Uno. Ya tengo Internet. Algunos filosofastros ociosos en un alarde de incontinencia metafísica hablan de un ciberespacio hegeliano, el espíritu absoluto realizado, autoconsciente. Ghost in the Shell 3: Hegel-Fiction.
Dos. Exámenes: me dormí y no pude ir a un examen. Confundí la fecha de otro y tampoco pude. Estos hechos confirman la vieja tesis de mi madre, recientemente reiterada por más gente, acerca de mi personalidad básicamente desastrosa. En el instituto directamente me olvidaba de que había exámenes. Voy progresando. Poco a poco.
Tres. Tengo ganas de escribir, pero mi cuerpo aún no está sintonizado literariamente con el cosmos. Escribir no es pensar, si acaso escuchar cómo tu cuerpo se convierte en la caja de resonancia de algunas palabras sueltas, de fragmentos que se borran con el viento, de un idioma que no entiendes. Tarde o temprano mi cuerpo se sintonizará, lo intuyo. Hace mucho que no escribo literatura, estoy desentrenado. No sé si tengo ganas, tal vez esté condenado a escribir chorradas sobre el ciberespacio hegeliano y mis peripecias de universitario despistado. Total da igual: hay demasiados escritores y pocos lectores. Leer es mejor que escribir. Esto último hay que tenerlo claro o el Universo implosionará y nos manadará a todos al carajo. Hay que liberar a las palabras, porque las palabras atrapadas se ponen tristes.
Cuatro. Me gusta septiembre. Empieza a hacer fresco. Ya me puedo poner mi jersey de rayas rojas y negras y pasear con un cigarrillo, con el viento pegándome en la cara, despeinándome los pocos pensamientos que además de no ser míos se transforman en signos de interrogación y sonríen, muy irónicos ellos.
Posted by SeñorS at Septiembre 15, 2006 02:29 PMes mi mes favorito
Posted by: Estefanía González at Septiembre 15, 2006 10:37 PMlas palabras atrapadas se poene tristes
jaja
saluditos
Posted by: Úrsula at Septiembre 16, 2006 02:44 PM