Enero 18, 2006

El atardecer es una droga y el resultado de una droga siempre es el mismo: la adicción

Soy adicto a los atardeceres. Burroughs decía que la droga es imagen. Si invertimos la frase tenemos que la imagen es una droga. Y los egoístas líricos (que no leen a Reverte) necesitan chutarse con la desmayada serenidad en que se sumerge la ciudad antes de precipitarse definitivamente en la magistral sapiencia de lo oscuro (Pizarnik). Lanzarse a la noche como quien sucumbe ante el canto inhumano de las sirenas y halla en esta insensatez un goce maldito porque todo goce comienza con la autodestrucción (Panero).

Y quién pudiera ser un pintor genial y atormentado, pasar horas frente a la ventana tratando de atrapar la efímera y desconsolada belleza de ahí afuera, ese rugir sigiloso de pasos misteriosos, la silueta escurridiza de tu rostro, tu nombre deshecho en las aguas de la noche.

O tal vez el viento, al cual hay que dejar hablar porque, como dijo Pound: dejad hablar al viento, ese es el paraíso.

Posted by SeñorS at Enero 18, 2006 07:01 PM