De hecho sí, hay alguna tripa rota en mi cerebro. Me quedan menos de siete horas de sueño, pero he descubierto una litrona en el frigorífico... y acabo de darme cuenta, ahora mismo, de que la compré yo el viernes cuando regresábamos a casa, en el 24 horas (party people), porque pensaba ver una película. No pude (pudimos) verla, eran casi las ocho de la mañana y, aparte de esto, no veía mucho que digamos, o veía doble, no sé, no me acuerdo bien.
Ahora me enfrento al silencio, apenas quebrado por un murmullo extraño, un murmullo como de grillos felices, y desenvaino cigarrillos, le pego unos tragos a la cerveza, la espada rubia de los guerrilleros literarios. El humo flota viciando el aire de mi habitación como un blanco y elegante carruaje sin destino.
El miedo y la tristeza, sin embargo, no desaparecen del todo: la silueta de las botellas vacías desperdigadas por mi cuarto luce melancólica. Detrás de las risas el muñeco destartalado sigue solo y lleno de incertidumbre: o sea, el payaso triste sigue sin comprender el mundo, sigue siendo un alma de lluvia, sigue refugiado en su isla solitaria, tarado medio autista incapaz de funcionar en el mismo plano de existencia que la gente normal. Normal, normal... dejen de joder con la dichosa palabra.
Y creo que me repito obsesivamente, como un niño tonto incapaz de solucionar un problema de matemáticas, y vuelvo a decir con Trakl: felicidad y tristeza coinciden.
Decía Alejandra Pizarnik: cómo explicar, con palabras de este mundo, que partió un barco de mí, llevándome. Algo así, cito de memoria. Si se dejan llevar por sus palabras descubrirán que dio en el clavo.
Y, en fin, todos somos naúfragos, y hay que resistir...
O tal vez sólo los capullos hipersensibles encuentran problemas donde no los hay, desvaríos sin sentido, no sé, como si esto fuera carnaval y los disfraces de chicos normal se hubieran agotado, algo así.
Posted by SeñorS at Febrero 8, 2006 01:47 AM