desafiando la paciencia de los lectores veraniegos de esta bitácora, me dispongo a seguir escribiendo. de la misma forma que un niño torpe empeñado en hacer bailar su yo-yo, intento hacer bailar a las palabras.
considero que el fracaso es la más resplandeciente victoria
L. M. Panero, en El Desencanto.
estábamos sentados en la terraza, bebiendo cerveza y comiendo pipas, mientras atardecía una vez más, y el hechizo que provoca la contemplación del cielo en llamas consumiendo al mundo se apoderaba de mis sentidos. una leve brisa, como construida con hilos de sonrisas sumergidas en la nieve del pasado, que poco a poco se derrite, nos rozaba los rostros. una brisa que parecía traer algún mensaje, pero que no traía nada excepto un rumor lejano de pájaro que huye. ¿y ahora qué? pregunta difícil, interrogante a través del cual el futuro se transforma en puñal amenazante, o en desencanto, y es entonces cuando la vida está en otra parte y unas ganas furiosas de encontrarla se apoderan de nosotros, pequeños muñecos perdidos en laberintos o en desiertos en los que las estrellas brillan fantasmales, y es urgente pelear, lanzar mordiscos enloquecidos a la inmensidad de la noche, gritar, retar a quién sea a lo que sea, apostar, nadar sin pensar en el regreso, en la seguridad de la orilla, y luego caer al suelo, exhaustos, habiendo perdido, fracasado en el combate contra la nada, pero felices, extrañamente felices.
Posted by SeñorS at Julio 5, 2005 08:04 PM