Junio 03, 2006

Relato inconcluso de una infancia imaginaria

Un día de invierno, cuando era niño, estaba intentando meter la mano derecha en el guante izquierdo. Siempre fue muy distraído. El hecho, lejos de parecerle trivial, lo turbó muchísimo, por cuanto revelaba una enigmática incongruencia en los objetos simétricos. Fue a mirarse en el espejo y se asombró otra vez de que en la imagen su derecha fuera su izquierda: otra turbadora incongruencia, otro enigma, que había intentando resolver, inútilmente, preguntándole a sus padres por qué esto era así, se lo había preguntado tantas veces, con tal desesperación, que sus padres se preocuparon por las rarezas de ese hijo suyo, siempre ensimismado, callado, como ausente, preocupado por cosas extrañas que a nadie más preocupaban.

Ese mismo día, por la noche, no intentó conciliar el sueño, su mente infantil fantaseó agitadamente, durante horas, en la oscuridad susurrante de su cuarto. En la pared se adivinaba la silueta tenue de las estrellas fosforescentes de un póster que le habían regalado por su cumpleaños. Un póster del Universo, que brillaba en la oscuridad. Todas las noches, antes de dormir, lo miraba. Esa noche no durmió. No podía dormir, porque su mente no paraba de pensar, de imaginar la fantasmal geometría del Universo.

Debido al incidente con el guante, y a la perplejidad en que le sumía su compleja relación con los espejos, conjeturó que las dimensiones de la realidad debían de de ser más de las que el sentido común -el sentido de la mediocridad- admitían. Tal vez once dimensiones, se dijo... inimaginables. Física y poesía irían siempre unidas en su concepción del espacio...

Además, se dijo, la conciencia debe participar en el flujo cósmico no como antagonista, sino como actor, debe estar envuelta, formar parte, de ese flujo. La falaz distinción sujeto/objeto ya ha llegado demasiado lejos, gritó silenciosamente en la oscuridad de la noche, que se diluía imperceptiblemente . Asistía asombrado al flujo vertiginoso de sus pensamientos inconexos, que, por cierto, no consideraba una propiedad

P.D: ¿propiedad intelectual? Contradicción en los términos: el capitalismo debe habernos vuelto irremediablemente estúpidos.

P.D: Creo que el relato debería continuar, pero soy muy vago. Ya lo he dicho, cuando me canso de escribir, termino de cualquier manera, o no termino, lo dejo a medias. Por mor de la interactividad de la nueva era digital, continúen imaginariamente el relato si gustan de tal menester... la frontera que distinguía autor de lector se ha vuelto felizmente borrosa

Posted by SeñorS at Junio 3, 2006 03:52 AM