Marzo 27, 2006

En lugar de estudiar me entretengo hablando de los metafísicos despeinados

Escuchando Yeah Yeah Yeahs (lo de olvidarse de la música pop no iba en serio, a John Cage que le soporte su madre)

Debería estudiar, pero mi naturaleza me lo impide (si alguna vez dije que el hombre no tiene esencia, me retracto, el hombre tiene esencia y la mía, concretamente, es la del tirado, la del vago indomable, la del tipo que ante la perspectiva desoladora de buscar los textos (y ante la probabilidad escasa, prácticamente computable a cero, de encontrarlos) que tiene que estudiar, entre el caos de papeles, libros, Cds, pilas gastadas, paquetes de tabaco vacíos y algunos otros habitantes de su escritorio, decide tomarse una coca-cola, prender un cigarrillo y decirse que mañana estudiará, que hay tiempo).

Bien, mañana estudio. Hoy hablaré de los metafísicos despeinados.

Los metafísicos despeinados son maestros de esa marioneta fantasmal, del yo, lugar de lo imaginario (se crean y re-crean continuamente a sí mismos) y que en ningún caso debe ser concebido como un entidad monolítica aislada del entorno. Yo soy yo y mis circunstancias quiere decir que las circunstancias son constitutivas del yo, no que sean un añadido decorativo.

Las tres ideas más importantes de la metafísica son: yo, mundo, Dios. Los metafísicos despeinados se olvidan del Dios de los teólogos y de los creyentes, su monoteísmo huele a totalitarismo y los metafísicos despeinados aborrecen el totalitarismos en todas sus formas. En cuanto al yo, le declaran la guerra a Descartes y, por supuesto, a Freud, porque ellos no tienen inconsciente, así que nada de puntas de iceberg ocultando no sé que esoterismos subacuáticos. Prefieren la idea de Deleuze: el yo, el interior, es un pliegue de lo exterior. Aún tienen que desarrollar más esta idea. Los enemigos ya están localizados. Empieza la guerra, primer disparo a Descartes: no hay un hiato yo/mundo sino una relación compleja: antinómica pero complementaria. Segundo disparo a Freud: es cien veces más misteriosa la conciencia que ese submundo inconsciente, es muy visual y muy guay la metáfora del iceberg, pero los metafísicos despeinados decimos que el yo se desliza por superficies donde de vez en cuando encuentra islas de sentido, azotadas por mares de sinsentido.

Los metafísicos despeinados aborrecen la profundidad. Lo más profundo es la piel, dijo Válery.

El prestigio del término profundo se basa en una paranoia ontológica: detrás de las imágenes está la realidad verdadera (Platón como el gran paranoico ontológico). Pues bien, la nueva realidad está en las imágenes y no detrás de ellas. Viva la superficie. Ahora bien, en el uso que a veces se hace del término, superficial es prácticamente sinónimo de imbécil. Reclamamos un uso en el que superficial signifique: investigador temerario de la existencia a través de sus planos inmanentes, sujeto descentralizado atravesado por las intensidades poéticas de lo exterior, por las multiplicidaes ontológicas en que está envuelto, aligerador del peso del ser sin por ello cerrar los ojos como una damisela asustada ante los peligros inherentes a la acción inevitable de vivir. Un investigador que no explique el mundo como si estuviera fuera de él, lo cual es imposible, asi pues, si el sentido del mundo debe quedar fuera del mundo, como dice Wittgenstein, la solución despeinada consiste en iniciar un combate de boxeo contra el sinsentido que sólo terminará por K.O.

Posted by SeñorS at Marzo 27, 2006 10:12 PM