las marionetas azules siguen en los tejados, con la vista perdida, esperando a que pase la fase depresiva y llegue la fase maniaca. entonces romperán los hilos. entonces escribirán cosas grandes. o pequeñas. pero escribirán. esperando a que la inspiración, diosa y vampira cruel y fugaz, les rapte, les lleve a su castillo en el límite del mundo, donde hay tormentas y un acantilado y sopla el viento sobre las ruinas, y les muerda el cuello en un acto de voluptuosidad perversa y secretamente fascinante que representa la fusión alocada del sujeto con el mundo en el éxtasis creativo. las marionetas azules anhelan desmedida, convulsa, desesperadamente (si no el anhelo es apenas un gesto vacuo, la caricatura de un ahelo), y se consumen en su propio anhelar. destellos inútiles, llamas sobre el mar, sobre el vasto oceáno cuya música hipnotiza y riega el cerebro de ensoñaciones atmosféricas. nada más, la tarde repta como serpiente perezosa. suaves incendios que no logran quemarnos la boca. las marionetas giran en su órbita marcada sin saber salir, pero están en el tejado y beben líquidos azules mezclados con estrellas eróticas que sonríen perversas tras sus párpados, y ríen y lloran y la esperanza es lo último que se ve y ellas esperan, miran confiando en su extraño poder, consistente en dar soluciones imaginarias a problemas que no existen, y anhelan, sobre todo anhelan sin saber qué. palabras líquidas que se derraman sobre las bocas de las marionetas (confían en la utopía de la escritura), que ahora cantan, bocas sin incendios, sin grandes explosiones, pero que cantan para huir del monstruo del silencio, que nos enfrenta al espejo de nuestra triste trasparencia, que diría Alejandra Pizarnik, o a nuestra finitud, que es el fantasma que mueve los resortes de la creación. lo mismo da, los discursos con sentido se quebraron hace ya en las bocas de las marionetas, y actúan ahora por pura inercia, un automatismo que han perfeccionado hasta hacerlo indistinguible de los cantos con sentido. he aquí el discurso apocalíptico: la falta de discurso (o decir: todos los discursos mienten o son herramientas de los poderosos), el estar solos, arrojados a la tormenta, y sin paraguas y sin saber qué hacer y leyendo a Kafka, acto sumamente peligroso, con las persianas bajadas y gritos agónicos como respuesta a los interrogantes sin respuesta. anhelar con furia el ser perdido en los vasos vacíos, la sed insaciable, el paradójico camino transitado por los dementes que con furiosos gestos tratan de dar sentido al sinsentido. a todo esto, Maurice Blanchot dice que los poetas entienden un lenguaje sin sentido.
Posted by SeñorS at Julio 7, 2005 08:37 PM