Se desató una tormenta espectacular, violenta, una hermosa furia derramándose sobre las aceras y sobre los tejados. Todo el mundo aceleró el paso en busca de un refugio. Todos menos uno, un tipo que tiró el paraguas sin dudarlo un momento; se quedó solo en mitad de la calle, con la mirada fija en el cielo gris, la lluvia golpeándole el rostro, la sonrisa como colgada del viento atravesado por la lluvia, y que comenzó a reirse a carcajadas y a bailar como un loco poseído por alguna fuerza indescriptible...
Probablemente el único tipo cuerdo de este lamentable amasijo de marionetas teledirigidas al que llaman mundo.