Nosotros podemos ver claramente el efecto de la literatura sobre el lenguaje, como dice Proust: abre una clase de lenguaje extranjero dentro del lenguaje, que no es ni otro lenguaje ni una jerga redescubierta, sino un devenir otro del lenguaje, un aminoramiento de este mayor lenguaje, un delirio que lo levanta, un conjuro que escapa al sistema dominante. La creación sintáctica o estilo, éste es el devenir del lenguaje. La literatura presenta siempre dos aspectos, mediante la creación de sintaxis, produce no sólo una descomposición o destrucción del lenguaje materno, sino la invención o inclusión de un lenguaje dentro del lenguaje. El lenguaje parece tomado de un delirio que lo fuerza fuera de sus límites habituales… Se deriva del hecho de que un lenguaje extranjero no puede ser acomodado en un lenguaje sin lenguaje con un todo a la vez siendo empujado hasta un límite, aún afuera o hacia el lado reverso que consiste de visiones o audiciones que ya no pertenecen a ningún lenguaje. Estas visiones no son fantasías, sino Ideas verdaderas que el escritor ve y escucha en los intersticios del lenguaje, en sus intervalos. No son interrupciones del proceso, sino rupturas que forman parte de él, como una eternidad que sólo puede ser revelada en un movimiento o un aluvión que sólo aparece en movimiento. No están fuera del lenguaje, sino son el fuera del lenguaje. El escritor como observador y oyente, el objetivo de la literatura: es el pasaje de la vida dentro del lenguaje que constituye ideas…
Para escribir quizás sea necesario que la lengua materna sea odiosa, pero para que así una creación sintáctica pueda abrir una clase de lengua extranjera en ella, y la lengua como conjunto puede relevar su afuera, más allá de toda sintaxis. Con frecuencia felicitamos a los escritores, pero ellos saben que están lejos de haber alcanzado su devenir, lejos de haber llegado al límite que se habían propuesto, que incesantemente se les escapa. Escribir es también devenir algo diferente que un escritor. A aquellos que preguntaban qué cosa es la literatura, Virginia Woolf responde, “¿a quiénes estás tú hablando o escribiendo? El escritor no habla acerca de ello, pero está concernido con algo más”.
Si nosotros consideramos estos criterios, podemos ver que entre todos aquellos que hacen libros con una impronta literaria, aún dentro de los locos, hay muy pocos que pueden llamarse a sí mismos escritores.
Posted by SeñorS at Enero 20, 2006 03:56 AM