No sé qué escribir, el texto anterior me chupó la sangre. Podría contarles lo que soñé anoche, pero no lo recuerdo. Si las letras no se escriben solas yo no puedo hacer nada. Los escritores no existen. Las palabras tal vez tampoco. Sólo existe el viento, y no nos lleva a ninguna parte, pero esto es mejor no decirlo, mucho mejor creer que sí, que el viento habla y sonríe y nos va a llevar muy lejos, al lugar en el que desembocan las canciones y tu mirada es el refugio, la serenidad salvaje, todo lo real y todo lo que no existe. Y por supuesto hay un oceáno mar.
Ven, es de noche,
construyamos una hoguera
Con las miradas
que se quedaron para siempre
en carreteras abandonadas
Con los restos
de los caminos virtuales
que nuestras vidas perdidas
no eligieron
Por ejemplo, escribir un poema. Escribir no soluciona nada, pero sería mucho peor no hacerlo, aunque no sé por qué y si me lo preguntas no pienso responderte. Escribo rápido. En realidad estoy huyendo. Estoy corriendo en la noche para deshacerme de mi antigua máscara, y en la oscuridad no se ve nada y detrás de las máscaras seguramente no hay nada.
Los locos letraheridos cantan en el bosque una canción sobre una herida oculta, sobre unas palabras medicinales incapaces, sin embargo, de curar; las palabras merodean en torno a una ausencia y se encogen de hombros y se asombran de ojos.
El día que nos perdimos en el bosque
con tu zapato mágico para salir de los laberintos
Este podría ser el inicio de un poema, el inicio de un salto al vacío, pero no sé cómo continuar. Si quieren pueden terminar de escribirlo ustedes, que yo hoy estoy muy vago y mis neuronas se fueron de vacaciones.
Y es su canto como un embriaguez infinita fluyendo por las entrañas.
Observemos ahora el cielo: nada se mueve en él, piscina melancólica. Si pudiéramos bucear en él. Sí, ya, la verdadera vida ausente, mi rimbaudiano amigo, pero no es tan fácil, si lo intentas no puedes desaparecer, aunque yo crea que sí, pero yo estoy loco y nunca tuve fe en la realidad, yo bailo y brindo con champagne sobre la nada.
Eso fue todo, amigos. Si mis neuronas regresan otro día más. Lo de brindar con champagne (¿se escribe así?) sobre la nada es de L. M. Panero.
Posted by SeñorS at Agosto 20, 2005 07:46 PM