidez, porque la sociedad no es un ente abstracto, pero entonces era joven y estúpido, y feliz siendo estúpido, es decir, que era muy joven, y me sentía cómodo lindando con la marginalidad, una especie de romántico tardío en una época de cinismo generalizado, odiaba a los niños pijos, sin saber muy bien quienes eran ni por qué, y escuchaba a Nirvana sin parar y bebía y rompía botellas de cerveza en las calles de alguna ciudad de cuyo nombre no me acuerdo, sí, tenías que haberme visto, llevaba pantalones rotos, el pelo largo y sólo creía, con una fe de ateo, en Kurt Cobain, mi guía espiritual en mitad de aquella catástrofe espiritual; en mi interior se habían acumulado muchos cantos desgarrados, peligrosamente fascinantes, mi actitud era una especie de respuesta irracional, como si sólo deseara matar a la ballena blanca, lo sé, pero por aquella época yo amaba todo lo irracional y mi caos era sagrado... habíamos crecido lejos de todas partes, nos aburríamos, no sabíamos qué hacer, ¿qué hacer?, la vieja pregunta leninista se tornaba urgencia existencial y no teníamos respuesta, bebíamos mucho y nos lo pasábamos bien, la cerveza aliviaba el mundo, rompía la cadena de trivialidad cotidiana, el frío esperando el autobús para ir al instituto, el aburrimiento supremo de las clases, la cerveza, el parque donde bebíamos, rompían esa cadena cíclica sin salida aparente y que amenazaba con consumirnos, porque si el alcohol iba a consumirnos al menos lo hacía con la elegancia del camino del exceso y al menos veríamos paisajes hermosos durante la travesía, que no imaginábamos corta sino como el camino esencial de acceso al mundo, un horizonte que se desplegaba ante nuestros ojos sedientos de absoluto... sedientos de absoluto, qué expresión, yo leía a Hörderlin y sabía que nunca estuvo loco y fue feliz incluso cuando murió solo en la nieve... ahora bien, sabíamos que el futuro iba a llegar, lo sabíamos pero sentíamos otra cosa y de algún modo confiábamos mágicamente en un presente perpetuo de borracheras, de risas, de conversaciones perfectamente absurdas y de estrellas conmovidas por nuestra diminuta presencia en la inmensidad inabarcable de la noche, del firmamento... teníamos un gran futuro por delante para ganar dinero estudiando empresariales o cualquier cosa por el estilo, todas las oportunidades, decían, ya sabes, todo ese discurso de mierda a favor de la guerra entre los codiciosos dictado directamente por los labios del capital que soltaban los gilipollas, y luego fuimos los vagos, drogadictos desagradecidos que por alguna extraña razón, por nuestra culpa, lo habíamos echado todo a perder, pero no sabíamos qué habíamos echado a perder, ¿la vida?, ¿y cómo se ganaba la vida?, ¿produciendo mucho para poder consumir mucho?, ¿los centros comerciales eran el teatro del mundo? Pues menuda mierda de obra, había que rescribir el guión... nosotros que habíamos nacido en el próspero primer mundo y siempre teníamos un plato de comida en la mesa, no como esos pobres niños de África, ya sabes, si no te terminabas la comida del plato estabas matando a desnutridos niños africanos... en fin, que sentía un asco infinito por su nauseabunda moral, una rabia que explotó durante algún tiempo en la forma de un nihilismo destructivo, una actitud vital descreída hacia el exterior y una pasión autodestructiva hacia el interior, si lo valores tradicionales caían yo quería ayudar y empujarlos para que cayeran, quería colaborar en el resquebrajamiento moral de occidente, que su decadencia se consumara de una vez por todas como el sueño apocalíptico de un poeta esquizofrénico... ah, la belleza de las ruinas... tal vez lo decadente me pareciera cool, quién sabe... el sueño del fin del mundo, esa fantasía alucinada me parecía hermosa, no sabía muy bien por qué, creo que le atribuía un significado muy extraño, místico quizá... tal vez me parecía una obra de arte total, el arte y la locura suplantando la vida para realizarla definitivamente, no sé, cosas de adolescentes... qué ridículo suena ahora, ¿verdad?
Posted by SeñorS at Noviembre 17, 2006 03:12 AMRidículo? Cosas de adolescentes? Joder, parece que te estás haciendo mayor y por eso te asaltan estas ideas. Crecer... Qué putada.
Posted by: Ella at Noviembre 17, 2006 11:37 AMElla tiene razón, una dolorosa y fría razón. No quiero leer esas cosas, quiero leer aquí cuentos o estractos sobre caminos nevados recorridos por un sólo par de huellas que avanzan entre la pesada lluvia y cosas así que sólo tú sabes retratar cojonudamente. Quiero decadencia, sí señor, eso quiero. Con que derecho maduras, eh?
Me obligarás a escribir lo que quiero leer, eso quieres? (dime que no)
Nah, todavía estoy lejos de madurar; pero me gusta escribir en pasado, desde la óptica inventada de un viejo escritor que rememora el tiempo perdido... mordiscos a la magdalena de Proust y la nostalgia de los Niños Extraviados que sonríen pensando en Nunca Jamás, todo ello aderezado con grunge existencial y cerveza y noches sin fin. Y, bueno, ya no me emborracho como antes (igual algo si que estoy madurando), de momento porque tengo miedo de volver a perder la conciencia (ya tengo dos brechas, once puntos en la cabeza, en fin, mi biografía de jugar a poeta maldito debe ser reemplazada por una serenidad más apolínea, luminosa y armónica, más cosmos y menos caos en pro de la salud mental, espero que la prosa no se resienta... sí, igual es hora de madurar y cambiar de temas, no sé... pero siempre habrá caminos nevados y huellas invisibles ;)
Posted by: Sr. S. at Noviembre 18, 2006 06:22 PMLa frase final, qué ridículo suena ahora, yo no la interpreto en sentido literal, sino más bien nostáligico, como "qué pensa que esuena ridículo"
Posted by: Sr. S. at Noviembre 18, 2006 06:25 PMJejeje igual si que estas madurando eh?...de hecho hasta se te a ido el rollo de chico timido..
Posted by: tu compañera de piso ¿? at Noviembre 20, 2006 10:53 PMDe todas formas yo nunca fui por el húmedo tapándome la cara con el pelo :p
Posted by: Sr. S. at Noviembre 21, 2006 12:17 AMNo?¿ estas seguro¿? yo que te recuerdo como..la Cosa de la familia Addams :p
Yo en tu lugar estaría besandole los pies a tu peluquera (jijijiji)
es una historia sublime
y..
mierda!..
mi pájaro azul sigue latiendo dentro...
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