La filosofía no sirve para nada porque no es sirvienta de nadie: guerra de guerrillas contra el poder, siempre.
La filosofía no salva así que vayan a saciar sus ansias redentoras a otra parte.
La filosofía no es un discurso edificante que obedezca los dictados del poder sin rechistar, y es por eso que el PSOE, haciendo gala de una mentalidad franquista al proponer una asignatura que se llama educación en valores para la ciudadanía (formación del espíritu nacional en plan progre, o sea), o algo así, no quiere que sea impartida por filósofos (igual la imparten los guionistas de Eva Hache. Libro de lectura obligatorio: Cómo ser un perfecto socialista multicultural y dialogante sin necesidad de pensar, esa actividad tan engorrosa, incluye un póster de ZP)
La filosofía no es un libro de autoayuda con adornos bibliográficos.
La filosofía no es Más Platón y menos Prozac (título estúpido que da la sensación de proponer que las personas con enfermedades nerviosas de tipo biológico se curarían leyendo La República) ni El mundo de Sofía (tergiversación y simplificación grotesca de la historia de la filosofía).
La filosofía no es periodismo. Repito: la filosofía no es periodismo. Este punto debe quedar muy claro así que lo repito otra vez: la filosofía no es periodismo.
La filosofía no nace del asombro sino de la sospecha: como dice Boris Groys, jugando con la fórmula de McLuhan: la sospecha es el medio. La filosofía como forma de espionaje.