Ah la espuma blanca de la cerveza,
el roce con los labios de arena del poeta sediento,
el mar en que es dulce ahogarse,
el mar en que es dulce dejarse destruir,
sucumbir al objeto de deseo cuyo poder feroz
convierte el paisaje en ruinas,
en ruinas demasiado hermosas para el ojo humano
Y el payaso triste canta una y otra vez su canción idiota, una canción extraña, una canción de amor al mundo y a la anarquía y al sol desmayado