El trastornado de Kafka quería irse a una cueva para poder escribir sin que le interrumpieran. Nunca se está lo suficientemente solo para escribir, decía. No es sorprendente, teniendo en cuenta los inquietantes rasgos vampirescos de la jeta kafkiana, ese extravagante deseo suyo de recluirse y escribir, en total soledad, de escribir y nada más. El caso es que yo no soy Kafka y ahora mismo no paran de interrumpirme, que si ven a cenar, que si se te enfría la cena, que si Sergio deja ya el ordenador, no te llamamos más. Yo les contesto: Kafka os odiaría, no sabeis cuánto le molestaba que le interrumpieran cuando escribía. Así que otro día escribo, cuando me recluya en la cueva kafkiana y nadie me interrumpa escribiré, no sé qué, pero escribiré. Otro día, hoy preferiría no hacerlo
Posted by SeñorS at Marzo 6, 2006 10:39 PM