-El Dios cristiano es un engendro decadente, enefermizo y decrépito.
-Pero Nietzsche, no te pases...
-¿No osarás defender a esos autoflageladores que se hacen llamar cristianos; ah, los cristianos, ya descubrí yo su genealogía, qué moral ridícula de rebaño construyeron esos transmundanos odiadores de la vida; esos cobardes que nos temen a nosotros los espíritus libres.
-Estás como una puta cabra Nietzsche...
-Soy el filólogo más astuto y malicioso que la historia haya contemplado jamás, Señor S., mi filosofía extramoral, que ha de ser cantada en las alturas, fue sólo para pocos, para filósofos del futuro, porque los libros para todos son inevitablemente faltos de todo valor digno de ostentar tal nombre. ¿Bien común? Contradicción en los términos, digo yo, con mi astucia de viejo filólogo, lo bueno es lo más alto de la jerarquía, propia de espíritus libres, no de cristianos, esas ovejas transmundanas rebosantes de platonismo que invierten la vida y no saben onurgullecerse de ser.
-Bueno, otro día hablamos más, que hoy te noto muy exaltado
-Yo filosofo a martillazos, no soy un mero ingeniero de conceptos. Lo profundo ama la máscara, Señor S., y bien harán en danzar con una máscara por el mundo los espíritus libres, cuyo pudor es el de un dios, y su pudor encierra mucha bondad...
-Eh, para, no me entero de nada
-Lea mi Más allá del bien y del mal, aunque en realidad nunca podremos ser comprendidos del todo, nosotros que manejamos el arte del matiz como el espadachín más virtuoso...
-Sí, sí, hasta otra