No saber vivir no está tan mal y yo puedo, si me da la gana, hacer crecer una rosa entre las ruinas, un rosa inmensamente triste, medio rota pero hermosa, sola cantando en el escenario del desastre, en el lugar de todas las derrotas, y será como si el pozo se hubiera secado y, a pesar de las noticias recibidas, insistiéramos torpemente en vivir, aun si no supiéramos, sobre todo si no sabemos y la realidad le parte el rostro al deseo cado dos por tres; porque aunque no haya agua la inventamos, porque entre las ruinas una mirada, medio rota pero hermosa, canta sola en el escenario vacío del silencio.