La tarde de verano sonaba como una canción triste
Una canción para vivir en el tejado
Y arrojar los ojos a lo lejos
Para que los recoja la mano suave del viento
Es tan de noche y hablamos en voz tan baja, hace tanto frescor esta noche de verano, tanto silencio hechizante. El silencio, lo he escuchado como quien trata de descifrar el enigma y sólo he conseguido asombrarme aún más por el mero hecho de ser, de que el mundo sea, de que la noche de pasos luminosos, sigilosos, avance como un río oscuro, de que la noche fluya inmóvil como si fuera mi autorretrato
Mi alma ya pasto de ensueños
Le grita enfurecida a las estrellas
Barcos ebrios cargados de desvelo
En frágil equilibrio nadando
Sobre la nada
Abandono mi nombre
Y me sumerjo en las aguas del poema
Aguas tormentosas
Aguas serenas
Aguas simulando infinitos
El deseo de las alas que nos conviertan
En el hombre invisible
Desaparecer de las miradas
Una noche frente al mar
Le confié mi ser al viento
Y ya no sé volver
No he llegado a ninguna parte.
Puede que no haya fondo.
Caemos, sin embargo,
Cada noche caemos
Borrachos desde el tejado.
Imagino en tus ojos
Largos crepúsculos luchando contra la jauría del tiempo
Nadadores luchando contra la corriente
Que desemboca en el lago helado de la muerte
Y la vida es apenas un susurro tembloroso
Un suave susurro tembloroso
Como de princesa suicida
Como de hermosa princesa suicida
Una música lejana que envuelve al ser
Y danzan las miradas enredadas con el viento
Un leve temblor deshaciendo tus ojos
Y danzan las miradas enredadas con el viento
En que se reflejan tormentas apaciguadas
Y danzan las miradas enredadas con el viento
Y un suave olor a tierra mojada
En que el mundo se adormece
Asciende como mano temblorosa
Protegiéndonos del miedo
Y danzan las miradas enredadas con el viento
Venid y seguidnos a nostros, que no tenemos palabras que decir
Saint-John Perse
No tenemos ya palabras que decir y, sin embargo, caminamos por el oscuro bosque siguiendo a un tipo que toca una flauta y dice palabras extrañas, palabras que caen y suenan como una gota de agua al chocar con los dientes del sediento, palabras que resuenan y se diluyen en poco tiempo y no sirven para nada. Caminamos por el oscuro bosque, en silencio, nos miramos a los ojos asustados, ojos que lucen en la noche, como luciérnagas que supieran todos los significados de la palabra misterio. El bosque está oscuro y tenemos miedo y hay una puerta pero no tenemos la llave, y olvidamos cómo se pronuncia la palabra mágica que ha de abrirla, algún día.
Posted by SeñorS at Agosto 4, 2005 10:39 PM