Diciembre 05, 2005

Siempre estuve lejos

Horizonte era una palabra acogedora, pero para mí se había vaciado de significado y era tan sólo un muñeco hueco más, otro muñeco más, inmóvil, abandonado en mitad de la calle.

Nubes oscuras me cercaban y, es cierto, hallaba cierta belleza crepuscular, maldita tal vez, una belleza como de ruinas, en esto; como si yo ya no formara parte de la humanidad, como si consistiera tan sólo en una pose literaria desligada del tiempo y del espacio, en un trago de alcohol besándome los labios... una apuesta rabiosa y estética por un acontecimiento imposible que me librara de esta mierda, un viento empapado de lluvia besándome los labios.

Demasiados sueños de cerveza alborotaban mi percepción y unos labios húmedos y nocturnos se encontraron con los míos cuando yo ya no creía en nada y estaba a punto de cometer alguna burrada en el colmo de la desesperación: a veces hay brazos dispuestos a rescatarte del pozo, pequeño y frágil pez que giras en la absurda órbita de un planeta inventado.

Mi máscara es ya un signo de interrogación colgado de la nada.

No obstante, creía en la literatura, a pesar de que –lo dijo un romántico- el arte te realiza pero te aleja de los demás. Siempre estuve lejos, siempre.

Ahora, candidato a escritor alcohólico, lejos ya de la chica que jugaba conmigo en la fuente del parque, que me salpicaba y me decía qué guapo, qué simpático... ahora vago fantasmalmente sin dirección, refractario a todo proyecto calculado, inútil y desencantado, odiando porque amo demasiado y todos los horizontes anegados en brumas me dicen que no es posible.

Y las experiencias de exaltación feroz te enfrentan cara a cara con el misterio del ser. Y las de depresión feroz también. De nuevo muñeco bipolar zarandeado por los vientos. Quisiera disfrazarme de chico normal. Ojalá supiera.

Cobardes, yo hablo de la soledad metafísca del hombre. Abomino de la estructuración social del aislamiento -los pisos semejan cárceles, jaulas para pájaros de alas rotas- y abomino también de la inútil y sangrienta guerra del Yo por imponerse, para lo cual haría falta que el Otro no existiera (creo recordar que algo así dijo Panero, el mejor y más inteligente poeta español que haya existido jamás, en El Desencanto)

La era de la comunicación, traviesa ironía, nadie tiene nada que comunicar. Más solos que nunca. Dejen ya de joder con el éxito personal y el triunfo, fantasías de mierda y mentiras capitalistas.

¿Queréis saber la tragedia de Narciso? No se reconece, no sabe quién es. De ninguna manera se ama a sí mismo. Se trata del drama de la identidad.

Y dejen ya de joder con el inconsciente. ¿Saben algo del misterio de la conciencia? Duchamp dijo que él era un hombre sin inconsciente. Bien dicho. Yo tampoco tengo de eso. Por mí Freud puede irse a tomar por culo.

Posted by SeñorS at Diciembre 5, 2005 09:28 PM