Febrero 13, 2006

Una especie de autoentrevista sin preguntas y con respuestas más bien indefinidas

Bueno, hay cerveza con whisky y música y algunos buenos libros; un tren que se aleja y que nunca regresará al punto de partida. También, claro, la angustia y el tedio, todo un montón de esas cosas con que juegan los existencialistas.

Yo no tengo ideas definidas sobre nada. Sospecho que son mis estados de ánimo los que zarandean mis ideas. Que el mundo sea trágico o cómico, hermoso o un lugar inmundo, alegre hasta el delirio o deprimente hasta la naúsea, depende de qué segregue mi cerebro.

Opinar es una estupidez, da igual lo que opine yo o cualquiera. Las discusiones casi nunca sirven para nada porque nadie está hablando de lo mismo. Nada más deplorable que esa absurda manía de tratar de tener razón a toda costa. No hay más que escuchar a la extraña fauna de opinólogos profesionales que pululan por las radios. Es curioso que haya gente cuyo oficio consiste en opinar de todo sin saber de nada y, encima, traten de imponernos su opinión en lugar de plantear los problemas. Como dice Deleuze: la filosofía aborrece las discusiones. Siempre tiene otra cosa que hacer. Los debates le resultan insoportables, y no porque se sienta excesivamente segura de sí misma: al contrario, sus incertidumbres son las que le conducen por derroteros más solitarios

Posted by SeñorS at Febrero 13, 2006 02:19 AM