Febrero 20, 2006

De por qué es injusta la entropía y los curiosos incidentes que se producen cuando se convierte en la ley que rige las bibliotecas

Una biblioteca que no se ordena se desordena: es el ejemplo que me dieron para explicarme qué era la entropía y varias veces lo he verificado experimentalmente.
George Perec

Los conceptos son saltamontes inquietos, se pueden usar de muchos modos, lo que equivale a decir que significan de muchos modos, porque el uso es el significado. Podríamos aventurar incluso que la entropía tenga un alcance existencial, aunque quizá es aventurar demasiado.

La frase "la entropía es una cosa muy injusta" no tiene, claro, un sentido literal. Un estado de cosas ordenado tiene más probabilidades de volverse desordenado que a la inversa. Es más probable que una piedra choque contra un cristal y éste se haga pedazos a que los pedazos se recompongan. En este sentido se usa el término entropía en la frase "la entropía es una cosa muy injusta". O sea, sin perder de vista el significado del término en física, lo obligamos a transitar por otros vericuetos. Así, hablamos, por ejemplo, de la entropía que sacude a los escritorios: latas de coca-cola vacías, ceniceros, libros, cedés, pañuelos, paquetes de galletas, bolígrafos, etc. O de la entropía de las bibliotecas.

Por azar en mi estantería La República de Platón ha quedado al lado del Asi habló Zaratustra de Nietzsche. Cuando descubrí este hecho insólito (insólito por cuanto narra una historia que va desde los cimientos del cristianismo hasta sus añicos, escondidos bajo el gigantesco bigote nitzscheano) me dije que por las noches se pegarían unas palizas termendas. Creo que, de momento, Nietzsche le va ganando a Platón. Sí, el pobre Platón está acojonado con el intempestivo vitalista.

Al lado de un libro de Dostoievski hay uno de Bret Easton Ellin. Me parece que no se hablan. A Dostoievsky tanto desencanto y tanta banalidad le desagradan, me parece. Novalis y Kerouac son compañeros de pupitre. Novalis le habla de la noche y Keourac de caminos. Por ahí está Herman Hesse. Habla poco, pero cuando habla hago callar a todo el mundo. Hay un libro de Faulkner, pero estamos enfadados, me reprocha que no haya pasado de las diez páginas y que me haya olvidado de él. Lo siento tío, o es la traducción o soy yo o eres tú, pero algo falla. Riéndose de todos está la Conjura de los Necios. Es una obra maestra y saca pecho con una sonrisa burlona, como diciendo a los demás que os den, con ninguno de vosotros se ha reído tanto como conmigo. Sí, pero no se lo digas, hombre. En fin, que hay un parloteo cacofónico y demencial entre los libros (des)ordenados entrópicamente de las estanterías, la mesita y el escritorio. Borges se queja de que haya una lata de coca-cola vacía y migas de pan encima de él. No sea tan exquisito, señor Borges.

Posted by SeñorS at Febrero 20, 2006 12:03 PM