Enero 17, 2006

La clase magistral del Señor S.

Mañana tengo examen, pero he decidido salir un rato al recreo, a fumarme un cigarrillo y a dar una clase magistral en este ágora virtual.

Verán, la filosofía es como un videojuego. En la pantalla del criticismo Kant vence a empiristas y racionalistas, pero al final está el monstruo de la cosa en sí. Kant no le vence, pero llega Hegel y decide enfrentarse a él. No sé si le vence o qué pasa, eso aún no lo he estudiado y además es muy confuso. Hegel escoge las armas del idealismo absoluto, y dice en un alarde de especulación fantasmal que el final del juego es el espíritu absoluto, la fusión de lo real y de lo ideal. Las pantallas de la dialéctica hegeliana son tres: ser, esencia y concepto. Luego llega Marx y dice que las reglas del juego no le acaban de convencer y le dice a Hegel que haga el pino. Al verle en esta postura a Marx se le enciende una bombillita y dice: ¡materialismo dialéctico!. Está tan contento que no se da cuenta de que la bombillita está demasiado cerca de sus barbas marxistas y que éstas se pueden quemar por un exceso de pirotecnia metafísica. Cuando Marx contempla sus barbas transmutadas en cenizas alguien le dice: querido amigo, no se dio cuenta de que Hegel haciendo el pino seguía siendo Hegel.

En una de las últimas pantallas Heidegger se enfada con siglos de metafísica y dice que ésta ha ocultado al ser. Los estudiantes de primero le ven jugar, perplejos, mirándose entre sí con el ceño fruncido: algunos aplauden su parricidio hermeneútico, pero la mayoría no sabe a qué demonios está jugando el existencialista, y dicen: una de dos, o Heidegger estaba loco o el ser del ente que es el hombre en cuanto ser-ahí y no en cuanto conciencia se diferencia ontológicamente de los entes intramundanos porque no es una cosa sino que remite a un quién. Entre ambas opciones parece haber una relación de identidad, es decir, estaba loco de la hostia pero le queremos igualmente porque, en cualquier caso, parece que Heidegger se lo pasaba muy bien con su juguete favorito: el ser, y no hay razón alguna para estropearle la diversión, como quería hacer el malintencionado de Carnap, con todo eso de que las proposiciones metafísicas no tienen sentido. Luego Wittgenstein, que Carnap eligió como amiguito epistemológico, se la juega a Carnap, diciendo: el significado es el uso que se hace dentro de un contexto conceptual, usted no ha entendido nada porque es un reduccionista. Carnap se pone a llorar porque su amiguito epistemológico ya no quiere jugar a destruir todas las proposiciones que no refieran directamente a la experiencia y descubre que las suyas tampoco refieren directamente a la experiencia.

Creo que algo así es lo que he estudiado, más o menos (más menos que más) pero no estoy seguro. ¿Soy?¿Existo?¿Estamos en Matrix?¿no son todos unos paranoicos detectives ontológicos que creen que hay otra realidad detrás de las apariencias?¿Dios es un genio maligno?¿Anidan serpientes con el veneno de la locura en los intersticios del lenguaje?¿las palabras son un veneno dulce que se introduce por nuestros ojos y se ponen a jugar a ver quién corre más por los enrevesados circuitos neuronales?¿la mente es un software y el cuerpo un hardware?

P.D: espero que con esta clase magistral hayan aprendido que todo es divertido de cojones (escuché esta frase ayer, viendo Camino a la perdición, y me dije: la frase "todo es divertido de cojones" es divertida de cojones (observen que bien puestas están las comillas, para que luego alguien se atreva a decir que la filosofía del lenguaje no sirve para nada. ¡Sirve para poner bien comillas, ignorantes!))

Posted by SeñorS at Enero 17, 2006 09:40 PM