Febrero 07, 2006

Cuando el cerebro del Señor S. deviene un teatro en el que las palabras ni presentan ni desarrollan ni concluyen la obra porque ni siquiera hay obra, algo así, o sea

A mi cerebro se le debe de haber roto alguna tripa porque todo lo que empiezo a escribir lo borro al instante. Me digo: bah, total, qué más da. A continuación me encojo de hombros. Además que mi pensamiento últimamente no sigue ningún curso. Quiero decir: estoy aquejado de una dispersión diabólica. Digresiones entre brumas, palabras nerviosas zumbando como mosquitos idiotas entre nieblas, chocando entre sí, asustadas, incapaces de dominar el caos que ellas mismas crean. No hay puerto alguno al cual llegar. Tal vez haya un naufragio sin espectador. O sea, imaginen un cuadro con un naufragio que es la vida, y no hay espectador porque todos estamos dentro del cuadro. O sea, me pongo a pensar qué significa pensar y no tengo ni la menor idea. ¿Pensamientos?¿Ideas?¿Significados? habría que hacer caso a Rimbaud: lo mejor es dormir, muy borracho, sobre la arena. Claro que mi riñón no filtra bien, no sé, algo le pasa. Tengo que beber mucha agua. Pero el agua no sabe a nada, es una bebida nihilista o una bebida para entes espirituales extasiados ante la belleza de la luz. Y yo no soy nihilista, sólo a veces, un poco, lo justo para burlarse de la humanidad, esa vieja idiota u hormiguero azaroso que avanza dando tumbos sin ton ni son. La belleza de la luz, pues sí, es bonita, pero cómo renunciar a la experiencia estética de la noche, a la cerveza con whisky que corre por las venas de las farolas, esas estrellas donde late el eco de las princesas que fueron encerradas (su tristeza es la belleza del mundo). Estoy convencido de que si dejo la cerveza las estrellas se apagan, se caen todas a un charco de mierda. Por el bien de la belleza de las ciudades creo que debo seguir con la cerveza y desafiar a mis riñones. Bah, sólo me dijo que bebiera más agua, no que no bebiera alcohol. Y es que cuando uno es un místico y no cree en nada (frase de Flaubert que he citado unas diez millones de veces), sus ansias de autotrascendencia eligen el método de alterar los estados de ánimo (¿más? usted está loco, desequilibrado, ¿no se lo habían dicho? sí, a veces me lo dicen) recurriendo a alguna sustancia que intoxique su organismo. Porque los vicios del hombre aportan una prueba de su ansia de infinitud, como dijo Baudelaire. Otra cosa es que yo esté convencido de que dar un contenido positivo a lo trascendencte es una cobardía del pensamiento, que debe ser intempestivo (lo del cuadro: no hay espectador: usted también es un naúfrago, y ya dijo Goethe que también hay naufragios en tierra). Me explico: creer en Dios es darle un contenido positivo a lo trascendente, y así el problema se soluciona, ya no hay que pensar más. Un poeta, es decir, un tipo vago, maleante, inútil, borracho e insomne, pues sí, es todo esto, pero no le da un contenido positivo. Bien hecho.

Posted by SeñorS at Febrero 7, 2006 11:24 PM