Ciberespacio: el término fue acuñado por William Gibson, principal autor del ciberpunk, quien lo define como una alucinación consensual, como un no-lugar. El término ha tenido gran fortuna, se ha instalado en el habla popular, pero su significado es impreciso, su referente es en cierto modo misterioso (es como la tierra de Oz, no tiene ubicación), ontológicamente problemático, por cuanto no se refiere a una cosa palpable, ni a un concepto filosófico, ni a una tecnología. Ensamblada la palabra ciberespacio a partir de pequeños componentes del lenguaje, fácilmente disponibles. Espasmo neológico: el acto primario de la poética pop. Precedía a cualquier tipo de concepto. Fluido y hueco (esperando recibir su significado), dice Gibson. El ciberespacio, pues, no es concebible de un modo esencialista. La virtualidad es una característica fundamental del término, admite múltiples posibilidades, es fluido y hueco.
Lo virtual no se opone a lo real, definido con rigor, lo virtual posee pocas afinidades con lo falso, lo ilusorio, lo imaginario. Lo virtual no es en absoluto lo contrario de lo real. Se trata, por el contrario, de un modo de ser potente y productivo, un modo que da carta blanca a los procesos creativos, dice Pierre Lévy.
Michael Benedikt: la inmaterialidad y la maleabilidad del contenido inherentes al ciberespacio ofrecen la etapa más tentadora de la representación de las realidades míticas, realidades antaño confinadas a rituales magnificados por las drogas, al teatro, a la pintura, a los libros, y a unos medios que son siempre algo menos de lo que en sí mismos permiten alcanzar, son meras puertas de acceso. El ciberespacio puede entenderse como una extensión, algunos dirán que una extensión inevitable, de nuestra capacidad y necesidad ancestrales de vivir en la ficción, de vivir con poder o con iluminación en otros planos míticos.
Joyce McDougall habla de un teatro psíquico, del ciberespacio como el entorno adecuado para la representación de deseos inconscientes, que en la interacción social se verían frustrados por un mayor grado de coacción. Y Paul Weibel habla de espacio psicótico en relación a la virtualidad: Este es el espacio psicótico que gestiona la representación de la realidad en una satisfacción alucinatoria de los deseos, emitiendo el grito de guerra “Realidad Virtual por doquier”... El nombre de dicho entorno psicótico, en el que las fronteras entre el deseo y la realidad son difusas, es ciberespacio. La subjetividad virtual estaría teñida de narcisismo, de confusión entre los objetos externos y las fantasías internas, de un solipsismo incapaz de reconocer la realidad sustantiva del otro y sería, por tanto, incapaz de comprometerse con alguien. Son subjetividades asociales y, por tanto, amorales. Gérard Raulet señala que las identidades flotantes se encuentran en el terreno de la esquizofrenia o del neonarcisismo.
Posted by SeñorS at Abril 4, 2006 02:03 AM